Mundo Judío

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Mortales y Superhéroes - El Propósito de la Cultura - Aprendió de Leibel el Ladrón - La Separación en la Sinagoga


 

 

 

 

 

                                      

 

 

 

 

 

 

 

 

No. 342

Horario de velas 16 de enero  en Montevideo 19.42

                                                 en Punta del Este 19.37

 

Parashá:Vaerá

                                                                                        

MORTALES Y SUPERHÉROES

Por Yossy Goldman

En la parashá Vaerá, la Torá interrumpe la historia de la esclavitud en Egipto y la promesa de redención de D-os, y comienza a enumerar la genealogía de las 12 tribus. Comienza con Rubén, el hijo mayor de Jacob, y sus hijos, y continúa con los hermanos nacidos inmediatamente después de él, Simeón y Leví, y sus descendientes. Al llegar a Moisés y Aarón, los bisnietos de Leví, el registro genealógico se detiene repentinamente. Nunca llega al cuarto hijo de Jacob, Yehudá.

¿Por qué?

Algunos, como Rashi, argumentan que la Torá sólo quería darnos la ascendencia de Moisés y Aarón, los descendientes de Leví, pero comenzó desde el principio con el hijo mayor, Rubén. Rashi también sugiere que, dado que Jacob había reprendido previamente a Rubén, Simeón y Leví, este fue un intento de compensarlos y demostrarles su valía.

¿Por qué mencionar la genealogía de Moisés y Aarón en primer lugar? Para recordarnos que, a pesar de su grandeza, seguían siendo solo seres humanos.

Ciertamente, se podría perdonar a alguien por pensar lo contrario. Dividir el mar no fue una broma de Purim. Recibir los Diez Mandamientos de D-os en la montaña no fue una simple invención cinematográfica. Creer que Moisés era un ser celestial no habría sido inverosímil.

Pero no, dice la Torá. Moisés y Aarón eran hijos de Amram y Yojeved. Amram era hijo de Kehat, quien a su vez era hijo de Leví, por lo que Moisés era bisnieto de Leví, hijo de Jacob. Un hombre mortal nacido de un hombre y una mujer mortales. Un ser humano de carne y hueso, como tú y yo.

No eran dioses ni semidioses, ¡y sin embargo, miren la increíble grandeza que alcanzaron!

Si bien no deberíamos caer en delirios de grandeza ni creernos el próximo Moisés o Aarón, se nos anima a aprender de sus brillantes ejemplos y aspirar a más. ¡Mira cuánto lograron a pesar de sus limitaciones humanas!

¿Puedo emular a Moisés, el profeta más grande que jamás haya existido? ¿Quién soy yo? Si me creyera igual a Moisés, sería sumamente arrogante o estaría completamente loco. Y, sin embargo, hay un mensaje importante aquí: No te subestimes. Nunca subestimes tu propio potencial humano ni el de nadie más. Los titanes de la Torá eran seres humanos, y nosotros también.

El clásico libro de Tania se propone explicar cómo alcanzar nuestro potencial judío es eminentemente factible. Ser un buen judío está realmente "muy cerca de ti". El autor y fundador de Jabad, el rabino Schneur Zalman de Liadi, nos muestra que si bien todos tenemos nuestras luchas y nuestros demonios, también tenemos la fuerza divina para superarlos. Sí, podemos alcanzar el cielo. Sí, podemos desterrar cualquier pensamiento inapropiado de nuestra mente en cuanto intenta entrar. De hecho, tenemos el poder de resistir cualquier impulso o tentación. Es una filosofía basada en la creencia de que todos somos innatamente buenos y estamos llenos de un enorme potencial para hacer el bien. Sí, podemos aspirar a más.

Nuestro tan esperado Redentor también será un ser humano nacido de padre y madre. Se le llama "hijo de David" y debe ser descendiente del rey David, literalmente.

Moisés y Aarón fueron líderes heroicos, pero no eran ángeles ni superhombres. Sin perder la perspectiva ni el sentido común, debemos confiar en nosotros mismos para arriesgarnos y lograr lo "imposible".

Con la ayuda de D-os, lo haremos.

