En la Sucá No Hay Extraños - Se Necesita a Todos - El Tzadik que le Caía Mal a la Gente - Sucot

No. 376
Sucot
Horario de velas: 25 de setiembre en Montevideo 18:25
Sábado 26 de septiembre en Montevideo: 18:22

EN LA SUCÁ NO HAY EXTRAÑOS
Por Lazer Gurkow
¿Alguna vez has sentido una conexión espontánea con un perfecto desconocido? En un instante eran extraños y, al siguiente, eran uno solo, preocupándote tanto por lo que le ocurría a esa persona como por ti mismo. En circunstancias ordinarias, este lazo común no suele salir a la superficie, pero las situaciones extremas pueden sacarlo a la luz.
Afortunadamente, no solo las tragedias hacen brotar nuestra chispa en común, sino también la alegría. Toma, por ejemplo, el sentimiento de euforia que se apodera de una tribuna cuando el equipo local gana. Bajo estas circunstancias, es bastante común que personas totalmente desconocidas celebren como si fueran familia. Pero en cuanto pasa el momento, vuelven a ser extraños.
El judaísmo le exige a cada persona cumplir con sus mitzvot de manera individual. En la mayoría de los casos, mis buenas acciones no cuentan por ti, y las tuyas no cuentan por mí. Si intentara meterme debajo de tu talit mientras lo llevas puesto, eso no contaría como una gran mitzvá. Tampoco lo sería intentar sacudir mi lulav mientras tú estás sacudiendo el tuyo. Así como no podemos comer por el otro, tampoco podemos rezar ni estudiar por el otro.
La excepción es la sucá, una cabaña cubierta de follaje en la que es una mitzvá sentarse durante la festividad de Sucot. Tú y yo podemos cumplir exactamente la misma mitzvá en la misma sucá y al mismo tiempo.
No necesitamos que cada uno tenga su propia sucá. La sucá no tiene que ensancharse para darme lugar a mí, ni tiene que achicarse cuando tú te vas. Mientras haya espacio en la sucá para alguien más, podemos compartir esta mitzvá.
Incluso me atrevería a decir que cuando muchas personas sacuden el mismo lulav, son varias mitzvot cumplidas por varias personas; pero cuando muchas personas se sientan en la misma sucá al mismo tiempo, es una sola mitzvá cumplida de forma colectiva por un solo grupo de personas. En esta mitzvá, nuestras almas se unen. Nos convertimos en uno.
En la sucá, nuestras almas se unen porque quedamos colectivamente absortos ante su enorme santidad.
La sucá es la única mitzvá que envuelve al cuerpo entero. No se cumple con una sola extremidad o grupo de extremidades, sino permitiendo que todo nuestro cuerpo quede inmerso en la mitzvá. Esto quiere decir que la sucá está impregnada de una santidad divina tan trascendente que no se puede inculcar dentro de nosotros. Más bien, nosotros quedamos inmersos en ella.
La sucá nos envuelve tan por completo que nos aparta de nuestros intereses personales y nos enfoca exclusivamente en la mitzvá. Una vez que entramos en esa sintonía, podemos hacerle espacio al otro. En el instante en que la sucá deja de girar en torno a mí, y pasa a tratarse de dejar mis necesidades de lado para ser envuelto por la santidad, no hay razón para que la sucá sea únicamente para mí. Dicho de otro modo: si no se trata exclusivamente de mí, no tiene por qué ser exclusivamente para mí. Es para todos nosotros.
Por eso la sucá es un lugar de hospitalidad, un sitio alegre donde la familia, los amigos y los invitados se reúnen para cumplir una mitzvá de unión. La sucá no es una mitzvá de hacer: es una mitzvá de ser. Lo único que tienes que hacer es estar, ser, en la sucá. Y cuando solo se trata de ser, se puede hacer lugar para todos los seres. Porque en la sucá, no hay extraños.

