El día más sagrado de nuestro calendario nos encuentra en un tiempo distinto. Este año no es como otros: seguimos a la espera de un acuerdo que ponga fin a la guerra contra Hamás. Suena contradictorio hablar de acuerdos con una organización terrorista —Golda Meir lo dijo con claridad: no se puede hacer la paz con quien vino a matarnos. Y, sin embargo, es necesario poner fin a la guerra, y el interlocutor que tenemos delante es Hamás.
En esta previa de Iom Kipur recuerdo un folleto de Jabad, de mis años como editora de la Revista Kesher. Tenía un espejo retrovisor en la tapa y un mensaje claro: no alcanza con mirar para atrás para configurar nuestra identidad judía, necesitamos construir judaísmo. Este domingo, en la bar mitzvá de Schneior Shemtov, volví a sentir lo mismo: lo que transmitimos hoy a nuestros hijos y nietos tiene que ser parte de su ADN, un contenido que no estalle solo en momentos de tragedia, como el pogromo perpetrado por Hamás el 7 de octubre, sino que los sostenga siempre.
También me vienen a la memoria las palabras del Rabino Eliezer Shemtov, con quien tuve el privilegio de trabajar tantos años.Mucho de lo que sé de judaísmo se lo debo a sus charlas, pero también a sus silencios, esos que me despertaban la curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo. Siempre digo que uno puede irse de Jabad, pero Jabad no se va de uno. Se queda adentro, como una semilla en el alma, lista para brotar cuando uno menos lo espera.
Estos días leí en redes: ser judío y sionista es un superpoder. Y lo creo: somos un pueblo resiliente, que sabe mirar hacia atrás para poder seguir avanzando.
Nos gustaría tener vecinos con los que convivir en paz en Medio Oriente. Esperamos, con el corazón en la mano, que esta guerra termine y que los rehenes vuelvan a casa. Pero no podemos olvidar: durante cincuenta años estuvimos de vacaciones, los antisemitas se llamaron a silencio, y hoy sabemos que siguen al acecho.
Estemos en Israel o en la diáspora, religiosos o ateos, de derecha, izquierda o centro: seguimos siendo judíos. Con nuestras discusiones, diferencias y maneras de ver el mundo. Porque, como dice el viejo dicho: cuando hay dos judíos, hay tres opiniones.
Gmar Jatimá Tová.





