El 7 de octubre del 2023, día de la masacre perpetrada por Hamas y otros grupos terroristas en el sur de Israel, habrían participado también terroristas iraníes, presentes en el lugar, al menos en el puesto de observación de las Fuerzas de Defensa de Israel en Najal Oz.
Esto se desprende de la información revelada por Eyal Eshel, cuya hija Roni fue una de las jóvenes soldadas asesinadas en la base de Najal Oz, quien desde aquel día que fue hecatombe nacional y también su propia tragedia, está abocado a investigar en forma independiente.
Habiéndose convertido en uno de los más duros críticos del gobierno israelí por lo que ocurrió y por el hecho que aún no se ha hecho responsable ni lo ha investigado, Eyal Eshel recorre el país recabando todos los testimonios posibles . Y en un encuentro con una de las personas que estaba en Najal Oz cuando fue el ataque, se le dijo terminantemente que había oído a terroristas hablando entre ellos en persa, el idioma que se habla en Irán.
Esto confirmaría que Irán no sólo envió durante años dinero y todo tipo de apoyo a Hamas, sino que también participó en forma directa en la masacre, asesinando israelíes y siendo cómplice presencial en ese ataque de intención genocida.
La revelación de Eyal Eshel nos recordó en forma muy clara el testimonio que grabamos en el 2013 en Turquía, junto a la frontera con Siria, al entrevistar a refugiados sirios de la guerra civil en su país, que contaron lo que habían vivido bajo la dura represión del régimen de Bashar el-Assad tras las protestas que habían estallado en el país.
Todos recalcaban que agentes de las Guardias Revolucionarias de Irán atacaban a la población, hombro a hombro con las fuerzas de Assad, en pro de su dictadura y contra la oposición. Cabe recordar que la oposición no eran solamente los islamistas sunitas sino también sectores más moderados que pedían apertura y mayor libertad. Varios de los sirios que entrevistamos en aquel momento, sostenían que sin la ayuda de Irán, Bashar habría caído, algo que finalmente ocurrió muchos años después.
Cerca de la frontera con la parte norte de Siria, conversamos entre otros con Udai Muhammad, de 22 años, el herido más joven que se recuperaba en un centro médico en la localidad de Reyhanil.
No podía caminar sin la ayuda no sólo de unas muletas especiales que sabía tendría que usar por mucho tiempo, sino también la de su hermano mayor, Ramz, de 32, que había logrado llevarlo a territorio turco para salvarlo. Otros dos de sus hermanos estaban combatiendo-al igual que ellos lo hacían hasta poco antes- en el Ejército de Siria Libre, una de las fuerzas centrales de los rebeldes. Hacía un año y medio que no ven a su familia.
Udai y Ramz contaron con tono casi de rutina sobre su situación e inclusive reaccionaban con calma cuando preguntábamos si se hacen una idea cómo se siente su madre, que hace tanto que no ve a cuatro de sus hijos varones, mientras está atascada con el hijo menor y una hija en su ciudad, Homs. “Nosotros tenemos suerte”, nos dijeron. “Hemos sido bendecidos..con toda la muerte y atrocidades que hay alrededor..nosotros al menos estamos vivos”.

En tono calmo, como si su alocada situación fuera la más normal del mundo…hasta que preguntamos por Irán. Udai levantó su tono de voz..Ramz agitó sus brazos al aire y luego señaló las piernas de su hermano.”¿Irán? ¿El aliado de Bashar? Ellos hicieron esto. Ellos casi me matan”.
Udai estaba con otros compañeros cuando sintió que desde un tanque sirio se aprestaban a disparar un proyectil.Había también gente fuera del tanque.”Eran iraníes, no hay ninguna duda, los escuché hablar en persa…y con ellos había unos chiitas sirios…les gritamos, que no disparen, pero nada ayudó. Estaban como locos..Gritaban por Hussein y por Ali (figuras claves en el Islam chiita, a diferencia del sunita) ..y dispararon..Vinieron a Siria a matar”.
Irán no sólo manejó siempre los hilos del horror terrorista, no sólo puso dinero. También se hizo presente siempre para asesinar. En Siria…y al parecer también en Najal Oz.