SE NECESITA A TODOS
Por Yanki Tauber
"Se necesita a todos". Ese es, en esencia, el mensaje de la mitzvá de las "Cuatro Especies", el etrog (cidra), el lulav (rama de palma), el hadas (mirto) y la aravá (sauce), sobre las cuales recitamos una bendición durante la festividad de Sucot. En palabras del Midrash:
El etrog tiene tanto sabor como aroma; así también, el pueblo de Israel incluye a personas que poseen tanto estudio de Torá como buenas acciones... El dátil (el fruto del lulav) tiene sabor pero no aroma; así también, el pueblo de Israel incluye a personas que tienen Torá pero no tienen buenas acciones... El hadas tiene aroma pero no sabor; así también, el pueblo de Israel incluye a personas que tienen buenas acciones pero no tienen Torá... La aravá no tiene sabor ni aroma; así también, el pueblo de Israel incluye a personas que no tienen Torá ni tienen buenas acciones... Dice D-os: "Que todos se unan en un solo atado y expíen unos por otros".
El Rebe de Lubavitch señala que el Midrash no se limita a decir que "todos forman parte del pueblo judío" o que "todos son preciados a los ojos de D-os", ni siquiera que "todos son necesarios"; dice que "todos expían unos por otros". Esto implica que cada una de las Cuatro Especies posee algo que las otras tres no tienen y, por lo tanto, "expía" y compensa la ausencia de esa cualidad en las demás.
En otras palabras, no se trata solo de que se necesita de todo para hacer un pueblo: también se necesita de todo para formar a una persona. Y Sucot es el momento en que nos unimos unos con otros para que las virtudes del prójimo se impregnen en nosotros.
El etrog dice: "Soy perfecto. Equilibro el estudio y la acción en perfecta armonía. En mi vida, el conocimiento y la acción no se sobreponen ni se desplazan mutuamente, sino que se realizan y se complementan entre sí". Esto es algo que todos necesitamos decir, al menos de vez en cuando. Todos necesitamos saber que poseemos el potencial para alcanzar semejante perfección armónica, y que cada uno de nosotros tiene momentos en la vida en los que la alcanza.
El lulav dice: "Estoy enteramente consagrado a la búsqueda de la sabiduría, la conciencia y el autoconocimiento. La acción también es importante, pero mi máxima prioridad es conocer a D-os y (por consiguiente) a mi ser más auténtico, incluso si esto implica apartarme de las cuestiones del mundo". Esto es algo que todos necesitamos decir, al menos de vez en cuando. Todos necesitamos saber que existe en nosotros el potencial para alcanzar un conocimiento tan consumado, y que cada uno de nosotros tiene momentos en la vida en los que lo alcanza.
El hadas dice: "Lo que nuestro mundo necesita es acción. Conocer a D-os y la autoconciencia son metas nobles, pero yo tengo un trabajo que hacer. Necesito construir un mundo mejor; la iluminación tal vez tenga que esperar". Esto es algo que todos necesitamos decir, al menos de vez en cuando. Todos necesitamos saber que nuestra misión en la vida es "hacer del mundo físico un hogar para D-os", y que hay momentos en que la urgencia de actuar tiene prioridad sobre cualquier otra cosa.
La aravá dice: "No tengo nada. No soy nada". Esto es algo que todos necesitamos decir, al menos de vez en cuando.
, pág. 83.

EL TZADIK QUE LE CAIA MAL A LA GENTE
Por Yerachmiel Tilles
El Rabino Pinjas de Kóretz era un gigante espiritual entre todos los rabinos de su generación. Al principio su grandeza no era muy conocida para sus contemporáneos, pero él no lo lamentaba; de hecho, le venía muy bien. Pasaba sus días y noches dedicado al estudio de la Torá, a las oraciones y a la meditación. No era muy común que alguien lo interrumpiera.
