Las Fuerzas de Defensa de Israel rechazaron sin demora las acusaciones de la película NAZA que ganó el premio del jurado en el Festival internacional de Venecia, obra que asegura que Israel mató en la guerra civiles palestinos a la ligera , intencionalmente e inclusive casi como diversión. En Israel se dijo desde un principio que las acusaciones eran infundadas, lo cual no significaba alegar que en la guerra habían muerto también civiles.
A pesar de su rechazo inicial, el ejército pidió ver la película para poder verificar si había algún elemento que debía ser atendido sobre procederes indebidos de soldados, pero no recibió respuesta.
Una reacción más fundamentada que la primera casi automática, fue publicada unos días después. Y ahora, el ejército publicó una mucho más elaborada, tras un minucioso estudio de todos los elementos centrales.
A continuación, la respuesta amplia y detallada de las Fuerzas de Defensa de Israel.
La película “NAZA” presenta una imagen distorsionada, engañosa y deshonesta del proceso de planificación y ejecución de ataques de las FDI. La narrativa del film se basa en errores fácticos sustanciales derivados de representaciones manipuladas de la realidad.
En resumen, contrariamente a las afirmaciones que se desprenden de la película, entre otras cosas:
1. Las directivas vinculantes de las FDI distinguen de forma explícita, exhaustiva y clara entre operativos militares y civiles no involucrados en Gaza. Los procesos de selección de objetivos de las FDI se basan fundamentalmente en esta distinción, prohíben dirigir ataques intencionadamente contra civiles y exigen mitigar la posibilidad de causarles daños en la mayor medida factible.
2. Las FDI nunca han planificado, aprobado ni llevado a cabo ningún ataque en Gaza en el que se previera la muerte de 500 civiles o una cifra cercana a esa. Tampoco nadie ha alegado seriamente que un ataque de las FDI haya causado muertes a esa escala ni nada parecido.
3. La inteligencia artificial nunca ha seleccionado objetivos de forma independiente para ataques de las FDI. La identificación de objetivos para atacar es realizada únicamente por oficiales de inteligencia autorizados, los ataques son planificados por los profesionales pertinentes y la decisión de atacar la toman los comandantes operativos.
4. Las directivas vinculantes de las FDI nunca han concedido autorización automática para ataques contra objetivos que pongan en riesgo a un número fijo de civiles (como 20 en un ataque contra un operativo de bajo rango o 200 en un ataque contra un alto comandante, como afirma una persona en la película).
5. “Lavender” no es una base de datos de objetivos aprobados para atacar, sino una base de datos que asiste a los analistas de inteligencia.
6. Las directivas vinculantes de las FDI no permiten que una advertencia de evacuación para una zona sea tratada como una autorización para llevar a cabo ataques allí ignorando a los civiles que permanecen en el lugar.
7. Las FDI no ignoran las consecuencias de sus ataques, sino que actúan para evaluarlas, incluso en lo que respecta a daños civiles no intencionados, contrariamente a lo que se afirma en la película. Estas evaluaciones han motivado la revisión de cientos de incidentes durante las hostilidades y sirven de base para la extracción de lecciones aprendidas.
Si los cineastas hubieran realizado una verificación y corroboración adecuada y de buena fe de los hechos, tal y como exigen las normas profesionales, habrían podido identificar los errores sustanciales presentados en la película. El resultado final demuestra que no lo hicieron.
Muchos errores surgen porque los entrevistados, descritos como personas que sirvieron en roles de inteligencia de las FDI, por lo general se refieren solo a etapas limitadas e iniciales relacionadas con la inteligencia, en lugar de al proceso mucho más amplio de planificación y aprobación de ataques. Ese proceso no es responsabilidad de la inteligencia, sino de los organismos operativos que gestionan y llevan a cabo los procesos de selección de objetivos. En consecuencia, es evidente que en varios casos los entrevistados plantean especulaciones y suposiciones sin base fáctica.
Los cineastas optaron por no mostrar a muchas de las demás personas involucradas en el proceso completo de selección de objetivos: los responsables de la planificación que mitiga el daño a civiles, los asesores jurídicos que revisan los ataques propuestos y los comandantes responsables de aprobarlos o rechazarlos. El resultado, como se ha señalado, es una representación incorrecta y altamente engañosa de la realidad.
Para adaptarse a la narrativa que la película busca promover, los cineastas también omiten contexto esencial para comprender la guerra en Gaza y la conducta de las FDI durante la misma.
