Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

En Medio Oriente, finalizó una década absolutamente dramática


Israel se fortalece, pero las amenazas se multiplican

Los resúmenes generales al terminar un ciclo, no siempre reflejan lo que el ciudadano promedio siente en su vida diaria. Es difícil, mientras se trabaja y se cría hijos, tomar conciencia de los grandes procesos que ocurren a nuestro alrededor. Ni hablemos de la humanidad en general. Pero al haber finalizado no sólo un año sino una década, es oportuno tratar de mirar más allá de nuestro entorno más inmediato, de abrir el lente y entender qué ha sucedido.

Y probablemente la década que acaba de terminar haya sido la más dramática en muchísimo tiempo en Medio Oriente.

El primer drama

Comenzó con la esperanza de la entonces llamada “primavera árabe”, detonada por un incidente puntual en Túnez, cuando el verdulero Muhamad Boazizi se prendió fuego y se inmoló, en diciembre del 2010, en protesta por los intentos arbitrarios de las autoridades de quedarse con su modesto puesto. Esa acción poco común, detonó protestas callejeras en diferentes partes del país, contra el régimen del Presidente Ben Ali, que si bien había alcanzado varios logros económicos, torturaba, reprimía y actuaba claramente como una dictadura. En menos de un mes, Ben Ali renunció, tras 27 años en el poder.

Fue el comienzo de la caída de varias piezas, como un juego de dominó.

Lo que estalló no eran necesariamente llamados abiertos a la instauración de regímenes democráticos tal cual se los conoce en Occidente, pero sí a algo muy distinto de la situación reinante, en la que el ciudadano común, de a pie, no tiene nada que decir.

Gobernantes omnipotentes como Husni Mubarak en Egipto y Muammar Kaddhafi en Libia, tuvieron que abandonar el escenario. Menos de cuatro semanas después del cambio radical en Túnez, Mubarak renunciaba en Egipto, tras 18 días de manifestaciones contra su gobierno.Luego fue preso y años después absuelto, pero ya no volvió al poder. En Libia, Kaddhafi terminó muerto en el 2011 al ser hallado en un escondite. También en Yemen, el Presidente Ali Abdallah Saleh, que regía los destinos del país desde 1990, tuvo que renunciar en el 2012 debido a la revolución en su país. Cinco años después, fue asesinado.

También en Siria comenzaron, en marzo del 2011, los llamados a una apertura, a mayor respeto al ciudadano, a mayor libertad. La cruel represión del régimen de Assad, motivó manifestaciones más violentas en su contra. Lo que había comenzado como un levantamiento interno se convirtió, por la participación de fuerzas extranjeras, en la tribuna de confrontación central de la región, entre el eje favorable a Irán y el que apoya al Islam sunita encabezado por Arabia Saudita. Claro está que la democracia no fue el resultado de todo ello sino una guerra terriblemente sangrienta.

La singularidad de la situación siria, fue que el presidente Bashar el-Assad sobrevivió, a diferencia de varios de sus colegas, todos ellos  dictadores árabes que habían gobernado durante décadas sin interferencias, y finalmente fueron derrocados por sus propios pueblos.

Lo aquí descripto, fue el primer drama. Por primera vez, los ciudadanos de varios países árabes salían a las calles a exigir derechos.

En lo que a Israel respecta-en ese tema particular- ese proceso llevó a cierta introspección en países árabes. Comenzaron a multiplicarse artículos en la prensa reconociendo que su problema no era realmente Israel como sus gobernantes les habían hecho creer durante tanto tiempo, sino precisamente sus gobernantes. Al fomentar el odio contra Israel y presentarlo como enemigo- se escribió en diversos artículos en la prensa árabe- se lograba que la ciudadanía no piense en el verdadero problema, adentro, en su vida diaria. Los propios árabes lo comenzaron a comprender.

El segundo drama

Tras la ilusión de cambio, del comienzo de una nueva era, mejor, que traiga libertad y prosperidad, llegó la gran caída. El segundo drama fue la desilusión, la comprensión que la “primavera árabe” se había convertido en un “invierno islamista”. Cuando se dio al pueblo la oportunidad de votar, quienes emergieron fueron los islamistas radicales, como en Egipto, lo cual llevó luego a su derrocamiento. Pero además, lo más común, fue el desgarramiento interno.

Del fin de los regímenes autoritarios que habían gobernado durante decenas de años, no se pasó a una vida en mayor libertad sino a nuevos gobiernos que lejos están de la vida en democracia. La única excepción es Túnez.

Y los casos más terribles son Siria y Yemen, enfrascados en guerras que ya han cobrado enorme cantidad de muertos.

El Estado Islámico

La década que terminó, fue testigo de una de las expresiones más salvajes del Islam radical. Lo que era originalmente la representación de Al Qaeda en Irak, se convirtió en el Estado Islámico-DAESH en su sigla en árabe  que significa “El Estado Islámico en Irak y Siria”- que llegó a ocupar la tercera parte de Irak y la mitad del territorio sirio, alcanzando una superficie equivalente aproximadamente a Gran Bretaña, con una población de 8 millones de personas. En junio del 2014, su jefe Abu Bakr el-Baghdadi se autoproclamó Califa, provocando serias divisiones en el mundo musulmán, ya antes dividido entre chiitas y sunitas.

El terrorismo de Al Qaeda quedó empalidecido por las brutalidades de ISIS-la sigla en inglés de DAESH-, los degollamientos públicos y la esclavización sexual de mujeres y niñas, y el reclutamiento e indoctrinamiento feroz y cruel de niños arrancados de sus familias.