EL PROPÓSITO DE LA CULTURA

D-os le indicó a Moisés que le diga a Aharón, “Eleva tu bastón y golpea el polvo de la tierra, y esta se convertirá en piojos.” (Shemot 8:12)

El piojo es un parásito; vive de los animales y la gente sin contribuir a nada en sus vidas. Es por lo tanto una metáfora para el mal, dado que el mal se desarrolla chupando la fuerza vital de la santidad en vez de desarrollarse por méritos propios.

Así como un piojo se puede pegar a una persona sólo si su higiene está descuidada, el mal sólo puede proliferar cuando permitimos que nuestra conciencia Divina decaiga, cayendo en faltas o en apatía hacia la santidad, lo que nos deja vulnerables a las seducciones del materialismo.

Al infectar a los egipcios con piojos, D-os les estaba mostrando que su indiferencia a la Divinidad los había convertido en “parásitos”. Todos sus logros en literatura, arte, arquitectura, ciencia, etc., sólo sirvieron para inflar sus egos y mejorar sus vidas materiales. Como tal, estaban quitando vitalidad de las fuerzas de santidad en el mundo en vez de ayudarlas.

Or HaTorá, Bereshit, págs. 124b-125a, 444ab.

Éxodo (Shemot) 6:2 – 9:35

En la segunda sección del libro de Éxodo D-os comienza el proceso que llevará a la liberación de los judíos de la esclavitud egipcia. Primero le informa a Moisés que es crucial que él y el pueblo judío demuestren la misma fe en D-os que los patriarcas cuando él se apareció (Vaerá en Hebreo) a ellos. Después de algunas preparaciones adicionales, D-os comienza a golpear a los egipcios con plagas.

APRENDIÓ DE LEIBEL EL LADRÓN

Por Asharon Baltazar

La historia jasídica está llena de mujeres piadosas y eruditas, veneradas por su santidad y amadas por la fuerza de sus oraciones. Una de ellas fue la virtuosa y sabia rebetzin Miriam Jaia de Shotz, hija del famoso hacedor de milagros, el rabino Meir de Premishlan.

Poco antes de su muerte, su padre le legó su bastón. La rebetzin comprendió que su padre quería que siguiera su práctica de bendecir a quienes buscaban la ayuda divina. De hecho, obró muchos milagros, y personas de todos los ámbitos sociales pasaban regularmente por su modesto hogar. Sin importar lo que atormentara a sus visitantes, la Rebetzin Miriam Jaia los bendecía a todos.

El rabino Israel de Vishnitz visitaba ocasionalmente a su hermano, el rabino Moshe, en Shotz. En una de esas visitas, el rabino Israel anhelaba conocer a la Rebetzin Miriam Jaia y quizás descubrir el secreto de sus bendiciones.

La rebetzin abrió la puerta e invitó al rabino Israel a entrar. Una vez que se acomodó junto a la ventana abierta, la rebetzin se sentó en una silla cercana.

- “Tengo una pregunta. Estoy seguro de que, como usted sabe, los hombres justos obtienen la capacidad de orar por los demás por la Torá que estudian. Usted no es conocida por ser particularmente erudita. ¿Cómo lo hace?”

- “Todo es por culpa de Leibel el Ladrón”, respondió la rebetzin. Sorprendido por su respuesta, el rabino Israel no dijo nada.

La rebetzin sonrió. - “Todos los años, al final de Rosh Hashaná, mi padre se asomaba a la ventana de su habitación, con la mano extendida, para desear a los numerosos habitantes del pueblo un feliz año nuevo.

En aquella época, Premishlan sufría robos constantes. Al parecer, había judíos que vivían en una pobreza tan abyecta que recurrían a la riqueza ajena. Quienes podían permitírselo contrataban vigilantes para proteger sus propiedades.

Sin embargo, un ladrón se les escapaba constantemente. Todos sabían que era Leibel. Era muy pobre, no trabajaba y aun así conseguía mantener a su familia. Claramente, se pasaba el tiempo robando, pero nadie sabía cómo.

Un año, Leibel decidió que quería una bendición de mi padre y se unió a la fila de habitantes del pueblo al final de Rosh Hashaná. A medida que la fila avanzaba lentamente, empezó a sospechar que tal vez mi padre se negaría a concederle la bendición, por temor a que se considerara una validación de su deshonestidad.

Leibel se apartó de la fila y esperó pacientemente a que el último recibiera su bendición. Cuando solo quedaron los dos, Leibel se acercó sigilosamente y esperó que mi padre, que estaba sumido en sus pensamientos, no lo reconociera de reojo. Tiró de la manga de mi padre.

