Fotos: Alon Gilboa
“Llegó el momento de agradecer”, decía hace pocos días un comunicado difundido por la portavoz del kibutz Nir Oz, que tras haber sido el 7 de octubre uno de los peores escenarios del horror en la masacre de Hamas, sintió que al haber vuelto a Israel el último secuestrado, Ran Gvili (z”l) a recibir digna sepultura, se podía volver a respirar.
El sábado del ataque, cientos de terroristas y luego también civiles palestinos irrumpieron a Nir Oz, asesinaron a 47 habitantes del kibutz, entre ellos familias enteras, y secuestraron a 76, incluyendo numerosos niños , enfermos y ancianos. Violaron, saquearon, se adueñaron durante horas del kibutz cometiendo terribles crímenes. Casi 50 días después, en el primer alto el fuego, fueron liberados varios de los secuestrados de Nir Oz. Pero numerosos quedaban aún en manos de los terroristas. Y también los que volvían y entendían que se habían salvado, no podían comenzar realmente el proceso de rehabilitación, mientras tantos más aún se hallaban en Gaza. En muchos casos, familiares, amigos y vecinos.
Pero la lucha conjunta y solidaria incluyó a todos. “Hasta el último secuestrado” fue un lema, un principio moral, y por eso recién al hallar Israel en un cementerio en Gaza el cuerpo sin vida de Ran Gvili, que así pudo ser devuelto a Israel, se dio por terminada la lucha por todos. Cuando él recibió digna sepultura en su pueblo Meitar, se decidió apagar el reloj que marcaba el paso del tiempo en Gaza, instalado en la Plaza de los Secuestrados en Tel Aviv.
Y esa fue también la señal para el kibutz Nir Oz, permitirse celebrar. En su caso, había dos dimensiones. Una era la general, sentir que Israel había cerrado un capítulo. La otra, la particular del kibutz, ya que el 13 de octubre, cuando fueron liberados los últimos 20 secuestrados vivos, entre ellos había varios de Nir Oz.
“Es hora de darles las gracias a ustedes, al pueblo, a los soldados, a los reservistas y sus familias, a los caídos, a los heridos y a todos los que participaron en el regreso de nuestros hermanos y hermanas del cautiverio”, decía el comunicado de Nir Oz que invitaba a la ciudadanía a acompañarlos en la ceremonia de agradecimiento.”Únanse a nosotros por última vez en una manifestación de agradecimiento para recordar a quienes ya no están con nosotros, expresar nuestro deseo de restauración y de corrección de todos los errores”.
En el acto hablaron los hermanos Ariel y David Cuneo que estuvieron cautivos durante 738 días.

También Renaná Góme Yaakov, madre de Shir, sobreviviente de la masacre, y de Or Yaguil, quienes fueron secuestrados y regresaron en el primer alto el fuego. Su padre, Yair Yaakov, fue asesinado y su cuerpo fue retenido en Gaza durante 614 días.
El solo imaginar lo que sentían algunos de los participantes en el acto, sentados allí junto a sus familiares , a los que durante el cautiverio no sabían si podrían volver a ver, resulta especialmente emocionante.
"Ambos estamos aquí como prueba viviente de que incluso ante la oscuridad más terrible, el espíritu humano puede prevalecer”, dijeron Ariel y David Cuneo. “Vuestra preocupación llegó a los lugares más remotos y oscuros de Gaza y nos dio la fuerza para continuar, respirar y sobrevivir”.
Ariel, el menor de los cuatro hermanos, que fue secuestrado junto a su novia Arbel Yehud que volvió hace un año, recalcó: “Me parece que todos nosotros, como pueblo, estamos ahora al comienzo de un proceso de reconstrucción.
Y así como tendremos que reconstruir nuestro hogar, el Estado de Israel también debe ser reconstruido.
No solo físicamente, sino también con garantía mutua, compasión y la valentía de elegir juntos el camino de la reparación. Esta reparación no se logrará de un día para otro.
Se logrará a pequeños pasos: escuchando, con responsabilidad, cuidándonos unos a otros.
Sucederá cuando elijamos ver a la gente incluso cuando duela, incluso cuando discrepemos.Prometo hacer mi parte,
seguir eligiendo la vida, eligiendo la esperanza y mirando hacia el futuro. Espero que sepamos ser dignos de quienes no regresaron y que sepamos convertir este dolor en una fuerza que nos acerque y no nos separe. Un pegamento que sane los corazones rotos."
Su hermano mayor David, que el 7 de octubre fue secuestrado junto a su esposa Sharon y sus mellizas Emma y Yuli de sólo 3 años, además de su cuñada Danielle Aloni y su hija Emilia de 5 años- de las que fue separado al ser liberadas todas ellas en noviembre del 2023- estaba visiblemente emocionado: “Quiero agradecer de todo corazón a todos los que gritaron nuestro grito durante estos 738 días.
A todos los que no permitieron que nos olvidaran, en Israel y en todo el mundo. Incluso en la oscuridad más profunda, sabíamos que estaban allí. Esto nos dio la fuerza para aguantar cada vez un día más, y una noche más.
Quiero expresar un enorme agradecimiento de todo corazón a los soldados de las FDI, a las fuerzas de seguridad y a todos los que arriesgaron sus vidas, y a veces sacrificaron lo más querido, para que pudiéramos estar aquí esta noche.
Nunca tendremos palabras suficientes para expresar el profundo sentido de nuestro deber hacia ustedes y sus familias. También quiero agradecer al maravilloso pueblo de Israel y a todos los que lucharon por nuestro regreso en todo el mundo. No se dieron por vencidos con nosotros. No nos olvidaron ni por un instante”.
No sería exagerado afirmar que el mayor símbolo de la ceremonia, la última que la comunidad de Nir Oz lleva a cabo en la localidad de Carmei Gat en la que residen los habitantes del kibutz, fue ver a la familia Cuneo sobre el estrado. Abrazados, los padres Silvia y José Luis, con sus cuatro hijos: Ariel y David que volvieron, Eitán el mellizo de David que el 7 de octubre casi muere asfixiado junto a su familia en el refugio, y el mayor de todos, Lucas, que logró sobrevivir aquella mañana en su habitación sellada. Al frente, la gran luchadora, Silvia, que agradeció efusivamente a todos por haberla apoyado tanto. Silvia no dio el brazo a torcer, luchó denodadamente para concientizar sobre la necesidad de lograr recuperar a todos. En entrevistas en los medios israelíes, en hebreo por cierto, así como en discursos en la Plaza de los Secuestrados y en Carmei Gat, solía lanzar al final de sus palabras un ya tradicional grito de aliento a sus hijos, como si la escucharan, en español. “¡Fuerza carajo!”, gritaba a viva voz. Esta vez, sus hijos fueron los que se acercaron al micrófono y la emularon, ante el entusiasta aplauso de todos los presentes.
El hermoso video que quiero compartir aquí, es del sábado de noche, de la reunión pública de agradecimiento, que llevó a cabo la comunidad del kibutz Nir Oz en Carmei Gat, al haber vuelto ya todos los secuestrados.
— Jana Beris (@JanaBeris1) February 2, 2026
Aquí, un gran símbolo: la familia Cunio. Los hermanos David y… pic.twitter.com/OCCuanjWYT






