Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

El Coronavirus y nosotros


La crisis en la que se halla el mundo todo nos inspira sentimientos contradictorios. Por un lado, por decirlo delicadamente, no es agradable sentir que uno debe andar por la vida pensando de dónde puede saltarle encima un virus. La publicación asidua-en Israel-de nuevas medidas para intentar frenar la propagación del Corona, causa cierta angustia y uno se ve cuestionando cómo se verá afectada la vida diaria. Se altera la rutina, eso es indudable, aún sin analizar los efectos terribles sobre la economía, que ya se están sintiendo. En Israel, cierran teatros, cines y estadios. Pero qué importa eso si se salva vidas.

Por otro lado, el Corona, en cierto modo, derriba fronteras. No soluciona conflictos ni convierte a los extremistas en moderados, pero da proporciones a las cosas.  Los virus cruzan límites nacionales, religiosos, ideológicos, y no sabe de fronteras. ¿No será una lección para la humanidad?

Hasta ayer, al momento de dirigirse al mundo el Director General de la Organización Mundial de la Salud Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, el virus ya estaba insertado en 114 países, habiendo infectado a más de 118.000 personas, y matando a 4.291. La mayoría en China (3100) y en el segundo lugar Italia.

También esto está relacionado al sentimiento que nos embarga con relación al Corona. Italia…en el corazón de Europa, si bien es un país con contradicciones y distintos niveles de desarrollo, es sin duda el Primer Mundo. Y está viviendo una situación sin precedentes porque sus autoridades no respondieron debidamente al peligro. Cuando se acordaron la situación ya se les había ido de las manos.

Esta situación puede hacernos sentir pequeños, víctimas de una epidemia que se estima aún empeorará. Pero también puede confirmar valores y actitudes que es bueno atesorar.

Israel, por ejemplo, un país pequeño en territorio y no grande evidentemente en población, tiene 82 casos de Corona confirmados pero más de 30.000 en cuarentena. Decidió de entrada tomar medidas estrictas y fuertes, que muchos criticaron al principio como producto de histéricas exageraciones, pero que son precisamente la razón por la cual no hay un contagio mucho mayor. Funcionó.

Corea del Sur, el ejemplo más importante hasta ahora. Supo controlar –tiene muchos menos casos aún que Israel- al adoptar la decisión correcta: realiza aproximadamente 5.000 exámenes de Corona por día, lo cual incide seriamente en la detección de los enfermos, a los que no hay que esperar en el hospital.

Pero lo central, a lo que queríamos llegar, es el valor de la solidaridad, la responsabilidad cívica, la conciencia de que nadie está solo en el mundo y por ende, para ayudarnos mutuamente, si vivimos en sociedad, debemos cumplir las instrucciones aunque nos incomoden, porque evitan contagios.  Es la base de la cuarentena, que a nadie le debe resultar cómoda. Pero es esencial, salva vidas, minimiza el riesgo, y todo eso ya está confirmado.

En otras palabras: no podemos frenar al Coronavirus con facilidad, pero ya se sabe que la envergadura de la crisis que está causando, depende de la sociedad, de su comportamiento, de su responsabilidad. Un mensaje nada malo por cierto, que nos recuerda cuánta fuerza puede tener el ser humano para actuar bien.

Y ahora, resta cuidarnos, lavarnos las manos antes de tocarnos la cara, mantener la higiene y esperar ansiosos que podamos volver a abrazarnos y besarnos a gusto al encontrarnos con alguien querido, sin temor a contagiarnos de Corona.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(12 de Marzo de 2020)

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