Fotos comunitarias: Tamar Rausky
En la última semana del año judío 5786 que acaba de finalizar, terminó una etapa importante en la vida de la colectividad judía uruguaya, al cambiar las autoridades de su entidad representativa oficial. Roby Schindler, que tuvo que quedarse en su cargo de Presidente del Comité Central Israelita mucho más allá de los dos años originalmente planeados, lo cual hizo por su responsabilidad comunitaria, acaba de ser sucedido por Claudio Elkan, ex presidente de la NCI, que asumió como presidente del Comité Central de la Comunidad Judía Uruguaya, el nuevo nombre de la institución.
En una muy conceptuosa entrevista, Claudio Elkan habla sobre su encare del tema comunitario, antisemitismo, Israel y Uruguay, entre otras cosas.
Lo imprescindible es desearle el mayor de los éxitos en pro de todos los judíos uruguayos. A él y a toda su comisión directiva.
P: Claudio, acabas de asumir como nuevo presidente del Comité Central de la Comunidad Judía Uruguaya, el nuevo nombre del Comité Central Israelita del Uruguay. Es, como bien sabemos, la entidad representativa de la colectividad judía ante las autoridades nacionales y la sociedad civil. ¿Me equivoco si estimo que sentís sobre los hombros una responsabilidad quizás abrumadora?
R: La responsabilidad es sin lugar a dudas enorme. No diría que me abruma, pero sí que tengo plena conciencia de su dimensión. Sé que demandará mucha energía, tiempo y capacidad de negociación, probablemente en perjuicio de proyectos profesionales, personales y familiares.
Pero sé también que esta responsabilidad no puede descansar sobre una sola persona. Me acompaña un equipo extraordinario, en el que confío y con el que compartiremos verdaderamente el liderazgo. Y aspiro a que las instituciones y que la comunidad toda encuentren en el Comité un espacio donde dialogar, participar y asumir también sus propias responsabilidades.
Eso es lo que me da tranquilidad: saber que no se trata de un proyecto personal ni de una tarea solitaria. Es una construcción colectiva.
P: Antes de entrar en detalles sobre lo que te espera y lo que pensás hacer, creo que sería oportuno compartir con los lectores algo de tu trayectoria comunitaria, quizás también personal y familiar, para que quien no te conoce, sepa quién es el nuevo presidente.
R: Nací y crecí en Montevideo, en una familia judía secular, pero muy marcada por las tradiciones y el compromiso comunitario inculcado fundamentalmente por mis abuelos maternos, Kurt y Lily Mayer. Los viernes la familia se reunía alrededor de la mesa de Shabat, se celebraban las fiestas y se conversaba sobre asuntos comunitarios.
Mis bisabuelos ya integraban B’nai B’rith en Alemania y al llegar al Uruguay, encontraron en la NCI una comunidad que los recibió y los arropó. Max Mayer, el papá de Kurt, participó en la fundación del Comité Central hace 85 años, integrando su primer Consejo Directivo. Muchos años después, mi papá Pablo Elkan presidió la institución, por lo que existe un especial cariño y vínculo a su respecto.
Estudié en el Liceo Francés. No tuve educación judía formal. Me considero, en gran medida producto de Jazit Hanoar, movimiento juvenil de la NCI. Allí descubrí, casi por accidente, el valor del trabajo voluntario. Como madrij descubrí la satisfacción de trabajar por los demás y de asumir responsabilidades sin esperar nada a cambio. Es algo que agradezco hasta hoy y que intento contagiar.
Siendo muy joven fui presidente de Dor Hemshej y Dor Tzair del Keren Hayesod.
Años más tarde, ya casado y con hijos, comencé a preguntarme cómo transmitirle a éstos aquellas sensaciones inexplicables que había experimentado en la casa de mis abuelos y que me vinculaban con el judaísmo. Entendí que tenía que hacer algo, para que algún día los chicos tuvieran la posibilidad de seguir el mismo camino.
Fue así que en 2015 me incorporé a la directiva de la NCI -invitado por David Raij y Daniel Cohn. Tres años más tarde, con 44 años, tuve el honor de constituirme en su presidente, el más joven de su historia. Allí aprendí el valor de una cultura institucional sólida, de las políticas que se transmiten entre generaciones y, sobre todo, de una forma de trabajo volcada hacia los demás y alejada de los personalismos.
Actualmente tengo 53 años y soy de profesión abogado.
P: ¿Y la familia?
R: Estoy casado con Gisel y tenemos tres hijos maravillosos. Dan, el mayor, es actualmente Rosh Hanagá de Jazit Hanoar, o sea está al frente del liderazgo del movimiento juvenil; Noa está realizando su Shnat Hajshará, un año en Israel ; y Ami, la menor, es quien, cuando llego cansado un viernes de tarde, me propone ir al Kabalat shabat en la sinagoga. Es un espacio que disfrutamos juntos: cantamos, compartimos y nos mimoseamos un poco. Cuando eso sucede pienso, con una sonrisa: tarea cumplida.
