Con Jen Ben Eliezer de la Unidad de Rescate de las FDI
La noción de un servicio militar compartido por hombres y mujeres en Israel, no es un ideal sino una realidad. Si bien cada tanto surgen voces opuestas al servicio de las mujeres por consideraciones religiosas, la situación en el terreno deja en claro que en la práctica no sólo son parte integral de las Fuerzas de Defensa de Israel sino que se destacan en desafíos claves. Tanto en el servicio regular como en la reserva.
Recientemente tuvimos la oportunidad de conversar con una reservista, la Sargento Mayor Jen Ben Eliezer (32), de la Unidad de Rescate del Comando del Frente Interno., abogada de profesión en su vida civil. Al escucharla pensamos qué importante es que haya mujeres como ella, capaces de un aporte significativo y especial a las Fuerzas de Defensa de Israel.

El 7 de octubre del 2023 habiendo vuelto tiempo antes al ejército, estuvo presente en lo necesario y aportó como parte de la unidad de rescate. Pero ese no es el tema de esta nota, sino el papel que jugó Jen recientemente en la misión humanitaria a Colombia tras el terremoto.
No se abocó sólo a traducir entre hebreo y español-que domina- sino a su función central, encargada del contacto con la población local en los sitios a los que las Fuerzas de Defensa de Israel llegaban para intentar rescatar gente atrapada entre los escombros.
Lamentablemente, no se pudo rescatar a nadie con vida, pero para las familias, también recuperar los cuerpos de sus seres queridos y poder darles digna sepultura, tenía gran valor.
Jen explicó en qué consistía exactamente su trabajo.
“Es importante, al llegar a un sitio en el que hay gente bajo las ruinas, poder recabar la mayor cantidad posible de información a fin de que la búsqueda sea efectiva. Para eso, hablamos con familiares, también puede ser con representantes del gobierno , con cualquiera que pueda ayudarnos a entender dónde hay chance de hallar a las personas en un edificio desmoronado”.
Colombia fue el primer sitio al que Jen viajó con la unidad de rescate, pero destaca que los comandantes de la delegación tienen mucha experiencia en otros países, no sólo al haber ayudado tras terremotos sino situaciones como una inundación provocada por el desmoronamiento de una represa en Brasil en 2017, un tsunami en el sudeste asiático y otras tragedias.
Preguntamos con qué espíritu se emprende una misión humanitaria de ese tipo, en la que por un lado uno tiene la adrenalina de querer ejercitar lo que aprendió pero por otro, sabe que se enfrentará a la muerte y a mucho dolor personal.

“Es cierto, es una mezcla de muchas sensaciones yu pensamientos. Por un lado, yo estaba muy concentrada en la misión y quería empezar a trabajar. Ya antes de partir recibíamos información para entender la situación en Colombia a la que nos íbamos a enfrentar. Por eso era clave saber lo más posible, pero claro que a nivel de sentimientos, tenía temor de llegar y ver lo extenso del daño en la zona de Cali”.
En algún momento, le pasaban por la cabeza las comparaciones entre los destrozos que veía en el terreno en Colombia y lo que había visto en Israel a raíz del impacto de misiles. Y en el medio, siempre estaba la gente que esperaba ansiosa información sobre sus seres queridos.
“Fue algo increíble. Yo hablaba con mucha gente que había al frente del edificio en el que teníamos que trabajar, que estaba esperando noticias de sus familiares o de sus compañeros, y también de otra gente que no vivía en el edificio en cuestión pero que tenía familiares allí, hermanos, hijos, padres …El aporte de todos ellos era importantísimo para saber dónde esas personas pueden estar. Sin eso no habríamos podido hacer nada”.
Jen explica que para poder llegar a la gente que se buscaba, muchos detalles que podían parecer insignificantes, para ellos eran claves. Por ejemplo, fotos del apartamento, cuál es el color de las paredes de tal o cual habitación, dónde está la cocina, si la persona a la que buscan tiene tatuajes y mucho más.
En todo este esfuerzo Jen destaca que se trabajó “hombro a hombro” con los rescatistas colombianos y con otros equipos de otros países . Pero hubo aquí una particularidad: “Trabajábamos juntos en la búsqueda pero cuando lográbamos llegar a alguien, dábamos a los rescatistas colombianos el honor de ser quienes sacaban el cuerpo del lugar, porque son sus hermanos, miembros de su pueblo. Creemos que desde el punto de vista de valores, es lo correcto. Así fueron rescatados 29 cuerpos”.
De todos modos, recalca que “quien da el tono y gestiona el problema como un problema y propone las decisiones es el gobierno colombiano”. Ellos decidieron por ejemplo, en un momento determinado, que necesitarían más herramientas para realizar los esfuerzos de rescate e Israel se adaptaba a ello
La misión tenía varios objetivos. Claro que lo central era buscar a la gente que se hallaba entre los escombros y poder rescatarla. Pero también debía hacerse la clasificación de edificios. “Teníamos un equipo de ingenieros con mucha experiencia tanto en Israel como en el extranjero, que trabajaban con la alcaldía de Cali e inspeccionaron edificios importantes para la ciudad para decidir si se los puede preservar, si hay lo que arreglar o si lamentablemente hay que tirarlos abajo totalmente”.
Y en este punto, hubo buenas sorpresas. “Gracias al trabajo de los ingenieros, habían muchos edificios que nuestros compañeros colombianos pensaban que necesitaban destruirlos, pero que al ser inspeccionados se llegó a la conclusión que se los podría volver a utilizar”, cuenta Jen.
El tercer objetivo era apoyar los esfuerzos de recuperación. A todo se abocó la misión con un espíritu altamente profesional.
Ineludiblemente, preguntamos a Jen si acaso al hablar con la gente en el terreno sentía que el gobierno anterior de Gustavo Petro había logrado envenenarlos contra Israel, o si lo que primaba era la ya conocida amistad del pueblo colombiano para con Israel.
“Yo sentía claramente que hay mucho amor por Israel y un gran agradecimiento. Debo recalcar que mis conversaciones con la comunidad eran sobre la tragedia que estaba ocurriendo, pero si sentía la gratitud, aunque nosotros habíamos ido a ayudar al pueblo colombiano sin pensar en política”.






