Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Poniendo en contexto una muerte totalmente innecesaria


Iyad al –Hallak, de 32 años, no tendría que haber muerto. Era un hombre joven con autismo, que días atrás salió de su casa en el barrio árabe Wadi Joz de Jerusalem, como todos los días, en dirección a la institución  para personas con necesidades especiales que conocía desde hace años. Pero esta vez no llegó. Murió en un choque con la policía israelí.

Casi de más está decir que la propaganda palestina y otros críticos de Israel lo presentaron como un “asesinato a sangre fría”. La muerte de Iyad es un hecho, lamentablemente irreversible, además de totalmente innecesaria e inaceptable. Pero fue producto de una trágica cadena de errores y malas interpretaciones,  en una zona en la que en más de una vez hubo cruentos atentados terroristas. Este no fue el caso. Iyad no era un terrorista ni había hecho nada malo que pudiera poner a alguien en peligro. Pero todo se dio mal desde un principio. Una lectura equivocada inicial de los hechos que lo identificó erróneamente como un terrorista armado, echó a andar una bola de nieve que terminó terriblemente mal.

Cuando Iyad caminaba cerca de la Puerta de los Leones, junto a la Ciudad Vieja de Jerusalem, dos policías creyeron ver de lejos que tenía en la mano un objeto que podía ser un arma. Le gritaron que se detenga pero Iyad, que por su condición no soportaba gritos, se asustó y empezó a correr. Trató de huir de lo que consideró una amenaza. Tuvo miedo. Desde su punto de vista, los policías creían confirmar así que su primera percepción era la correcta: ese hombre es un terrorista. Avisaron a otra patrulla que estaba en otro punto de la zona, que un terrorista armado está tratando de huir. Otro par de policías lo identificó y lo persiguió. Iyad entró a un depósito de basura de un edificio, del que no había salida. Se escondió detrás de un contenedor de basura. En el lugar fueron hallados después varios impactos de bala. Dos de ellos, en el cuerpo de Iyad.

La investigación determinará si hubo negligencia o ligereza al disparar. Está claro que efectivos profesionales deben poder neutralizar a un terrorista-recordemos que pensaban que Iyad lo era- especialmente si está escondido, sin matarlo. Si supone un peligro inmediato, sí, disparan a matar. 

Al saberse ahora que Iyad era un hombre con autismo asustado, es fácil juzgar. Inevitable hacerlo. Pero aún dolidos por una muerte innecesaria, queremos tratar de entender el escenario en el que esta tragedia ocurrió. También policías y guardias armados cometen errores.  Aquí el escenario de fondo es la compleja situación en esta zona de Jerusalem, en la que terroristas armados atacaron repetidamente con armas de fuego o cuchillos tanto a efectivos armados como a civiles, frustrándose en repetidas ocasiones atentados de gran envergadura gracias a la rápida reacción de las tropas, a veces de compañeros de policías atacados que con su velocidad salvaron a mucha gente.

¿Ese fue el estado mental en el que los policías identificaron equivocadamente a Iyad como un terrorista? ¿Fue por eso que cuando corrió se convencieron de que estaba planeando algo? Claro que no es lógico pensar que podrían haber entendido que era un joven con autismo asustado y no un terrorista.

Lo seguro es que hay que ver cómo maniobrar entre el duro desafío de mantenerse alertas en una zona de conflicto y por otro lado extremar las precauciones para no cometer nuevamente un error de esta magnitud.

Una luz de aliento en medio de la tragedia

La familia de Iyad el-Hallak abrió, como es tradición, una “carpa de condolencias” a la que llegó mucha gente a presentar su pésame. Entre los visitantes, hubo no pocos judíos que fueron a expresar su dolor. De los primeros fueron, como siempre, los miembros de la organización “Tag Meir” encabezada por Gadi Gvariahu, convencido de que “cuanto más difíciles son estas visitas, más necesarias e importantes resultan”. Así nos lo dijo Gvariahu, recalcando que la solidaridad y capacidad de empatía con el sufrimiento del otro, es la razón de ser de su organización.

Al lugar llegó un visitante singular que despertó gran atención y trajo consigo un mensaje clave. Se trata del Rabino Arye Stern , Rabino jefe de Jerusalem, quien fue a la casa de la familia Al –Hallak acompañado por Fleur Hassan, alta funcionaria de la Municipalidad de Jerusalem. Ambos manifestaron su dolor por la tragedia, lo cual el padre de Iyad agradeció profundamente.

El rabino Stern dijo que trae “un mensaje de paz y reconciliación”, lamentó la muerte de Iyad y agregó que eleva una plegaria “para que no necesitemos armas en esta región, y para que termine el derramamiento de sangre”. El padre de Iyad Al-Hallak aseguró que “todos deseamos vivir en paz”.

La visita de duelo

 

En realidad, él sí, pero no todos. 

Mientras en Israel se oyeron por doquier expresiones de dolor por lo sucedido, por el trágico desenlace que costó la vida a Iyad, hay quienes continúan buscando demonizar a Israel. La serie de errores que costaron la vida de Iyad, es un hecho. Pero entre eso y la difamación y sarta de mentiras que se publican sobre Israel, hay una gran diferencia.

La propaganda palestina, que vive difundiendo mensajes de elogio al terrorismo y llamados a la violencia, tiene el tupé de presentar a los israelíes como asesinos, mientras ellos mismos dicen a sus niños que nacieron para morir matando judíos. Perdonen, suena terrible, pero ese es el mensaje que circula a menudo en las redes sociales y los medios palestinos.

A raíz del terrible asesinato de George Floyd en Estados Unidos a manos de un policía racista, circuló la foto espeluznante del repudiable efectivo uniformado apretando el cuello del hombre con su rodilla. Recibimos en nuestro celular de un servicio noticioso palestino, una foto montada, en la que de un lado está esa imagen registrada en Minessota y a su lado, otra escena muy similar de un uniformado de verde sobre un joven al que le sale sangre de la nariz. Lo presentan, claro está, como equivalencia israelo palestina del horror de Estados Unidos. El “pequeño detalle” es que nos percatamos enseguida del uniforme no israelí de la foto y hasta de algo que nos llamó la atención, que confirmamos al agrandar un poco la imagen. El uniformado  lleva el nombre bordado en su chaqueta, y está en español: Subteniente Venegas. No nos aventuramos a adivinar de dónde es esa foto, aunque tenemos teorías, porque no lo sabemos. De Israel, seguro que no.

Casi al mismo tiempo nos llega otro material, en la voz de Omar Barghouti, un palestino que estudió en la universidad de Tel Aviv y luego fundó el BDS en Ramallah. En unas declaraciones que quedaron registradas con su propia voz, confirma que si se logra concretar el objetivo del “retorno” de los refugiados a Israel, se estaría concretando el propósito del BDS (movimiento de boicot a Israel) de hacer desaparecer de hecho el Estado sionista.

Israel también puede cometer errores, y el incidente con Iyad Hallak fue trágicamente uno de ellos. Pero quien vive transmitiendo un mensaje de muerte y no de vida, no es Israel sino los extremistas palestinos. Quienes llaman a perpetrar atentados y elogian a los terroristas, no son los israelíes, sino los extremistas palestinos. Son demasiados los ejemplos que lo confirman, difundidos a diario por redes y medios de comunicación oficiales palestinos.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(4 de Junio de 2020)

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