Cuando el Amor Nace del Temor - Vivir en el Pasado - La Bendición "Forzada" - El Significado de Cubrirse el Cabello

No. 368
Parashá Ekev
Horario de velas: 31 de julio en Montevideo 17:45

TORÁ PARA HOY
CUANDO EL AMOR NACE DEL TEMOR
Por Yeruchem Eilfort
“Tal vez digas en tu corazón: ‘Estas naciones son más numerosas que yo; ¿cómo podré expulsarlas?’. No les temas. Recordarás lo que el Señor, tu D-os, le hizo al Faraón y a todo Egipto” (Devarim 7:17-18)
Los rabinos enseñan que las palabras de la Torá son eternas. Los preceptos son tan verdaderos hoy como el día en que fueron dados. Nuestra Torá es descrita como la Torá de la Verdad. La verdad permanece constante; no cambia. Así como en los días en que los judíos estaban listos para entrar y conquistar la Tierra Santa se les ordenó ignorar la superioridad numérica de los enemigos, lo mismo ocurre en nuestros tiempos. Así como entonces se imploró a los judíos en los términos más firmes posibles: “¡No les temas!”, del mismo modo en nuestros días debemos eliminar el temor de nuestros corazones y actuar con fuerza y valentía.
¿Pero qué hay de esta poderosa emoción llamada temor? ¿Qué papel juega en la vida del judío? En realidad, el temor ocupa un lugar central en nuestro servicio a D-os y, como veremos, sirve como un escalón hacia el amor verdadero por nuestro Creador. Nuestra porción señala: “Y ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor, tu D-os? Solamente que temas al Señor, tu D-os, que andes en todos Sus caminos y lo ames, y que sirvas al Señor, tu D-os, con todo tu corazón y con toda tu alma”. Más adelante, nuestra porción expresa: ”Al Señor, tu D-os, temerás, a Él servirás...”.
Durante siglos, los judíos se han elogiado unos a otros diciendo: “Es un verdadero temeroso de D-os”. Sin embargo, hoy en día, en muchos círculos, tal elogio se interpretaría como algo casi retrógrado o, al menos, incómodo. Se han llevado a cabo intensos debates sobre la necesidad de temer al Todopoderoso. Muchos sienten que solo se necesita amor y asocian el temor con una emoción negativa en relación con D-os.
Nuestra parasha indica lo contrario. Si estudiamos el tema, aprendemos que existe una progresión con respecto al apego emocional de una persona con el Creador. Según nuestros Sabios, la emoción más básica es el temor, y profundizan explicando que esto significa el temor al castigo. Este mismo tema se refleja en Ética de nuestros Padres, donde la Mishná nos recuerda no perder la fe en el concepto de la Justicia Divina (es decir, que rendiremos cuentas por nuestras acciones).
Si trazamos un paralelismo entre nuestro servicio espiritual y nuestro desarrollo como seres humanos, vemos que lo mismo aplica en la crianza de un hijo. Cuando un padre transmite pautas de conducta a un niño, comienza dejando claro que habrá consecuencias negativas si el niño se comporta de forma indebida. Aunque el amor se brinda, por supuesto, en abundancia, el padre no puede esperar que el niño pequeño modifique su conducta basándose únicamente en el amor. Podría argumentarse que un niño pequeño ni siquiera siente amor hasta que alcanza cierta madurez. Esto se debe a que el amor es una emoción más compleja que surge cuando la inteligencia se ha desarrollado hasta cierto punto, mientras que el temor es más instintivo.
El judío comienza con este temor básico al castigo, el cual conduce al amor; un amor que nace de nuestro agradecimiento por todo lo que D-os nos da. Luego crecemos aún más y desarrollamos un sentido de reverencia en relación con D-os. La reverencia es fruto de los niveles alcanzados previamente. Al sentir esta reverencia por D-os, nuestra conducta se transforma todavía más, de modo que en cada paso que damos, e independientemente de nuestro entorno, somos conscientes de la Divinidad que nos envuelve, llevándonos a niveles más elevados. Finalmente, alcanzamos el nivel emocional más alto, donde amamos a D-os a tal punto que hacemos todo lo que está a nuestro alcance por Él, simplemente porque deseamos con todo el corazón agradarle.
Los pasos en el ascenso emocional están al alcance de cualquiera que decida recorrerlos. ¡Que tengamos éxito en nuestro ascenso emocional hacia las alturas del verdadero amor y temor a nuestro D-os!