Tiempos difíciles
P: Representar a la colectividad toda siempre es un enorme desafío. ¿Suponés que será más desafiante aún en tiempos de aumento notorio del antisemitismo también en nuestro país?
R: Sin duda. Después del 7 de octubre descubrimos que el antisemitismo no había desaparecido: permanecía latente, enquistado en distintas expresiones culturales y políticas, y encontró una nueva oportunidad para manifestarse.
Existen numerosas tragedias en el mundo, pero la causa palestina adquiere una capacidad de movilización que no parece acompañar a otros conflictos. No hay dudas de que estamos ante un drama, con víctimas civiles que todos lamentamos. Pero debemos preguntarnos honestamente, en esa reacción masiva y global, cuánto incide también un prejuicio antijudío, aunque no siempre se lo reconozca.
Vivimos en un mundo violento, polarizado y profundamente interconectado. Esa corriente internacional que se desató luego del peor atentado terrorista cometido contra el pueblo judío luego de la Shoá llegó también al Uruguay y se manifestó más rápidamente, y con mayor gravedad de lo que pensábamos o quizás queríamos creer, con claras expresiones y ataques antisemitas. Esto no constituye solamente una agresión contra los judíos: representa una afrenta al Uruguay, a su tradición democrática y a todos quienes trabajamos por una convivencia basada en el respeto.
La situación nos desafía y, más que nunca, nos obliga a actuar junto al Estado y a las organizaciones civiles con las que compartimos idénticos valores.
A trabajar
P: ¿Con qué planes asumiste tu cargo? Seguramente parte de lo que harás lo determinará la dinámica nacional y comunitaria. Pero imagino que tenés en la cabeza objetivos que quisieras alcanzar.
R: Aspiro a construir un Comité vibrante, participativo y cercano, con voluntarios organizados, responsabilidades compartidas e instituciones comunitarias que dialoguen y definan prioridades comunes.
El proyecto propone un cambio profundo en la forma de trabajar, pero lo concebimos dentro de la evolución natural que toda institución necesita para adaptarse a nuevas realidades. Es un cambio en la continuidad: reconoce y valora los 85 años de historia del Comité, pero entiende que esa historia nos obliga a mirar hacia adelante.
Queremos profesionalizar la institución y fortalecer su capacidad para convocar, articular, coordinar y generar espacios de encuentro no solamente con la comunidad judía, sino también con la sociedad uruguaya.
grupos de trabajo
Diversidad judía…enriquecedora y compleja
P: La interna de las comunidades judías es a menudo todo un tema complejo. Recuerdo que me lo dijo el Profesor Manuel Tenenbaum, de bendita memoria, cuando era Director del Congreso Judío Latinoamericano. ¿Cómo ves este aspecto?
R: Los judíos somos esencialmente diversos. Esa diversidad, que constituye una enorme riqueza, también se refleja en la multiplicidad de instituciones comunitarias. En el Uruguay tenemos cerca de sesenta organizaciones dedicadas a las más variadas tareas y expresiones religiosas, culturales, educativas, sociales y políticas.
Después del 7 de octubre surgieron nuevas organizaciones. Muchas personas sintieron la necesidad de expresarse, movilizarse y encontrar nuevas formas de participación. Esa vitalidad es valiosa, pero también debería llevar a preguntarnos por qué no siempre encontraron su lugar dentro de las instituciones existentes.
Las instituciones necesitan repensarse periódicamente, abrir sus puertas, generar sinergias y permitir la incorporación de nuevas generaciones. También necesitan renovar sus liderazgos y revisar si continúan cumpliendo la función para la que fueron creadas. Algunas veces será necesario transformarse, otras fusionarse y, eventualmente, también reconocer con responsabilidad que una organización ha completado su ciclo. No hay allí un fracaso: es parte de la evolución natural de cualquier organización y permite cuidar mejor los recursos humanos y económicos disponibles.
Tampoco hemos logrado desarrollar plenamente una conciencia de interés comunitario general. Con demasiada frecuencia, los intereses particulares de cada organización terminan prevaleciendo sobre aquello que necesitamos construir juntos.
El Comité debe ofrecer un espacio donde las instituciones puedan dialogar, construir consensos y, cuando sea necesario, procesar sus diferencias.
Una gran descripción de la colectividad judía uruguaya
P :¿Cómo ves en general a la colectividad? Si alguien que llega de afuera sin conocer nada te pregunta ¿cómo la presentarías, con sus grandezas y debilidades? ¿Cómo presentarías a la colectividad judía uruguaya?
