En comunidad

Cinco uruguayos participaron en un seminario de estudios en Yad Vashem

En el mes de julio se llevó a cabo en la Escuela Internacional de Estudios del Holocausto en Yad Vashem un seminario para educadores de América Latina, en el que nuevamente participaron también varios uruguayos. Esta vez, el curso fue titulado “Memoria de la Shoá – Desafíos educativos”. Los uruguayos participantes fueron Marcel Salinas, Mili Sokolovsky, Rossana Migliónico, Virginia Badalá y César López.

Los cinco uruguayos del seminario junto al también uruguayo Yejiel Chilewski, coordinador de los seminarios en 
español en Yad Vashem. De izquierda a derecha:  Mili Sokolovsky, Marcel Salinas, Virginia Badalá, Yejiel Chilewski, 
Rossana Migliónico y César López.

 

Estos seminarios se llevan a cabo desde hace varias décadas. Evidentemente la pandemia los interrumpió por un tiempo en lo presencial pero pasado el peligro se retomó la costumbre. Se trata de seminarios que se llevan a cabo una vez por año. Además hay seminarios en inglés.

Es de justicia destacar que el Centro Recordatorio del Holocausto del Uruguay es la institución en la que los becarios participantes pueden apoyarse y vincularse, ya que tiene una estrecha relación con Yad Vashem y una amplia trayectoria dado que  varios de sus propios miembros también son egresados de los seminarios. 

El Centro también difunde la información sobre los seminarios, les sirve de hogar de referencia y siempre reúne a los elegidos antes de su viaje, dando la oportunidad de interactuar-lo que siempre significa aprender- con quienes les antecedieron.

 

Compartimos los testimonios de dos de los participantes.

La educadora sanducera Rossana Migliónico

 

Rossana con Yejiel Chilewski y Eliana Rapp, coordinadores del seminario, piezas claves de los programas en español de Yad Vashem

 

Debemos comenzar con una aclaración entre pública y personal. A Rossana la conocimos personalmente recién ahora, cuando terminó su seminario, y nos pudimos finalmente dar el abrazo que nos prometimos hace ya más de 10 años. Es que de hecho, la conocimos virtualmente ya entonces, en circunstancias trágicas y profundamente tristes, cuando ella, conmocionada por el asesinato de David Fremd en su tierra natal Paysandú, fue nervio motor de la organización de la impresionante “Marcha del Silencio”. 

Aquel impactante evento en el que participaron muchos miles de personas, la mayoría de los cuales cabe suponer no habían conocido personalmente al bueno de David, partió del lugar del asesinato, con la gente portando carteles por la convivencia en paz y repudio del odio, y al llegar a la Plaza Constitución, sin previo aviso de nadie, estalló en la entonación estremecedora del Himno Nacional.

Desde entonces estuvimos en contacto muchas veces. Y nos alegró profundamente cuando nos avisó que había sido becada para viajar a Jerusalem al seminario de la Escuela Internacional de Estudios del Holocausto en Yad Vashem.

Finalizada su intensa agenda, pudimos al fin combinar, vernos y conversar. 

Rossana nos aclaró de inmediato que le llevaría un tiempo poder elaborar todo lo vivido y aprendido y que no podría hacer una entrevista en ese momento. Entendimos perfectamente. 

Hace pocos días, envió sin embargo lo que llamó “primeras palabras”. Este es su testimonio.

 

"El seminario recibido en Yad Vashem es de una riqueza de contenidos y de proyecciones tal que las primeras palabras no pueden ser otras que las de un enorme agradecimiento a los organizadores, a los patrocinadores que lo hacen posible, a la Embajada de Israel en Uruguay —que me brindó un gran apoyo— y a mis amigos de la colectividad judía, cuyo acompañamiento ha sido clave para concretar esta instancia que alguna vez soñé.

No quedó ningún aspecto que desde Yad Vashem se haya omitido para ofrecer a los participantes una formación capaz de permitirnos conocer, sentir, ver, aprender y comunicar lo que significó la Shoá: desde conferencias y talleres con expertos de primera línea hasta material bibliográfico, recorridos guiados y el testimonio de tres sobrevivientes, que marcaron los puntos más altos del seminario.

