Mundo Judío

Un pensamiento inspirador en Tishá be Av que se conmemora hoy

"El Monte del Templo está en nuestras manos"

“Har Habait Beiadeinu!”

 

(“El Monte del Templo está en nuestras manos!”)

 

En su primera visita al Uruguay, el Rabino Moti Elon compartió conmigo una reflexión que quiero compartir con Ud., querido lector.

 

Fue durante la guerra de los Seis Días, que las fuerzas de defensa de Israel conquistaron las áreas de Jerusalem que hasta el momento estaban bajo dominio jordano y llegaron hasta el Muro de los Lamentos. Al llegar, el comandante, Mota Gur, proclamó lo que luego se transformó en un famoso refrán: "Har Habait Beiadeinu!" O sea, El Monte del Templo está en nuestras manos!

 

 La pregunta es: ¿Qué quiere decir que "está en nuestras manos", si nos está prohibido subir al Monte? ¿Se encuentra realmente en nuestras manos?

 

Explicó el Rabino: Lo que dijo el general no se refería a un hecho consumado sino a una aclaración. Har Habait Beiadeinu no quiere decir que ya se encuentra ya en nuestras manos, sino otra cosa. Todos los territorios conquistados en la guerra fueron entregados por Di-s de una manera milagrosa, de regalo, independiente de nuestros méritos. Lo que queda, Har Habait, el Monte del Templo, depende de nosotros, de nuestros méritos. Está al alcance de nuestras manos lograr tenerlo.

 

¿Qué tenemos que hacer para lograrlo?

 

Hoy, jueves, es el ayuno de Tisha Beav (el 9 de Av).

 

El 9 de Av conmemora una cantidad de tragedias que han ocurrido a lo largo de la historia, principal entre las cuales está las destrucción de los dos Templos de Jerusalem (el primero por los babilónicos en el año 3.338 desde la Creación (423 A.E.C.), y el segundo por los romanos en el año 3.829 (70 E.C.).

 

Igual que todas las fechas conmemorativas de nuestro calendario, también esta tiene enseñanzas aplicables a nuestra vida personal como también a nivel comunitario, nacional y cósmico.

 

¿Cuál es el significado y la enseñanza de la destrucción del Templo y su causa?

 

El Beit Hamikdash, el gran Templo de Jerusalem, sirvió como nexo entre el Creador y la Creación. Fue en el Beit Hamikdash que uno podía palpar la presencia Divina con más facilidad y claridad que lo que podía lograr fuera de él. En la época en que existía el Beit Hamikdash, uno podía ir a visitarlo y reafirmar así la presencia de Di-s y su conexión con Él.

 

Hoy en día, con el Templo en ruinas, no tenemos esa posibilidad. Ya no es tan fácil para uno que “cree que no cree en Di-s” encontrar la manera de activar esa fe latente que posee. Así que la destrucción del Templo es más que “simplemente” la destrucción de un sitio sagrado; es la destrucción de un estado espiritual cósmico.

 

Cuando llega la fecha de Tishá Beav, es el momento oportuno para reflexionar no solo sobre un acontecimiento que ocurrió en el pasado, sino sobre sus consecuencias que siguen afectándonos en el presente y cómo remediarlo. ¿Cuánto sentimos la presencia Divina? ¿Cuánto lo sienten los demás? ¿Por qué hay tantos que creen que no creen? ¿Nos importa?

 

Hay dos maneras de reaccionar ante semejante concientización: 1) lamentar lo sucedido; 2) trabajar para corregirlo.

 

Para poder restaurar el Templo y todo lo que implica, hay que saber cuáles fueron las causas que provocaron su destrucción.

 

Nuestros sabios explican que la causa principal que llevó a la destrucción del Beit Hamikdash fue el Sinat Jinam, odio gratuito, que reinaba dentro del pueblo judío.

 

 ¿Qué es el odio “gratuito”? Es el odio sin justificación.  “A fulano lo odio simplemente porque está. No necesito una razón para odiarlo; necesitaría una razón para amarlo”.

 

La manera de corregir esta falla es por medio del amor “gratuito”. “¿Por qué lo quiero? Porque existe. Necesitará una buena razón para no quererlo.”

 

Creo que este mensaje es más que vigente hoy en día. Muchas veces los conflictos se basan no porque el otro haya obrado mal, sino todo lo contrario, por haber obrado bien. Cuanto mejor haga las cosas tanto más lo detestan. En vez de reconocer el valor en lo que hace el otro y hacer algo para complementarlo y sumar esfuerzos, se trata de desacreditar y de socavarlo. En vez de pensar en el bien común se piensa nada más que en el poder, la carrera y/o el beneficio personales.

 

Es este tipo de actitudes lo que llevó a que se destruyera el Templo, símbolo de paz y armonía, y será un cambio de esta actitud lo que llevará a que merezcamos que se vuelva a reconstruir.

 

 Ojalá lleguemos muy pronto a realizar esta consigna y poder proclamar Har Habait Beiadeinu como noticia.

Rabino Eliezer Shemtov
(23 Julio 2026 , 12:35)

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