Sin olvidar que siempre, antes de elecciones, se habla de días decisivos, difícilmente puede haber otra situación en la que, como ahora, tanta gente en Israel siente que vota para determinar en qué tipo de país quiere vivir. Que haya discusiones entre los distintos candidatos sobre temas puntuales, sean de seguridad, política partidaria o economía, es más que normal. Sería inconcebible sin ello en cualquier país democrático. Pero lo que está en juego en Israel es otra cosa.
La pregunta central toca un punto muy delicado: la credibilidad e integridad nada menos que del propio primer ministro y su disposición a hacerse responsable por los asuntos que maneja en nombre del Estado. Se discute si Netanyahu vela por el país o por su futuro. Si se puede confiar en su integridad o, como dicen varias figuras, inclusive de derecha, que trabajaron con él y hoy se le oponen, que miente sin tapujos.
Quienes consideran escandaloso mencionar siquiera estos puntos, recuerdan que nadie tiene más experiencia que Netanyahu, que apoyar a otros sería hacer experimentos peligrosos para Israel, y que nadie tiene su capacidad.
No es fácil ver que más allá de las distintas fórmulas que los candidatos plantean sobre los temas en discusión, una de las exigencias más contundentes de todos los partidos de oposición, es formar una comisión investigadora del horror del 7 de octubre, para saber la verdad. No es fácil, decimos, porque el tener que estar luchando por ello no es una buena señal respecto a la actitud del gobierno.
“Quien esquiva la investigación, es porque tiene lo que ocultar”, declaró este sábado por la noche en la multitudinaria concentración ciudadana en la Plaza de los Secuestrados el rabino Elhanan Danino, cuyo hijo Ori fue uno de los seis secuestrados asesinados a fin de julio del 2024 en un túnel de Hamas. El evento fue convocado por el así llamado “Consejo de Octubre”, creado poco después de la masacre por padres de caídos el 7 de octubre, exigiendo que se investigue qué ocurrió.
La otra cara de la moneda, que plantean los defensores de Netanyahu, es que gracias a decisiones que tomó, se logró asestar muy duros golpes a enemigos claves de Israel, que hoy son incomparablemente más débiles que el 7 de octubre. Que los debilitó, es indudable, aunque no como anunció, ya que la victoria total no se consiguió en ningún frente. Y el gran tema es por qué tenía que llegarse al 7 de octubre.
No es secreto que Netanyahu se presenta como el mayor defensor de los intereses de seguridad de Israel, pero sus críticos sostienen que encabeza una coalición que sirve a intereses no sionistas. El punto central: su apoyo a las exigencias de los partidos ultraortodoxos que continúan oponiéndose al reclutamiento de sus jóvenes al servicio militar obligatorio, a pesar la urgente necesidad que tienen las Fuerzas de Defensa de Israel de otros casi 10.000 soldados para poder lidiar con todas las amenazas.
No es casualidad pues que tanto Gadi Eisenkot como Naftali Bennett, los dos principales candidatos de oposición, hayan prometido que los primeros temas que se pondrán sobre los hombros, serán la comisión oficial de investigación y garantizar que quien no se recluta no reciba fondos del Estado.
En los últimos días hemos cubierto dos eventos de campaña, uno con Eisenkot en Modiin y otro con Bennett y Yair Lapid en Raanana. Era notorio que estos temas son los que más emociones despiertan, pero también que entre los críticos de Netanyahu hay sed de un liderazgo diferente.
A decir verdad, más allá de lo que cada ciudadano piense de Netanyahu y su gestión, no es sano que una misma persona esté en el poder en forma consecutiva desde el 2009, con un año y medio de interrupción. Lo hizo posible una laguna en la ley israelí. que el bloque de cambio ya prometió cambiar.
Mientras tanto, en las últimas encuestas publicadas, el partido opositor Yashár de Eisenkot es el preferido, con una diferencia de entre 2 y 4 escaños sobre el Likud de Netanyhau. Sin embargo lo que cuenta son los bloques y en eso la situación es problemática ya que parecería que ninguno de los dos lados llega a 61 escaños, la mitad más uno de los miembros de la Kneset, necesaria para tener gobierno. Siempre existe la opción de tener un gobierno de minoría con apoyo desde afuera…o de llamar a nuevas elecciones. En este último caso, el de Netanyahu se convierte en un gobierno de transición, un escenario que preocupa a la oposición.





