Este miércoles por la mañana, Israel amaneció con la noticia de que, unas horas antes, se había atacado un aeropuerto militar en el norte de Siria. Si bien Israel nunca compartió la apertura del presidente Trump respecto al gobernante de Siria, Al-Sharaa (conocido también como Abu Mohammad al-Julani), y mantuvo desde su ascenso la desconfianza debido a su conocida trayectoria como islamista radical, no parecía lógico en este momento un enfrentamiento frontal de ese tipo. Sin embargo, poco después se informó que la razón del ataque estaba ligada a Turquía, percibida en Israel como cabeza de un eje islamista sunita radical, quizás tan peligroso como el chiita encabezado por Irán.
Fue una información precisa confirmada por el Mossad, y transmitida por su jefe Roman Gofman al primer ministro Netanyahu, lo que llevó a la decisión de atacar: Turquía se disponía a emplazar sistemas de armamento en el lugar. Israel estaba decidido a dejar en claro de inmediato que la advertencia que había hecho llegar tiempo antes a Siria —de no permitir que Turquía, enemigo de Israel, se instalara en su territorio— era en serio. Netanyahu lo repitió por la noche.
El corresponsal del canal N12 en Washington, Barak Ravid, confirmó que el presidente Trump —quien, como es sabido, tiene una estrecha relación con el presidente turco Erdogan— se abstuvo de condenar el ataque israelí. Aunque es sabido que es crítico respecto a la política israelí en Siria, Trump dijo que lo habían puesto al tanto sobre lo ocurrido. Al parecer, escribió Ravid, en la administración Trump entienden que el ataque israelí había estado justificado.