La película no otorga el peso debido a los motivos de seguridad de Israel para operar en Gaza ni a la Masacre del 7 de Octubre; a la estrategia deliberada de Hamás de escudarse e incrustarse dentro de la población civil, que es la causa raíz del daño a los civiles; ni a las innumerables acciones y métodos empleados por las FDI para mitigar el daño civil, incluyendo advertencias antes de los ataques, selección de municiones, planificación adecuada de los ataques, facilitación de ayuda humanitaria y más. Los procesos y decisiones que la película omite muestran lo que significó en la práctica el esfuerzo de las FDI por proteger a los civiles: inteligencia adicional requerida, planes modificados, ataques cancelados y oportunidades militares desestimadas. Estas decisiones restringieron el uso de la fuerza únicamente debido a los riesgos evaluados para los civiles.
Especialmente preocupante es la mayor distorsión de la realidad que realiza la película mediante el montaje manipulador de entrevistas, alusiones irresponsables a atrocidades históricas y la atribución falsa e infundada de intenciones maliciosas a las FDI.
Incluso el título de la película invierte la realidad. “NAZA” es un acrónimo del término en hebreo “Nezek Agaví”, que significa “daño colateral”. Este es un término profesional utilizado por todos los ejércitos respetuosos de la ley en el mundo para describir el daño incidental a civiles resultante de un ataque contra un objetivo militar, el cual sirve a los comandantes para evaluar la legalidad del ataque y adoptar medidas para mitigar el daño a los civiles en la mayor medida factible. Paradójicamente, la película retrata el esfuerzo y detalle excepcionales que las FDI dedican a estimar el daño civil en los ataques como indiferencia hacia las vidas humanas. En realidad, evaluar el daño previsto a los civiles en los ataques es un requisito del derecho internacional. Las FDI llevan a cabo esta evaluación para que los comandantes puedan determinar si un ataque es legal, ordenar precauciones adicionales, modificar el plan de ataque o cancelarlo, todo ello con el fin de mitigar la posibilidad de causar daños a civiles en la mayor medida factible, tal y como hicieron los comandantes de las FDI en numerosas ocasiones durante la guerra.
Varios entrevistados describen, con sus propias palabras, el peso moral que conlleva la participación en los procedimientos de selección de objetivos. Ese peso es real, y las FDI no lo desestiman: las decisiones que pueden costar vidas civiles se encuentran entre las más difíciles a las que se enfrentan los soldados y comandantes, y las FDI esperan que sus soldados sientan ese peso y actúen en consecuencia. Sin embargo, esa carga moral no es prueba de que las decisiones fueran ilegales o indiferentes a la vida de los civiles; refleja la seriedad con la que se tomaron.
Las trágicas consecuencias de las guerras no justifican la distorsión de los hechos. Un debate serio sobre el daño a los civiles requiere un relato riguroso de cómo se tomaron realmente las decisiones. La película no ofrece dicho relato; en su lugar, presenta un manifiesto simplista impulsado por una agenda clara. Busca crear la impresión de que las FDI actúan de manera inhumana. En realidad, los cineastas solo pueden crear esa impresión distorsionando los hechos, omitiendo el contexto esencial, ignorando las publicaciones y explicaciones previas de las FDI y añadiendo manipulación emocional y efectos de guión. Las FDI han actuado y continúan actuando con humanidad, aunque los cineastas hayan hecho todo lo posible por ocultar ese hecho.
Las FDI están abiertas a escuchar críticas genuinas sobre su conducta y conceden importancia a aprender de alegaciones fundamentadas y a mejorar continuamente sus prácticas. Se rigen y están comprometidas con el derecho internacional humanitario, sus procedimientos operativos están diseñados para aplicar esas obligaciones legales y operan unidades y mecanismos dedicados a mitigar el daño a los civiles. Las FDI no niegan las deficiencias y errores ocurridos durante la guerra; estos suceden en situaciones de combate complejas. Las sospechas de infracción de la ley o de las directivas de las FDI se examinan y, cuando corresponde, se abordan mediante medidas disciplinarias, investigaciones penales u otras vías.
Contrariamente a la práctica habitual, los cineastas no presentaron sus alegaciones a las FDI para su examen y respuesta antes de la publicación, ni facilitaron una copia de la película tras su proyección, a pesar de que las FDI lo solicitaron. Por lo tanto, para evaluar el contenido del film, las FDI se basaron en el relato detallado de un representante que asistió a una proyección pública, así como en otros testimonios públicos.





