Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Identidad, de generación en generación


Pesaj, un eslabón especial, el legado de contar.

El pueblo judío es un mosaico multifacético, un milagro de la historia humana. Judíos religiosos, seculares, tradicionalistas, ateos, agnósticos , de derecha, de izquierda, ortodoxos, conservadores, reformistas, de diferentes colores y orígenes, tienen por cierto muchas diferencias entre sí, pero también un legado común. Quizás a parte de los judíos observantes de la práctica religiosa en su vida diaria, nuestra introducción resultará casi una herejía.  Pero más allá de definiciones formales, lo que nos une a todos por sobre las diferencias es la conciencia y sentimiento de pertenencia a una misma cadena, aunque vivamos el judaísmo de distintas formas.

Pesaj es en este sentido, creo yo, la fiesta más judía, si es que cabe el término, porque su  mensaje central no sólo es la libertad sino la necesidad de contar la historia de la lucha por esa libertad, de generación en generación.

Miré y escuché atentamente un video con una emotiva enseñanza del Rabino Jonathan Sacks de Gran Bretaña en la que cuenta que el pensador  francés Rousseau consideraba que Moshe Rabeinu, Moisés, era el líder más grande de todos los tiempos. “Lo era porque fue capaz de tomar a un conjunto de esclavos que huían y convertirlo en nación y no sólo eso, sino en la nación más tenaz que haya existido jamás en cuanto a la preservación de su identidad”, dice Sacks, explicando que la nación  hebrea mantuvo su identidad aunque perdió su tierra, su poder y su hogar.

“Rousseau lo creía, pero no entendía cómo eso había sido posible”, comenta Sacks. Y él mismo responde. “Parte de la respuesta está en el Seder mismo, en la Hagada, en la exhortación explícita a contar la historia a las generaciones venideras”.

“Moisés, cuando estaba por iniciarse el Éxodo de Egipto, reúne al pueblo y le habla del deber de contar la historia a sus hijos”, destaca el Rav Sacks, recalcando la importancia de perpetuar la memoria de generación en generación. Y eso está en la propia Hagadá.

Y aquí está el legado central: “Moisés entendió que la libertad no se gana en un momento sino que hay que luchar por ella en cada generación. O sea que hay que dar a los niños el obsequio de la identidad (quién soy), los valores (que nos enseñan cómo vivir) y el sentimiento de continuidad (que son parte de una historia que nos incluye)”.

“Para mantener la identidad, hay que contar la historia”, explica Sacks. “En este sentido, la educación es como una conversación entre generaciones. Y si lo hacen, la identidad es indeleble”.

La identidad es sentimiento, pertenencia y tradiciones. Este Pesaj transmitió un mensaje muy especial en este sentido, inclusive desde un punto de vista práctico. Por la necesidad de festejar cada uno solo, sin reunirse varias generaciones, cada uno debía mostrar su capacidad para preparar un Seder sin la ayuda de los padres que por cierto tienen más experiencia. Si bien hoy en día se puede consultar todo por las redes, acceder a Youtube seguramente también para preparar la “keará” con los símbolos  y por supuesto preguntar a mamá o la abuela cómo hacerlo, en definitiva la responsabilidad recae sobre cada hogar. Fue una forma de pasar la posta a los más jóvenes, unidos todos como eslabones en una cadena interminable.

En el transcurso de los tiempos, desde que apareció la primera Hagadá impresa en 1474 en Guadalajara, España, hubo más de 6.000 versiones de este tradicional libro que nos guía a lo largo del Seder en la primera noche de Pesaj. Así lo contó la Rabina Vanessa Ochs, que acaba de publicar “The Passover Haggada: A Biography”, en una entrevista a “The Times of Israel”. Ha habido algunas variaciones, pero lo central estaban en todas: la historia por la liberación de la esclavitud en Egipto y la indicación. “Y le contarás a tus hijos”.

“Dado que nunca hemos dejado de relatar, nunca hemos perdido la identidad, en todos los siglos y en todas las diásporas”, dice el Rabino Jonathan Sacks. A los que nos suceden, les legamos el recuerdo y la conciencia sobre el significado de ser parte, si les transmitimos “el conocimiento de quiénes son, el sentido de cómo vivir y la continuidad, para que puedan seguir sobre la base de lo que nosotros construimos”.

Para los judíos observantes, esto, lógicamente, debe pasar por el cumplimiento de las mitzvot y de la práctica religiosa. Esa, sostendrán, debe ser la base. Otros consideran que eso pasa por las tradiciones, las memorias del hogar en el que uno creció, las costumbres que se disfrutaron junto a los abuelos y más que nada, el sentimiento de lo que nos une con otros hermanos judíos de otras partes del mundo y realidades distintas, estén donde estén. Todos somos descendientes de aquellos hebreos que tras 210 años de esclavitud en Egipto-computados en el libro de Éxodo como 430, desde el pacto entre Abraham y D´s- salieron a la libertad…y se convirtieron en nación.

Y lo seguimos contando.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(9 de Abril de 2020)

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