Por Moshé Shemtov
Hay una historia sobre Reb Levi Itzjak de Berdichev que quiero llevar conmigo al shill, la sinagoga, este Iom Kipur.
Reb Levi Itzjak se dirige a Dios y le exige que perdone al pueblo judío. Después presenta un argumento extraordinario: si no los perdonás, voy a tener que declarar inválidos Tus tefilín.
La imagen viene de una enseñanza rabínica según la cual Dios también usa tefilín. Dentro de los Suyos hay palabras que alaban al pueblo judío: «¿Quién es como Tu pueblo Israel, una nación única en la tierra?»
El Berdichever le toma la palabra a Dios. Tus propios tefilín dan testimonio de quiénes somos. Tratanos en consecuencia.
Quiero que llevemos un poco de esa “jutzpa” al shil.
Este Iom Kipur, todos somos berdichevers.
Entramos al shil cargando tantas cosas. Lo que hicimos y quisiéramos deshacer. Las palabras que no dijimos. El hijo que nos preocupa. El resultado médico que esperamos. Las personas a quienes todavía tenemos que pedirles perdón.
Tenemos mucho por lo que rezar.
Pero antes de empezar con esa lista, cerrá los ojos un momento bajo tu talit. Pensá en quienes estuvieron para vos durante este último año.
Decile a Dios sus nombres.
La persona que te llamó después de una semana difícil y se quedó escuchando. La que se acordó de una fecha que para vos era importante. La que vio que necesitabas ayuda antes de que supieras cómo pedirla.
La persona que te recomendó para un trabajo o te presentó a alguien que podía orientarte. Que puso su propio nombre en juego por vos.
Contale a Dios exactamente lo que hicieron.
Acordate de la comida que llegó a tu puerta. De los vecinos que se organizaron para cocinarte. De la persona que se acordó de lo que tus hijos sí comían. Del amigo que te visitó cuando estabas mal y se sentó con vos aunque no tuvieras mucho para decir.
Acordate de quien buscó a tu hijo cuando se sintió excluido, o tuvo la paciencia de escucharlo cuando nadie más entendía qué le pasaba. De quien le hizo sentir que tenía un lugar.
Acordate del rabino que te dedicó tiempo. Que atendió tu llamada y te dejó terminar de hablar.
Del médico o terapeuta que tomó en serio tu preocupación, volvió a contactarte o te ayudó a encontrar la atención que necesitabas.
De la persona que te dijo una verdad difícil con cariño. De la que te perdonó. De la que volvió a acercarse después de una discusión y te dio la oportunidad de empezar de nuevo.
Tu padre o tu madre. Tu hermano o tu hermana. Tu cónyuge.
Especialmente tu cónyuge, cuya bondad puede volverse tan familiar que dejás de verla.
¿Quién se hizo cargo de más cuando vos podías con menos? ¿Quién se dio cuenta de lo que necesitabas? ¿Quién siguió ahí?
Decí sus nombres.
Sabemos contarle a Dios, con lujo de detalles, todo lo que salió mal.
Probá contarle con el mismo detalle quiénes hicieron algo bueno por vos.
Hablale de la llamada. De la visita. De la comida caliente. De la paciencia con tu hijo. De la segunda oportunidad que alguien te dio. Contale qué estaba pasando en tu vida cuando esa persona apareció y qué hizo posible su bondad.
Vas a recordar cosas que habías olvidado. Vas a reconocer cuánto le costó a alguien ayudarte y cuánto significó para vos. Y vas a volver a sentir gratitud.
Fijate, entonces, qué pasa con tu tefilá.
Seguís ahí de pie, con las mismas necesidades que trajiste al shil. También con tus errores, que Yom Kippur te pide reconocer. Pero ahora tenés nombres. Caras. Todo un año de razones para hablar a favor de otras personas.
Ribono Shel Olam, mirá a Tus judíos.
Mirá cómo se cuidan unos a otros. Mirá a quienes acompañan a un enfermo, escuchan a alguien que está solo, reciben a una familia nueva, ayudan a un niño a encontrar su lugar. Mirá a quienes saben pedir perdón y a quienes encuentran la manera de concederlo.
Lo sé porque lo hicieron por mí.
Este Yom Kippur, llevá esos nombres a tus tefilot. Pedí que sean inscritos para un buen año quienes te ayudaron a atravesar este.
Dale salud a esa familia. Dale fuerza a ese médico. Dale a ese rabino tiempo y energía, tanto como él les da a los demás. Dale paz a quien me escuchó cuando más lo necesitaba. Dale a mi esposa algo del cuidado que sigue ofreciéndoles a todos.
Que quienes estuvieron para mí sientan que Vos estás para ellos.
Y entonces, con un poco de chutzpá berdichever, podemos recordarle a Dios Sus tefilín.
Vos escribiste que no hay nación como Tu pueblo Israel.
Este año, lo vi.
Estuvieron para nosotros.
Ahora más te vale estar para todos nosotros.
*La historia inicial está recontada a partir de la [biografía de Rabí Levi Itzjak de Berdichev publicada en la página Chabad.org






