La Cancillería uruguaya confirmó ya días atrás que Matías Álvarez Rodríguez (29), uno de los uruguayos que participaba en la flotilla Sumud a Gaza y fue luego secuestrado por hombres armados en Libia, fue puesto en libertad tras un mes cautivo y que esta semana visitó la Cancillería para agradecer los esfuerzos por liberarlo. Los captores eran hombres del mariscal Hafter, insurgentes contra el gobierno central que dominan parte del territorio libio desde el derrocamiento del coronel Muamar Gaddafi.
Ante todo, es bueno que un uruguayo haya salido de peligro. En Libia sí que corría riesgo, a diferencia de lo que vivió cuando fue detenido, con el resto del grupo, por la Marina israelí porque la flotilla había declarado explícitamente su intención de violar el bloqueo marítimo legalmente impuesto por Israel a la Franja de Gaza.
La detención de la flotilla por parte de los soldados israelíes desató condenas y comentarios airados no solo de autoridades y periodistas de los países de los que venían los “activistas”, que luego elevaron el tono seriamente cuando el ministro de Seguridad Interna de Israel, Itamar Ben Gvir, llegó al sitio en el que se hallaban, antes de su deportación, y se comportó en forma provocativa despertando críticas también del propio canciller de Israel.
Pero muy poco después quedó en claro la hipocresía, nada sorprendente por cierto. El grito en el cielo por lo que pasaron en Israel, donde nadie los acosó ni violentó —contrariamente a las mentiras de torturas que difundieron algunos de los detenidos—, no apareció ni de lejos con la misma fuerza tras el secuestro en Libia.
Es comprensible que ante grupos terroristas imprevisibles se actúe con cuidado y cierto sigilo. Pero no es aceptable que se publiquen acusaciones demonizadoras injustificadas contra Israel, que actuó de acuerdo al Derecho internacional, contrariamente a lo alegado por los organizadores de la flotilla.
Dicho sea de paso, ayuda internacional no es lo que querían entregar en la flotilla a Gaza, ya que no llevaban nada a bordo. Todos lo sabían, y lo que buscaban era salir en los medios provocando a Israel, con lo que no hacían menos que ayudar a la organización terrorista Hamas.