En la guerra finalmente declarada contra DAESH por Estados Unidos, parte de Europa y del mundo árabe, la organización islámica extremista perdió su base territorial. Pero el envenenamiento de cerebros a larga distancia continúa, y la organización afianza su presencia en partes del Sudeste asiático y de África. Fue un craso error del Presidente Trump declarar hace un año que ISIS está derrotado. No se halla en Oriente Medio como antes, eso es indudable, y no tiene la base geográfica que tanto le significaba. Pero no ha desaparecido.

Potencias regionales

Dos actores claros en el escenario regional, son  Turquía e Irán.

La Turquía de Erdogan es un régimen sunita que apoya el terrorismo de Hamas y hostiga a los kurdos, enemigos del Estado Islámico, con el que Turquía ha tenido relaciones comerciales aunque jamás lo admitió.

Pero quien merece especial atención es el Irán de los Ayatollas. La ambición de este último por exportar la revolución de Khomeiny de 1979 a toda la región, y  más que nada de crear nuevos frentes de choque con Israel, ha sido determinante en el complejo mosaico regional.

El año que terminó ha sido especialmente duro para Irán por el efecto económico de las sanciones impuestas por Estados Unidos y por la decisión del régimen de Teherán de destinar grandes sumas de dinero a apoyar organizaciones terroristas en el exterior y a los intentos de desestabilizar a gobiernos que se le oponen, en lugar de dedicarlos a las necesidades de su propia ciudadanía.

Los hechos de los últimos varios meses dejan en claro que Irán tira fuerte de la cuerda, en gran medida al parecer envalentonado por la gran demora-hasta hace  pocos días- de Estados Unidos en reaccionar a sus provocaciones y ataques.

Israel

En medio de un Medio Oriente en ebullición, desgarrado y nada más libre que antes, resalta la situación de Israel, fuerte económica y militarmente, aunque actualmente inestable políticamente, indudablemente muy distinto de su entorno.

Por un lado, Israel ha ido fortaleciéndose continuamente y es considerado hoy en día un ejemplo de emprendedurismo e innovación, de crecimiento y desarrollo. Esto no significa por cierto falta de problemas en el plano interno. Este tema lo abordaremos por separado. Pero por otra parte, se han multiplicado las amenazas a su alrededor.

Su principal enemigo, la República Islámica de Irán, es un desafío no solamente por la eventualidad que se convierta en una potencia nuclear. También el Irán convencional es un serio problema con el que Israel ya está lidiando intensamente, aún a riesgo-según confirmó días atrás el Comandante en Jefe de Tzahal el Teniente General Aviv Kohavi- de un enfrentamiento amplio y frontal. Por ahora, se trata de ataques, desde hace años, a blancos iraníes en Siria y hace ya un tiempo también en Irak, todos concebidos por los Ayatollas como una forma de aproximarse a un frente directo ante Israel, y como herramientas para hacer llegar misiles precisos a Hizbala.

Ahí está, en la milicia chiita pro iraní que es de hecho el brazo de Irán en Líbano, y que constituye de hecho la fuerza militar más poderosa del país de los cedros, el peligro inmediato más serio para Israel. La pregunta cómo se llegó a una situación en la que Hizbala tiene un arsenal estimado en 150.000 misiles, amerita un análisis separado. Pero es un hecho. Y si bien la evaluación es que en estos momentos a Hizbala no le interesa entrar en guerra con Israel, la mecha puede encenderse con facilidad en cualquier momento.

En el frente sur, también Hamas continúa fortaleciéndose militarmente en la Franja de Gaza, continúa oprimiendo a la población, y al mismo tiempo, en la práctica, negocia una tregua con Israel, aunque Israel siga diciendo formalmente que no habla con Hamas. Lo hace, a través de terceros. En gran medida, evidentemente, la intención es calmar el frente sur por la conciencia sobre la dimensión de la amenaza en el norte.

A modo de conclusión

El nuevo decenio no comienza con grandes esperanzas para el mundo árabe en Oriente Medio. Israel lo inicia con una crisis política sin precedentes, en camino a una tercera elección en un año, que no es seguro devuelva la estabilidad.

También en una situación sin precedentes, se imputó a un Primer Ministro en funciones, y Biniamin Netanyahu irá a juicio por sospecha de corrupción, si no logra convencer a la Kneset, Parlamento, que hay que darle inmunidad. Este tema, también, será tratado por separado en una entrevista con un jurista del Instituto Israelí de Democracia a publicar en esta página.

Paralelamente a todos los desafíos con los que lidia, no tenemos duda que Israel seguirá desarrollándose y fortaleciéndose. Además del problema en su sistema político, tendrá que atender las crecientes diferencias entre los que tienen más y los que tienen menos, y el gran tema de la plena inserción del sector ultraortodoxo  en el mercado laboral.

Casi de más está decir, aunque no hemos tratado el tema en detalle en esta nota, que consideramos clave hallar una solución al conflicto con los palestinos, lo cual depende de ambas partes, ni sólo de Israel ni sólo de los palestinos. Tal cual hemos expresado en distintas ocasiones, consideramos que anexar a Israel los territorios de Judea y Samaria, tal cual desean no pocos miembros de la actual coalición de gobierno, sería un craso error. El tema de por medio no es el vínculo histórico con dicha tierra, en la que surgió evidentemente la nación judía, sino la dimensión política de ello.

Anexar y dar derecho a votación a los palestinos que allí viven, es el fin del sueño sionista. No darles, equivaldría a sacar a Israel de la categoría de democracia. Eso, a nuestro criterio, también sería el fin del sueño sionista.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(2 de Enero de 2020)

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