Pero claro, empezó a correrse la voz. Quizás fueron los alumnos del Rabí Israel Baal Shem Tov los que comentaron que el Rabí Pinjas era muy, muy especial. La gente empezó a visitarlo regularmente, para que los orientara, le solicitaban su apoyo, sus oraciones e imploraban su bendición. Cuanto más ayuda brindaba, más gente venía. El pequeño número de personas que llegaba a su puerta pasó a ser un río y éste a su vez se convirtió en un diario aluvión de historias personales y pedidos de ayuda.
El Rabí Pinjas se sentía agobiado con todo esto. Como ya no disponía de tiempo suficiente para estudiar, rezar y meditar de la manera que debía hacerlo, sentía que ya no estaba sirviendo a D-os adecuadamente. No sabía qué hacer. Necesitaba mayor privacidad y menos distracción. Pero ¿cómo iba a rechazar a docenas, incluso cientos de personas que realmente sentían que él les podía ayudar? ¿Cómo convencerlos que fueran a otro lugar, a consultar con otras personas más dispuestas y calificadas que él?
Fue entonces que se le ocurrió una idea: rezaría para recibir ayuda celestial para resolver esta situación. ¡Que fuera D-os quien dispusiera que la gente no se sintiera atraída por buscar su ayuda! ¡Que D-os lo hiciera indigno a los ojos de sus semejantes!
Como dicen: "El tzadik decreta y D-os cumple". El Rabí Pinjas rezó y sucedió lo que él quería. La gente dejó de ir a verlo. No solamente eso, sino cuando iba a la ciudad, era recibido fríamente y con miradas esquivas. Al Rabí Pinjas no le importaba para nada. En realidad, estaba encantado. Había podido volver a su ritmo de vida anterior y ahora eran muy poco frecuentes las oportunidades en que lo interrumpían.
Después pasaron los "Días Austeros" de Rosh Hashaná y Iom Kipur, y solamente faltaban cuatro breves y atareados días para hacer las preparaciones de la celebración de Sucot. En los años anteriores siempre se acercaban algunos estudiantes de la Ieshivá o vecinos a quienes les daba gusto poder ayudar al piadoso rabino a construir su sucá. Pero, esta vez no vino ni una sola alma. Nadie lo quería y a nadie se le ocurrió ofrecerle ayuda.
Como no era muy hábil en estos temas, el rabino se encontró sin saber qué hacer. Finalmente se vio obligado a contratar gentiles para que construyeran la sucá por él. Pero, el primer contratado no disponía de las herramientas necesarias y, como al Rabí Pinjas no lo querían, no le fue posible encontrar un solo judío dispuesto a prestárselas. Al final, la esposa del rabino consiguió que le prestaran algunas herramientas e incluso eso se hizo difícil por la actitud existente con respecto a su esposo. Lograron completar una frágil y mínima estructura cuando quedaban unas pocas horas hasta que empezara la celebración.
Mientras el sol se iba ocultando detrás de las ramas del bosque y la Rebetzin encendía las velas correspondientes, el Rabí Pinjas se dirigió rápidamente a la sinagoga. A pesar de sus costumbres solitarias, siempre respetaba la asistencia a las oraciones de la congregación en los días festivos; además, no quería perderse la oportunidad de poder convidar a un invitado para que compartiera la comida de Sucot, parte integral de la esencia de esta celebración.
En aquellos días, en Europa, una vez terminados los servicios, las personas que deseaban ser invitadas a participar de la comida se quedaban en la parte posterior de la sinagoga. A la salida, los dueños de casa los invitaban, contentos de poder concretar tan fácilmente la mitzvá de la hospitalidad. Pero, lamentablemente para el Rabí Pinjas, esto no fue tan sencillo. Aún quienes todavía no tenían un lugar para ir a comer y desesperaban por ser invitados a una sucá donde disfrutar de una rica comida, lo rechazaron sin pensarlo dos veces. Eventualmente, con excepción del Rabí Pinjas el tzadik, todos los que deseaban ser invitados y también quienes querían tener un huésped, quedaron satisfechos.