R: Presentaría a la colectividad judía uruguaya como una comunidad profundamente integrada en la sociedad nacional. Somos orgullosamente judíos y orgullosamente uruguayos. Vivimos plenamente la vida del país, compartimos sus valores democráticos y sentimos como propios sus desafíos.
A lo largo de la historia, integrantes de nuestra colectividad han contribuido al Uruguay en los más diversos ámbitos: desde la actividad sindical hasta la cultura, la economía, la ciencia, las profesiones y el desarrollo general de la sociedad. Ese compromiso continúa hoy a través de numerosas personas e instituciones que trabajan por el bienestar de todos los uruguayos.
Pienso, entre otros ejemplos, en la tarea de B’nai B’rith y la Fundación Salir Adelante, en Proyecto Shoá, en las Escuelas Vinculadas a nuestra comunidad y, más recientemente, en Barrios por la Convivencia. Son expresiones distintas de una misma convicción: nuestra identidad judía también nos compromete con la sociedad de la que formamos parte.
Es una comunidad profundamente sionista. Israel ocupa un lugar central en nuestra identidad comunitaria. Educamos en el amor por esa tierra y en el reconocimiento del esfuerzo histórico del pueblo judío por recuperar un lugar donde vivir con libertad y autodeterminación.
La religión también constituye un elemento aglutinador y una fuente fundamental de enseñanzas, valores y tradiciones. Aunque gran parte de la colectividad no observa estrictamente los rituales religiosos, existe una identificación muy fuerte con las tradiciones, las celebraciones, la memoria familiar y la pertenencia al pueblo judío.
Entre nuestras fortalezas destacaría la integración al Uruguay y solidaridad que aparece en los momentos difíciles. Entre nuestras debilidades señalaría la fragmentación institucional, las dificultades para coordinar esfuerzos y la demora en renovar algunos liderazgos.
La comunidad reconoce su diversidad, aunque en ocasiones algunas miradas pretendan presentarse como las únicas representativas. No creo en una identidad comunitaria hegemónica. Somos diversos en nuestras posiciones políticas, en nuestras prácticas religiosas y en nuestra manera de vivir el judaísmo.
Un gran desafío
P: Ya lo dijimos, el Comité representa a los judíos uruguayos ante las autoridades y la sociedad civil. ¿Qué sentís que hay que explicarles?
R: Una encuesta reciente mostró que la mayoría de los uruguayos no conoce personalmente a ningún judío. Cuando no existe conocimiento directo, las percepciones pueden construirse sobre estereotipos y prejuicios.
Debemos explicar algo sencillo: los judíos uruguayos somos uruguayos como cualquier otro. Trabajamos, formamos familias, vamos a las mismas instituciones educativas, somos fanáticos del fútbol y aspiramos a vivir en libertad, igualdad y paz.
No pedimos privilegios ni un trato diferente. Reclamamos los mismos derechos y asumimos las mismas obligaciones. El problema aparece cuando la discriminación, la intolerancia o el odio intentan señalarnos como extraños o distintos.
También debemos explicar que la comunidad judía no constituye un bloque homogéneo. Tenemos diferentes ideas políticas, creencias religiosas y formas de vivir el judaísmo. El Comité representa y defiende la identidad y los derechos de los judíos uruguayos, pero no expresa una única opinión sobre todos los asuntos.
La seguridad de los judíos no es un privilegio sectorial: es una responsabilidad democrática.
Aspiramos a trabajar con el Estado y la sociedad civil como socios en la construcción de un Uruguay pluralista, abierto y libre de discriminación.
P: ¿Cómo consideras se debe plantear el hecho que el Comité representa a los judíos uruguayos , no a Israel, y al mismo tiempo defiende fervientemente el derecho de Israel a existir y defenderse? Mucha gente no lo entiende.
R: La distinción es muy clara. El Comité representa a los judíos y a las instituciones judías del Uruguay. La representación del Estado de Israel corresponde a su Embajada.
Yo no soy israelí. No voto en Israel, no pago allí mis impuestos, no vivo allí ni participo en las decisiones de su gobierno. Por lo tanto, no corresponde responsabilizarme a mí ni a ningún otro judío uruguayo por esas decisiones. Exigirles a los judíos explicaciones que no se les exigen a otros ciudadanos por las acciones de un país extranjero constituye un trato discriminatorio.
Esto no significa desconocer la relación profunda que nuestra comunidad mantiene con Israel. La colectividad judía uruguaya ha defendido históricamente el derecho del pueblo judío a tener un Estado propio y ha participado activamente en esa construcción colectiva. Israel está presente en nuestra educación, en los viajes de nuestros jóvenes, en nuestras celebraciones y conmemoraciones, y en los vínculos personales con los numerosos uruguayos que viven allí. Son nuestros hijos, hermanos, tíos, amigos.