La coordinación de Eliana Rapp y Yejiel Chilewsky, su actitud sumamente amable y atenta a cada detalle, además de su calidad profesional, hicieron posible que la intensidad de diez días aprovechados literalmente de la mañana a la noche transcurriera de un modo fluido y ameno.

Hay un tiempo para cada cosa. Ahora es el tiempo de procesar, revisar y organizar la forma de hacerme eco, en los lugares y por los medios más apropiados, para que todo lo recibido no quede solo en el enriquecimiento personal, sino que se multiplique. Para eso debo hallar más y mejores formas de seguir dando voz a las víctimas de uno de los hechos más horrorosos de la historia de la humanidad, así como de amplificar el ejemplo de enorme amor al prójimo y responsabilidad civil que encarnan quienes, sin ser judíos y habiendo podido permanecer a resguardo, lo arriesgaron y hasta lo perdieron todo para ayudar a otros por el simple y elemental hecho de ser humanos.

A veces, conocer los horrores de los que es capaz el ser humano nos espanta de tal forma que parece que ya nada podría reconciliarnos con nuestra propia especie. Sin embargo, acceder también, con sus nombres y apellidos, con los detalles de la familia que tenían, sus trabajos y sus propios dolores, a las historias de algunas de las decenas de miles de personas reconocidas como Justos entre las Naciones, que fueron capaces de arriesgarlo todo y pagar altísimos precios —incluso con su propia vida y la de su familia— para intentar salvar a otro ser humano, nos enfrenta a una dimensión muy distinta de lo que también somos capaces de hacer por los demás.

En tiempos de globalización de las noticias y de redes sociales en las que cada uno, muchas veces desde el anonimato, da rienda suelta a sus prejuicios, sus valores —o la falta de ellos— y opina livianamente de todo y de todos sin reparar en las circunstancias, conocer las historias de tantas personas que hicieron carne sus convicciones y lo dieron todo sin esperar nada a cambio revela mucho más que ejemplos admirables y se constituye en una interpelación a lo que hacemos cada día: el legado de los Justos es un mandato moral para las generaciones que les sucedemos, una muestra de lo que implica ser dignos de la condición de ser humano".

 

Las impresiones de Mili Socolovsky Szafran

 

Mili, de pie a la derecha, con los demás uruguayos del curso.

 

Participar del seminario de Yad Vashem fue una de las experiencias más significativas de mi trayecto académico. Tener la oportunidad de estudiar en Israel, acompañada por destacados profesionales y especialistas del lugar, profundamente comprometidos con la educación, la memoria y la historia del pueblo judío, me permitió profundizar conocimientos, pero también fortalecer mi identidad y comprender aún más la responsabilidad que implica transmitir esa memoria a las generaciones futuras.

 

Como judía y descendiente de sobrevivientes de la Shoá, esta experiencia tuvo un significado personal. La historia que estudié no es solo la historia de un pueblo, sino también una parte esencial de mi propia historia familiar. Cada testimonio, cada documento y cada lugar que recorrimos me recordó que detrás de los hechos históricos existen vidas, nombres e historias que merecen ser conocidas y preservadas.

 

Yad Vashem propone un estudio riguroso y profundo de la Shoá, invitando a analizar sus causas, su desarrollo y sus consecuencias desde múltiples perspectivas. Esa forma de aprender resulta fundamental. Entendí que la memoria no se sostiene únicamente a través de la emoción, sino también mediante el conocimiento, la investigación y el compromiso con la verdad histórica.

 

Estudiar en Israel hizo que esta experiencia tuviera un valor aún mayor. Aprender en el lugar donde la memoria de la Shoá forma parte de la vida cotidiana permitió conectar el pasado con el presente y entender cómo la historia continúa influyendo en la construcción de la identidad judía y en el compromiso con la educación. Compartir ese proceso con educadores y participantes de distintos lugares del mundo enriqueció enormemente mi mirada y me mostró la diversidad de formas en que cada comunidad mantiene viva esa memoria.

 

Regreso de este seminario con una enorme gratitud y con la convicción de que seguir estudiando es una forma de honrar a quienes ya no están y también a quienes sobrevivieron. Esta experiencia reafirmó mi compromiso con la educación basada en el conocimiento, el respeto y la responsabilidad, para contribuir a que las historias de quienes vivieron la Shoá continúen siendo conocidas y recordadas por las próximas generaciones.

 

 

Ana Jerozolimski
(26 Agosto 2026 , 04:58)

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