Por Salomón-Lalo-Vilensky
N. de Red: El autor de estas líneas, uruguayo israelí residente en el kibutz Farod , es Gerente General del parque industrial Dalton y también Director de Innovación de Zona América.
Hay algo que me viene inquietando desde hace tiempo y que hoy, con lo que ocurre en Irán, ya no se puede seguir ignorando.
Cuando comenzó la guerra en Gaza, el mundo pareció olvidar deliberadamente cómo empezó todo. No fue una guerra iniciada por Israel por capricho ni una operación sin contexto. Fue la consecuencia de un ataque terrorista brutal de Hamas contra civiles israelíes: asesinatos, secuestros, violaciones, niños y ancianos como blanco. Terrorismo puro.
Sin embargo, pocas semanas después, el relato global dio un giro inquietante. Las calles de muchas ciudades —también en Uruguay— se llenaron de manifestaciones denunciando un supuesto genocidio, acusando a Israel de exterminar a “un pueblo indefenso”. Israel pasó de ser víctima de un ataque terrorista a convertirse, para muchos, en el villano absoluto.
Hoy, mientras escribo estas líneas, Irán reprime, tortura y asesina a su propio pueblo. Mujeres ahorcadas por no cumplir códigos religiosos. Jóvenes fusilados por protestar. Minorías perseguidas. Una dictadura teocrática que gobierna desde hace más de 30 años mediante el miedo.
Y frente a eso, el silencio es ensordecedor.
¿Dónde están ahora las marchas?
¿Dónde están los comunicados?
¿Dónde están las consignas indignadas?
¿Dónde están los defensores de los derechos humanos?
Y la pregunta se vuelve más concreta, más incómoda y más necesaria.
¿Dónde están los comunicados de la Cancillería de Uruguay condenando lo que ocurre hoy en Irán?
¿Dónde está la posición oficial del Estado uruguayo frente a una dictadura que mata a su propio pueblo?
¿Dónde está la Universidad de la República anunciando que no enviará estudiantes a un país que viola sistemáticamente los derechos humanos?
¿Dónde está la Udelar marcando un límite ético, como tantos exigieron que hiciera con Israel?
¿Dónde está la Agencia Nacional de Investigación e Innovación revisando programas de cooperación, intercambios académicos o científicos con Irán?
¿O es que la vara ética se aplica solo cuando el acusado es Israel?
También me pregunto —y lo hago sin ironía— dónde está la izquierda uruguaya que salió con tanta fuerza, convicción y dureza contra Israel. Porque en Irán no se está persiguiendo a la derecha conservadora: se está persiguiendo a jóvenes, a mujeres, a estudiantes, a liberales, a laicos, a militantes de izquierda. El Partido Comunista iraní fue destruido. La oposición progresista fue aplastada.
Y aun así, no hay una palabra.
¿Por qué?
¿Por qué cuando los responsables son judíos, la indignación es inmediata, total y sin matices, y cuando los responsables son otros —aunque hagan cosas peores— reina el silencio?
No se trata de defender todo lo que hace Israel ni de negar el sufrimiento palestino. Se trata de algo mucho más básico: la coherencia moral.
Si se condena la violencia, se condena siempre.
Si se defienden los derechos humanos, se defienden para todos.
Si se denuncia el autoritarismo, no se elige según conveniencia ideológica.
Cuando esa coherencia desaparece, lo que queda no es solidaridad: es hipocresía.
Y cuando esa hipocresía se aplica sistemáticamente contra un solo país, un solo pueblo, una sola identidad, la pregunta deja de ser política.
Pasa a ser ética.
Y también histórica.





