En comunidad

Construir conciencia frente al antisemitismo

Hay momentos en que una sociedad debe detenerse y preguntarse qué está comenzando a considerar normal. Uruguay ha construido, durante más de un siglo, una tradición democrática basada en la convivencia entre personas de distintas creencias, identidades y convicciones. Sin embargo, esa tradición hoy enfrenta un desafío que no puede ser relativizado: el recrudecimiento del antisemitismo.

No hablamos únicamente de prejuicios individuales. Hablamos de una cultura del odio que empieza a instalarse en el espacio público y que, en ocasiones, encuentra justificaciones políticas, ideológicas o incluso culturales. El problema no es solamente que existan expresiones antisemitas; lo verdaderamente preocupante es que muchas veces dejan de escandalizar.

En los últimos tiempos hemos asistido a episodios que deberían haber generado una condena unánime. Un adolescente fue perseguido y hostigado simplemente por vestir la camiseta de un colegio de la comunidad judía. En escenarios vinculados a la cultura popular se banalizó el exterminio nazi mediante referencias que jamás deberían encontrar lugar en una sociedad democrática. En manifestaciones políticas y del movimiento social se han atacado símbolos judíos, confundiendo deliberadamente una identidad religiosa y cultural con un conflicto internacional. Incluso hemos visto intentos de promover el boicot académico contra la Universidad Hebrea de Jerusalén, una institución reconocida mundialmente por su producción científica y por su aporte al conocimiento universal.

Estos hechos no son aislados. Expresan un mismo fenómeno: la creciente legitimación social de un discurso que convierte a los judíos, sus instituciones o sus símbolos en objeto de sospecha, hostilidad o agresión.

Es imprescindible establecer una distinción que toda democracia madura debería preservar. Criticar las decisiones del gobierno de Israel forma parte del debate político legítimo. Lo que resulta inadmisible es trasladar esa discusión a ciudadanos judíos, instituciones educativas, centros comunitarios o expresiones religiosas que nada tienen que ver con esas decisiones. Cuando la responsabilidad política se transforma en culpabilidad colectiva, ya no estamos frente a una crítica. Estamos frente al antisemitismo.

La historia enseña que el antisemitismo nunca comienza con la violencia extrema. Comienza con la deshumanización, con la caricatura, con la sospecha permanente, con la banalización del odio y con la aceptación social de aquello que antes habría resultado moralmente intolerable. Por eso la memoria continúa siendo una responsabilidad ética y política.

La colectividad judía ha contribuido decisivamente a la construcción del Uruguay contemporáneo. Lo ha hecho desde la educación, la ciencia, la cultura, el comercio, las profesiones y el compromiso cívico. Pero quizá su mayor enseñanza resida en la importancia de transmitir la memoria y comprender que ninguna sociedad democrática puede sobrevivir cuando el odio se vuelve costumbre.

La respuesta al antisemitismo no corresponde únicamente a la comunidad judía. Es una responsabilidad de toda la sociedad uruguaya. Porque cuando se naturaliza la discriminación contra una minoría, lo que comienza a deteriorarse no es solamente la seguridad de esa comunidad. Se debilita el principio de igualdad que sostiene nuestra convivencia democrática.

Defender a la colectividad judía frente al antisemitismo no constituye un gesto de solidaridad hacia un grupo particular. Es una manera de defender el Uruguay plural, republicano y laico que generaciones anteriores supieron construir y que hoy nos corresponde preservar.

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