VIVIR EN EL PASADO
[Dijo D-os a Moshé:] “Inscribiré en [el segundo juego de] las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas...” (Devarim 10:2)
Moshé partió las primeras tablas cuando vio que el pueblo judío había forjado el becerro de oro. Esas tablas partidas eran guardadas en una caja especial de madera, que D-os ordenó que el ejército judío llevara consigo cada vez que entraran en batalla. Pero ¿cómo puede el eterno testimonio del pecado cometido por los judíos al crear un becerro de oro ser de alguna ayuda, o de algún mérito, cuando están arriesgando sus vidas en batalla?
Moshé partió las primeras tablas al ver el becerro de oro porque en ese momento habían perdido todo valor. La Torá “voló” de las tablas y regresó al cielo, y en la tierra quedaron apenas dos tablas inanimadas. El propio D-os las había grabado, pero nada eran ahora comparadas con lo que habían sido cuando D-os grabara en ellas los Diez Mandamientos. Por lo tanto, la lección de las tablas partidas es que nunca debemos estar satisfechos con nuestro valor inherente; siempre debemos buscar maximizar nuestro potencial.
La misma lección es válida hoy en día. En vez de darnos por satisfechos con logros pasados, debemos buscar continuamente materializar nuestro potencial personal y nuestra misión divina, reconociendo que sin ella no somos más que una piedra rota, sin vida alguna.
Likutei Sijot, vol. 14, págs. 30-36.

Deuteronomio (Devarim) 7:12 – 11:25
En la tercera sección del libro Deuteronomio, Moshé pronuncia su segundo discurso de despedida al pueblo judío. Exhorta en él a observar incluso los que parecieran ser mandamientos menores, aquellos que, en sentido figurado, una persona podría llegar a pisar con el talón (éikev, en hebreo). Luego continúa su repaso de los acontecimientos ocurridos durante los cuarenta años de travesía del pueblo judío por el desierto, enfatizando las lecciones por aprender de estos.

