Tiempo atrás entrevistamos a Amir Peretz, que fue jefe del partido laborista, de la Histadrut (Confederación General de Trabajadores de Israel) y Ministro de Defensa. Le preguntamos sobre sus recuerdos de la guerra de Iom Kipur en octubre de 1973 en la que combatió.
“Una difícil experiencia fue cuando me hallé en el pasaje de Mitle en la guerra de Iom Kipur, entre dos blindados, con las dos piernas destrozadas. Traen un helicóptero, con un médico a bordo, y llega el médico de mi batallón, que empieza a discutir con el del helicóptero. Yo no estoy plenamente consciente, con sedantes fuertes, y oigo que dice: “Llévalo directo al hospital Soroka”. Y el médico del helicóptero dice: "Lo siento mucho, yo no lo llevo a Soroka. Las órdenes son que primero debo llevarlo a un hospital de campaña, donde decidirán adónde enviarlo”. Y el otro le retruca: “Pero es tan claro, estamos perdiendo tiempo. ¿Para qué perder tiempo?”. Lo siento, responde el del helicóptero, esas son las órdenes. Despega y aterriza en el hospital de campaña en Refidim, en el Sinaí. Y esa fue mi gran suerte, porque ahí estaban esperando dos médicos reservistas, uno del hospital Hadassah y otro de Soroka, que me hicieron en el momento una operación que me salvó las piernas. Y unas horas más tarde me volaron a Soroka en Beer Sheba. Y cuando llegué allí, entendí que había en el hospital dos “escuelas” en el departamento ortopédico. Una decía que hay que pelear sea como sea por salvar un miembro, que se hace todo por salvar las piernas y los brazos, lo que se halla lastimado. Y la otra decía que hay que tratar de devolver a la persona lo más rápido posible a la vida civil porque la estadía en el hospital puede enloquecer, o sea que te podían cortar enseguida una pierna o las dos, y enviarte poco después a tu casa.
Lo que importa es que fue una suerte que no llegué antes, porque el médico que estaba de turno esa noche estaba a favor de la segunda, o sea que podría haber perdido por lo menos una pierna. Luego pasé casi dos años con internaciones alternadas, incluyendo épocas en las que no podía bajar de la cama. Después, de a poco, con silla de ruedas, con muletas, fui saliendo. Hoy bailo sobre mis dos piernas. Hasta “steps” puedo bailar. ¡Y salsa!”.