Mi padre reaccionó como si lo hubieran mordido. Sin siquiera mirar a Leibel, mi padre dijo: “¡¿Es que no tienes vergüenza?! No solo robas a todo el mundo en el pueblo, sino que además quieres engañarme para que bendiga tu vergonzosa empresa”.

El miedo paralizó a Leibel. Consideró abandonar sus planes y huir, pero logró recuperar la compostura. - “¡D-os no lo quiera, rabino! ¡Jamás me atreví a pensar en eso! Solo quería su bendición: si el Cielo decreta que alguien pierda dinero por robo, que sea yo quien lo tome”.

Una sonrisa iluminó el rostro de mi padre. Se volvió hacia Leibel y le deseó un “dulce año nuevo”.

La rebetzin hizo una pausa en su relato para ordenar sus pensamientos. “Estuve allí y lo presencié todo. Especialmente la respuesta cariñosa de mi padre a la rapida reacción de Leibel. Después de que se fuera, me acerqué a mi padre y le dije: “Solicito que si el Cielo decreta que un judío encuentre la bondad mediante una bendición, se le conceda a través de mí”. Mi padre accedió y me bendijo. Y así, gracias a Leibel el Ladrón, puedo hacer lo mismo.

Muchos años después, antes de que la rebetzin falleciera en 1903, pidió ser enterrada con el bastón de su padre, explicando que así protegería la ciudad de Shotz.

Al contar esta historia, los antiguos recordaban que durante la Primera Guerra Mundial, innumerables ciudades europeas fueron arrasadas. Shotz, sin embargo, escapó ilesa de la destrucción.

LA SEPARACIÓN EN LA SINAGOGA

¿Por qué los hombres y las mujeres se sientan separados en los servicios judíos tradicionales?

Todas las prácticas judías tienen sus motivos simples, como así también explicaciones más profundas y espirituales.

Un beneficio obvio de sentarse separados en la sinagoga es que ayuda a asegurarse que el foco principal está en las plegarias y no en el género opuesto. Está fuera de duda que no actuamos de la misma manera en un grupo mezclado que en uno del mismo género. No hay nada malo en eso. Es bueno y saludable que seamos atraídos por el género opuesto, pero durante las plegarias no debemos tratar de impresionar a otro fuera de D-os.

En adición a esto, la sinagoga debe ser un lugar acogedor e incluyente. Nadie se debe sentir que es dejado afuera. Muchas personas solas se sienten extremadamente incómodas en una función o evento en el cual todos parecen estar con un compañero, excepto ellos. Nadie se debe sentir así en una sinagoga. Cuando los hombres y mujeres se sientan separados, no hay discriminación entre solos y parejas. (¡Los solos siempre tendrán la oportunidad de alternar luego en el Kidush!).

Pero hay algo más profundo. Hombres y mujeres son seres diferentes. No sólo somos diferentes físicamente; nuestros procesos de pensamiento, estado emocional y psicología son diferentes. Esto se debe a que nuestras almas son diferentes, vienen de fuentes opuestas complementarias. Se supone que la experiencia de la plegaria es una oportunidad de estar con su verdadero ser, de comunicarse con su alma. Hombres y mujeres necesitan espacio uno del otro para ayudarles a estar en sintonía con su ser más elevado.

Irónicamente, es al sentarse en forma separada en la plegaria que podemos verdaderamente estar unidos en las otras áreas de nuestras vidas; porque es solo cuando las energías espirituales masculinas y femeninas pueden florecer que estamos completos como individuos, familias y comunidad.

 

VIVIENDO MASHIAJ

Por Lazer Gurkow y Aharon Loschak

LAS VELAS DE SHABAT

En Midrash nos dice que si cuidamos la mitzvá de encender las velas de Shabat, Hashem nos mostrará la luz de Mashiaj. Cada mitzvá produce una luz espiritual que será visible cuando venga Mashiaj. Sin embargo, las velas de Shabat producen una luz inmediata que es discernible antes que venga Mashiaj. Nos da una muestra, y nos prepara para la Gueulá.

Cuando alientes a mujeres y niñas judías a prender velas de Shabat, y cuando las prendas tu misma, imaginate acelerando la venida de Mashiaj.

 

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Guayaquí 3193

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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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Por Eduardo Bartfeld Fuente: https://es.chabad.org/

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