LA BENDICIÓN "FORZADA"
Por Asharon Baltazar
El rabino Yitzjak Meir Rothenberg-Alter será recordado por siempre como el brillante fundador de la dinastía Jasídica de Ger.
Casado con Feigele, hija de Reb Moshe Lipshitz, un adinerado magnate de Varsovia, Yitzjak Meir era conocido en ese entonces como el “Genio de Varsovia”. Tras varios años de estudio intenso, fundó una yeshivá, admitiendo únicamente a estudiantes excepcionalmente eruditos y perspicaces. Magistralmente impartidas, sus clases requerían una aguda comprensión mental junto con un profundo conocimiento de la Torá. No cualquiera era capaz de entender.
Le llovían ofertas para puestos rabínicos, pero las rechazó todas. Incluso cuando su suegro sufrió graves reveses en los negocios y perdió toda su riqueza, el rabino Yitzjak Meir se negó a aceptar el yugo del liderazgo rabínico. Nunca pausó su estudio ni su enseñanza, y dependía del escaso ingreso de su función ocasional como encuadernador de libros.
Con el tiempo, la habitación que albergaba su yeshivá se volvió demasiado pequeña. Los estudiantes continuaban llegando a la puerta, queriendo aprender del afamado rabino, y el rabino Yitzjak Meir comenzó a considerar una expansión. En última instancia, decidió no hacerlo. Trasladar la yeshivá entera para hacer remodelaciones, incluso de forma temporal, constituía una interrupción injustificada del estudio de la Torá.
Sin embargo, a la creciente multitud de estudiantes le resultaba cada vez más difícil apretujarse en los estrechos confines del salón de estudio. Un día, se escuchó decir al rabino: “Si tan solo alguien fuera capaz de completar la construcción de un espacio más grande en un solo día, estaría inmensamente complacido”.
Para todos, era un sueño imposible. Pero no para Reb Yekel. Reb Yekel comenzó a idear un plan y una idea evolucionó rápidamente.
En Varsovia vivía cierto contratista adinerado. No era un hombre jasídico, ni tampoco era particularmente temeroso de D-os. Reb Yekel se reunió con él y le describió, en términos dramáticos, las estrechas condiciones de la yeshivá. Aunque había oído hablar del “Genio de Varsovia”, el contratista no se conmovió por las circunstancias de la yeshivá. Calculó un plazo prolongado y un costo elevado en una hoja de papel, se la entregó a Reb Yekel y esperó una respuesta. Reb Yekel le echó una mirada fugaz, se la devolvió con un asentimiento con la cabeza y dijo: - “Recuerde, el plazo no debe tenerse en cuenta”.
Las cejas del contratista se elevaron con incertidumbre. - “¿Qué quiere decir?”.
- “Quiere decir”, dijo Reb Yekel sin pestañear, “que el trabajo tiene que estar terminado en un día”.
El contratista casi se cae de la silla. Mirando fijamente a Reb Yekel con frialdad, dijo: - “Nadie puede terminar este trabajo más rápido que yo. Es imposible”.
El tono severo no intimidó a Reb Yekel, quien le devolvió la mirada. - “Dígame, ¿cuántos años lleva casado?”.
Desconcertado por la pregunta personal, el contratista tartamudeó un número.
- “¿Y hijos?”.
Ante esas palabras, el contratista se desinfló. - “Lamentablemente, ninguno”. Su voz tembló.
- “Bueno, entonces”, dijo Reb Yekel con entusiasmo. “Tenemos un trato. ¡Usted remodela la yeshivá en 24 horas y el gran rabino, el rabino Yitzjak Meir, lo bendecirá con descendencia!”.
Una chispa de esperanza se encendió en los ojos del contratista. Se estrecharon las manos y se fijó una fecha.
En cuestión de días, se trazaron las etapas finales de los planos y aparecieron palés de materiales de construcción alrededor de la yeshivá. El contratista reunió a un ejército de trabajadores. Cuando todo estuvo listo, Reb Yekel le dijo al rabino Yitzjak Meir que la construcción comenzaría al día siguiente, exactamente de la manera que él había prescrito: para completarse en un solo día.
La clase del rabino Yitzjak Meir tuvo lugar en otro sitio a la mañana siguiente. A su vez, los trabajadores invadieron la pequeña yeshivá y comenzaron las remodelaciones a un ritmo acelerado. Dirigidos por el contratista, se derribaron paredes, se mezcló y se vertió cemento, y se colocaron pisos nuevos. A pesar del ritmo vertiginoso, el trabajo se prolongó durante todo el día y continuó por la noche, no concluyendo sino hasta las primeras horas de la mañana. Cuando solo quedaba una hora para la fecha límite de 24 horas, finalmente se instalaron las ventanas. Incluso cuando los últimos minutos se acercaban, todavía se veía a los trabajadores perfeccionando detalles.
Donde antes había una habitación lamentable, un magnífico salón, ampliamente amueblado, ocupaba ahora su lugar. A cualquiera le costaría creer que fue construido en solo un día.
El rabino Yitzjak Meir llegó e inmediatamente recorrió la irreconocible estructura, admirándola desde todos los ángulos. - “Increíble”, no dejaba de murmurar. “Absolutamente increíble”.
Reb Yekel aprovechó la oportunidad para revelarle su impulsiva promesa al rabino Yitzjak Meir. - “Rabino, estoy de acuerdo en que es realmente hermoso, ¡pero el precio es bastante caro! Prometimos, en su nombre, un hijo para el contratista”.
La expresión de deleite del rabino Yitzjak Meir se transformó en un ceño pensativo. Durante un minuto, el rabino Yitzjak Meir estuvo en silencio, aparentemente perdido en sus pensamientos.
- “Hashem lo ayudará”, declaró finalmente, y entró en el nuevo edificio de su yeshivá.
Y de hecho, dentro del mismo año, el contratista invitó al rabino Yitzjak Meir a actuar como sandak en la circuncisión de su hijo.

EL SIGNIFICADO DE CUBRIRSE EL CABELLO
El cabello cubierto nunca fue pensado para que la mujer casada parezca fea. La belleza es un regalo Divino, y la tradición judía anima a hombres y mujeres a cuidar su apariencia y estar siempre presentables. La tradición judía también anima al recato; no para disminuir nuestra belleza, sino para encauzar nuestra belleza y atractivo y reservarla a dónde pertenece: dentro del matrimonio.
Desde la perspectiva judía, el recato no tiene nada que ver con ser poco atractiva. Más bien, el recato es un medio para crear privacidad. Y eso es lo que logra el cabello cubierto.
Cubriendo su pelo, la mujer casada hace una declaración: “No estoy disponible. Pueden verme pero no estoy abierta al público. Ni siquiera mi pelo, la parte más obvia y visible de mí, no es para vuestros ojos.”
El pelo cubierto produce un efecto profundo en el usuario. Crea una barrera psicológica, una distancia cognitiva entre ella y los extraños. Su belleza es visible pero discreta; ella es atractiva pero indisponible.
La peluca logra exactamente el efecto deseado, porque una peluca permite a una mujer cubrir todo su pelo, mientras mantiene su apariencia atractiva. Puede estar orgullosa de la manera en se ve sin comprometer su privacidad. Y aun cuando su peluca parece tan real como para que se la confunda con el pelo natural, ella sabe que nadie está viendo su cabello. Ha creado un espacio privado, y sólo ella decide a quién permitir entrar en él.
Quizás en otras religiones belleza el recato no se mezclen. Ésta no es la visión judía. La verdadera belleza, la belleza interna, necesita del recato para protegerla y permitirle crecer.
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