En base a inforne de Elisha Ben Kimon en Ynet
Una revelación difundida por el portal israelí Ynet sacó a la luz la reciente advertencia planteada por la cúpula de Hamás, según la cual el grupo está en condiciones de perpetrar una ofensiva similar a la masacre del 7 de octubre. La dirigencia del movimiento advirtió que dispone de margen operativo para actuar en múltiples frentes: el interior de Israel, Judea y Samaria, e incluso en el plano internacional. En este contexto, el jefe de la Inteligencia Militar, general Shlomi Binder, precisó durante una sesión del Gabinete Político y de Seguridad que de los 6.000 terroristas que penetraron la frontera aquel 7 de octubre, 4.000 ya fueron abatidos, restando aún 2.000 contra quienes mantendrán el operativo hasta su eliminación.
Este giro de la organización supone un quiebre directo en su postura pública. Si bien Israel nunca creyó en las buenas intenciones de Hamas, la organización trataba de alegar que aceptaba el desarme, pero la realidad era otra. Diversas fuentes de seguridad e inteligencia en Israel destacan que no se registraba una proclama con tal grado de agresividad y directriz desde el inicio del conflicto, interpretándolo como una clara decisión de la cúpula de abandonar la vía diplomática ante los ojos de la comunidad internacional.
Las evaluaciones del estamento de defensa señalan que Hamás da por quebradas las opciones del pacto y prevé que Israel reanudará las maniobras militares en cuanto reciba el visto bueno internacional. Frente a ese escenario, la organización planea tomar la iniciativa estratégica y golpear primero. Los informes del sistema de inteligencia coinciden de forma unánime en que el grupo no cederá su arsenal voluntariamente y que cualquier eventual entrega de armamento formará parte de una maniobra de distracción: traspasarían únicamente piezas inservibles o detectadas previamente por las FDI para dar por cumplido el requisito, resguardando la masa principal de sus combatientes y pertrechos.
A pesar de que han transcurrido tres años desde la promesa formulada por el primer ministro Biniamin Netanyahu sobre la erradicación total del grupo, tanto el Gabinete como los altos mandos militares confirman que Hamás conserva capacidad operativa. Aunque se descarta un ataque de la magnitud del 7 de octubre, la cúpula defensiva advierte sobre riesgos concretos de incursiones locales, asaltos a posiciones del ejército e intentos de secuestro de efectivos. Ante este panorama, tanto las FDI como el Shin Bet consideran que las cláusulas del plan de paz referidas al desarme son vulneradas sistemáticamente, concluyendo que la neutralización del grupo requerirá una nueva incursión profunda de las fuerzas israelíes en la Franja, desestimando la eficacia de una eventual fuerza internacional.
Despliegue operativo y movimientos en el terreno
En el plano interno de la Franja, los miembros de Hamás modificaron su patrón de visibilidad. En lugar de camuflarse entre la población civil como en etapas previas, los operativos volvieron a dejarse ver en uniforme en la vía pública, asumiendo tareas de control y gobernanza sobre los residentes gazatíes.
Paralelamente, se ha detectado una movilización acelerada de material bélico desde las galerías subterráneas hacia infraestructuras civiles, incluyendo centros sanitarios e instituciones educativas, emulando la táctica empleada durante las fases de combate activo. Asimismo, el grupo comenzó a repartir armamento entre la población local con el fin de descentralizar y preservar sus arsenales ante eventuales exigencias de desarme.
Los análisis defensivos sugieren que la organización aprovecha el contexto político para consolidar sus filas, fabricar munición y captar reclutas. Hamás opera bajo la premisa de que Israel mantendrá contenidas sus operaciones militares de envergadura hasta la conclusión de las citas electorales en Israel (27/10) y Estados Unidos (3/11).
Capacidades militares y estructura actual
El brazo armado de la organización mantiene en sus filas a unos 30.000 integrantes —un volumen operativo cercano al registrado antes del 7 de octubre—, a los que se suman cerca de 50.000 empleados en la administración pública bajo su órbita. La captación de nuevos efectivos continúa activa, impulsada por el adoctrinamiento juvenil y los incentivos económicos en una plaza con salarios escasos. La unidad de élite Nukhba sigue contando con miembros operativos en la zona.
Sin embargo, evaluaciones vertidas por ministros del Gabinete indican una merma en la calidad operativa de los combatientes: presentan menor nivel de adiestramiento (limitado en gran medida a instrucción teórica para evitar la aviación israelí) y disponen de armamento de menor estándar. En la cadena de mando y control, las continuas eliminaciones obligaron a reemplazar entre 6 y 7 veces a los mandos en puestos clave, derivando en una jerarquía con menor experiencia.
En materia de artillería, se calcula que conservan cientos de cohetes de alcance corto y medio, aunque su capacidad para lanzar ataques masivos hacia territorio israelí se encuentra muy diezmada, si bien las FDI reconocen no haber localizado la totalidad de las bocas de lanzamiento (piring).
Existen además áreas dentro de la Franja donde el ejército no ejecutó maniobras terrestres profundas —tales como la zona humanitaria en Al-Mawasi, los campamentos del centro (Al-Bureij, Al-Maghazi y Nuseirat) y sectores de la ciudad de Gaza—, lugares que alojan depósitos, talleres de producción militar y túneles que continúan funcionales. Las estimaciones de las FDI apuntan a que Hamás logró reconstruir tramos significativos de la red subterránea en los sectores sin control militar directo.
En Judea y Samaria, la organización mantiene presencia operativa, si bien la acción conjunta de las FDI, el Shin Bet y la coordinación con la Autoridad Palestina limita su margen de acción. Respecto al frente externo, la ausencia de secuestrados retenidos en Gaza como elemento de presión desplaza su estrategia hacia la amenaza de capturar soldados o ejecutar acciones terroristas en el extranjero.
Mecanismos de financiación y control político
El flujo financiero de Hamás registró una mejoría reciente mediante transferencias desde el exterior —fundamentalmente procedentes de Irán y Turquía— utilizando divisas digitales que luego son convertidas a moneda local. La masa salarial para sus 30.000 combatientes, con un promedio de 3.000 shekels mensuales por efectivo, demanda un desembolso estimado en 90 millones de shekels al mes.
Para sostener la caja pública, el grupo impuso un esquema tributario sobre el comercio en Gaza, cobrando unos 10.000 shekels por cada uno de los aproximados 600 camiones que ingresan a diario, sumado al decomiso del 30% del valor de la carga en efectivo, lo que reportaba a las arcas de la organización unos 180 millones de shekels mensuales. Pese a que comerciantes locales señalaron que Hamás anunció la suspensión de esta tasa, COGAT y las autoridades israelíes no han verificado la efectividad de dicha medida y mantienen esquemas de supervisión gradual.
En el ámbito de la gobernanza local, Hamás conserva el predominio y bloquea el desembarco del comité tecnócrata. Las estructuras tribales o clanes locales (hamulas), proyectados inicialmente por Israel como posible alternativa de gobierno, perdieron peso a medida que se incrementó el flujo de suministros bajo control directo de la organización. Por el momento, la reconstrucción de la Franja permanece paralizada por falta de fondos, sin presencia en el terreno de la fuerza internacional ni de las iniciativas piloto proyectadas en zonas como Rafah.




