Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Un nuevo aniversario del golpe de Estado en Uruguay


Este año no se cumple una fecha redonda, pero el 27 de junio no se puede olvidar. Tampoco ahora, 47 años después. 

En esta ocasión, compartimos parte del editorial que escribimos en el número especial de la edición impresa de Semanario Hebreo al cumplirse en el 2014 los 40 años del golpe.

“Desde el fin de la dictadura militar, Uruguay recuperó su democracia y por ende, su esencia misma. Su forma de ser. Ajena a su idiosincrasia le había resultado la guerrilla tupamara y ajenos  a su tradición fueron la intervención militar y el golpe de estado. 

La discusión sobre la naturaleza del MLN y sus acciones, continúa hasta el día de hoy. Entre quienes fueron sus miembros, se sostuvo siempre que su lucha armada era inevitable en el Uruguay de los años 60, alegando que por más que el gobierno de Pacheco Areco había  sido electo en las urnas democráticamente, gobernaba con medidas prontas de seguridad, en creciente autoritarismo. De fondo, son no pocos los testimonios que hablan sin embargo de la influencia de la revolución de Fidel Castro en Cuba. 

Pero más allá de la legítima discusión acerca del rol de la acción tupamara en el proceso de desestabilización de las instituciones democráticas en Uruguay, el golpe de Estado fue dado cuando los Tupamaros ya estaban derrotados. Ni los Tupamaros se levantaron para salvar al país de la dictadura, ni las Fuerzas Armadas dieron el golpe para salvar a Uruguay de los Tupamaros.

 Los militares de entonces  se excedieron de la lucha contra la guerrilla, se tomaron atribuciones que nada tenían que ver con reinstaurar la tranquilidad y la paz en el país, y lo peor de todo es que lo hicieron convirtiendo a cada uruguayo en un potencial enemigo. Ciudadanos fueron presos y obligados a sufrir física y sicológicamente, por pertenecer a grupos de izquierda, por haber donado al partido comunista, porque su nombre figuraba en la libreta de algún detenido, por haber hablado indebidamente, por pensar distinto. Se torturó por discrepar. Se robó bebés. Se mató. Nada justifica los crímenes de la dictadura. 

Desde estas líneas, no podemos dejar de dedicar unas palabras en especial a los presos judíos, que sin  duda sufrían más por su condición de tales, aunque su detención nada tuviera que ver originalmente con ella. Y no sorprende que entre golpistas haya habido pro nazis, fascistas en  cuya ideología el antisemitismo era un elemento más que natural. Hoy, décadas después de aquella larga noche uruguaya, la preservación de  una democracia sana y respetuosa de la ciudadanía, es un imperativo sagrado. Debe serlo, siempre, para todos los uruguayos”.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(27 de Junio de 2020)

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