Caminando muy lentamente recorrió el camino a su casa, triste y un poco sacudido al darse cuenta que existía la posibilidad que nunca más pudiera tener un invitado, ni siquiera para la comida festiva especial de la primera noche de Sucot. Pero bueno, esto también era parte del precio de su libertad... ¿Verdad que valía la pena?
Una vez llegado a su sucá, el Rabí Pinjas se detuvo en la puerta y comenzó a cantar la invitación tradicional a los Ushpizín, los siete invitados celestiales que visitan cada sucá judía. Aunque no muchos tienen el privilegio de realmente llegar a ver a esos importantes invitados, el Rabí Pinchas era sin duda alguna uno de los pocos elegidos que anualmente pasaban por esa experiencia. Este año levantó la vista y vio al Patriarca Abraham, el primero de los Ushpizín y, por lo tanto, el invitado de honor a la primera noche de la festividad, parado al costado de la puerta de la sucá, manteniendo su distancia.
El Rabí Pinjas clamó angustiosamente:
- "¡Padre Abraham! ¿Por qué no entras a mi sucá? ¿Cuál es mi pecado?"
Y el patriarca le respondió:
- "Yo soy la personificación del Jésed, el servicio a D-os a través de actos de bondad. La hospitalidad era mi especialidad. No voy a participar de una mesa donde no hay invitados".
El cabizbajo Rabí Pinjas rápidamente reorganizó sus prioridades. Rezó para que todo volviera a ser como había sido, que pudiera encontrar la aprobación en los ojos de sus semejantes, tal como era anteriormente. Nuevamente recibió respuesta a su oración.
Poco tiempo después una multitud volvió a encontrar el camino hacia su puerta en busca de su guía y apoyo, pidiendo sus oraciones e implorando su bendición. Ya no podía dedicar todo, o incluso parte, de su tiempo a sus estudios de la Torá, a sus rezos y a su meditación. Pero, gracias a su santo invitado de Sucot, ya no veía que esto fuera un problema.

SUCOT
Durante cuarenta años, mientras nuestros antepasados atravesaban el desierto de Sinaí antes de entrar a la tierra santa, milagrosas "nubes de la gloria" los rodeaban y cubrían, protegiéndolos de los peligros y malestares del desierto.
Desde entonces, recordamos la amabilidad de D-os y reafirmamos nuestra confianza en su providencia morando en una suca, una choza de construcción temporal cubierta con un techo de ramas, durante el festival de Sucot (Tishrei 15-21). Por siete días y noches, comemos todas nuestras comidas en la suca y actuamos como si ella fuera nuestro hogar.
Otra observancia de Sucot es la de tomar las Cuatro especies: etrog (cidra), lulav (palmera), tres hadasim (ramitas de mirto) y dos aravot (ramitas de sauce). En cada día de la festividad (excepto Shabat), tomamos las cuatro especies, recitamos una bendición sobre ellas, las unimos en nuestras manos y las agitamos en seis direcciones: derecha, izquierda, adelante, atrás, hacia arriba y hacia abajo. El Midrash nos dice que las cuatro especies representan a los varios tipos y personalidades del pueblo judío, lo que acentúa la unidad que remarcamos en Sucot.
Sucot también se llama La Época de nuestra alegría; de hecho, una alegría especial impregna la festividad. Cada noche Celebraciones de las extracciones de Agua, evocando las noches de alegría en el templo santo con motivo de las extracciones de agua para ser usadas en el servicio del festival, llenan las sinagogas y las calles de canciones, música y bailes hasta las tempranas horas de la mañana.
El séptimo día de Sucot se llama Hoshana Raba ("Gran salvación") y cierra el período del juicio divino comenzado por Rosh Hashaná.
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