El Comité se ha definido históricamente como una institución sionista. Sionismo significa reconocer el derecho del pueblo judío a la autodeterminación y, por tanto, el derecho del Estado de Israel a existir y proteger a su población frente a las agresiones y los intentos de destruirlo. Esa concepción refleja el sentir de la mayoría de la comunidad, aunque también sabemos que no todos los judíos se identifican como sionistas.
Quienes no compartan esa definición no deben ser excluidos. También forman parte de nuestra diversidad, deben ser escuchados y tienen el mismo derecho a ser protegidos frente a cualquier expresión de antisemitismo.
Defender la existencia de Israel no significa respaldar todas las decisiones de su gobierno. Los gobiernos son circunstanciales y sus decisiones pueden compartirse, cuestionarse o rechazarse. Son los ciudadanos israelíes quienes los eligen y quienes participan en su vida política. El Comité no debe intervenir en las disputas partidarias internas de Israel.
Tampoco tenemos que elegir entre ser uruguayos y sentir una conexión especial con Israel. Debemos reivindicar la idea de que las personas tenemos identidades incluyentes, que combinan aspectos familiares, culturales, religiosas, nacionales y afectivos de lo más variados. Pretender que sean excluyentes desconoce la complejidad de la naturaleza humana y limita nuestra libertad de ser quienes somos.
Somos judíos uruguayos. Amamos y defendemos al Uruguay y, al mismo tiempo, reconocemos lo que Israel representa histórica y simbólicamente para un pueblo que sufrió siglos de persecución. No existe contradicción alguna entre ambas pertenencias.
Y en tono personal…
P: Cuando termine tu período como presidente, que estás empezando ¿qué tendrá que haberse hecho para que sientas que fuiste un buen presidente? ¿Qué tendría que haberse alcanzado para que sientas que fuiste un buen presidente?
R: Mi período dura dos años y no sería realista pensar que podremos completar una transformación profunda en ese tiempo.
Quisiera dejar un Comité con muchos voluntarios trabajando, instituciones vinculadas y nuevos liderazgos preparados para tomar la posta. Quisiera que las instituciones reconocieran su centralidad porque encontraron allí un espacio útil, y que las personas sintieran que el Comité verdaderamente las representa.
También espero consolidar una nueva forma de integrar su Consejo Directivo: con personas seleccionadas por su compromiso, sus talentos y las responsabilidades que asumirán; capaces de escuchar, negociar, liderar y formar equipos.
Estamos ante un momento bisagra. Seguramente no alcanzaremos todos los objetivos, pero será importante haber comenzado.
Si al finalizar estos dos años dejamos una institución más abierta, participativa y preparada para continuar; si sembramos una nueva cultura de trabajo institucional y establecido una forma distinta de pensar y trabajar juntos y otros están dispuestos a continuarla, sentiré que habremos cumplido una parte importante de nuestra misión.
Y de cara al nuevo año
P: Claudio, está comenzando el nuevo año judío, y por ende, además de desearte lo mejor a nivel personal y familiar, y por supuesto comunitario, te pregunto cuáles son tus augurios para esta nueva etapa.
R: Deseo que podamos conversar más y mejor, escucharnos incluso cuando pensamos distinto y trabajar por un Uruguay abierto, pluralista y respetuoso.
Para la comunidad judía deseo unión, fortaleza y esperanza. Que las dificultades nos impulsen a acercarnos, participar y asumir responsabilidades compartidas.
Naturalmente es mi deseo también de que Israel y el Medio Oriente encuentren finalmente la paz. Una paz verdadera que permita a todos sus pueblos vivir con seguridad, dignidad y esperanza.
¿Algo más que desees agregar?
R: Quiero reconocer y agradecer la labor desarrollada por la directiva saliente del Comité Central, encabezada por Roby Schindler, enfrentada a algunos de los tiempos más difíciles y desafiantes de su historia a partir del 7 de octubre de 2023.
También a todas las personas e instituciones que apoyaron la idea de que un cambio era necesario y respaldaron las bases y principios rectores del proyecto que comenzaremos a implementar a partir de ahora. Sin su apoyo, su confianza y su estímulo, el mismo habría naufragado.
Ahora necesitamos estar juntos. Unir esfuerzos para trabajar por una comunidad y un país mejor.
P: Muchas gracias Claudio. Te deseo el mayor de los éxitos. El tuyo, será el de toda la colectividad y creo que un aporte por lo tanto a la sociedad en general. Y ¡Shaná Tová!
R: Muchas gracias Ana.






