Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

La injusta y tan prematura muerte de Sebastián Taranto, entre el dolor y la rabia


 

Estoy hace un largo rato frente a la pantalla pensando cómo se escribe un editorial así. Cómo intentar transmitir el dolor y frustración de tantos, por el fallecimiento de un joven que tenía aún tanto para dar y hacer en su vida. Seba, de bendita memoria, Ahron Haim Ben- Sara-se agregó a su nombre hebreo un segundo nombre,  Haim, vida, como clamor por él- era un hombre joven al que nunca conocí personalmente. Pero conozco a su madre Sandra Veinstein, buena como el pan, y el solo imaginar su dolor, el de su esposo Elías, su hijo mayor Mauricio y toda la familia, desgarra el corazón. Y seguramente no podemos imaginarlo siquiera en toda su dimensión.

Dolor y rabia, escribimos en el título.

¡¿Por qué tenía que morir un joven a los 28 años?! ¡¿Por qué el maldito virus se lo tenía que llevar?! ¿Por qué las plegarias de tantos, judíos y cristianos, en Uruguay, Israel, en varias partes del mundo, las iniciativas solidarias lanzadas por distintas instituciones para hacer fuerza por él, no fueron escuchadas?

Sí, ya sé…con esto entro en un terreno complejo. Gente muy creyente –y no sólo judía- dirá seguramente que nosotros no podemos entender cabalmente los caminos de D´s. Que Él puede ver todo y  nosotros podemos captar sólo una pequeña parte. Que cada uno tiene una misión y se ve que Sebastián ya había cumplido la suya en este mundo.Y su alma seguirá haciendo bien en el más allá. Porque así era, dicen todos, un buen muchacho, de buen corazón.

Que su alma no desaparece, probablemente la mayoría de nosotros concordará con ello, aunque nadie ha vuelto para contarlo.  Pero…¿y el sufrimiento? ¿Y la familia de duelo? ¿Por qué?

La familia de Sebastián, de Ahron Haim Ben-Sara, seguirá viviendo y no lo olvidará jamás. Sandra, como docente sobre la Shoá, pilar del Centro Recordatorio del Holocausto, hija del sobreviviente de la Shoá Samuel Veinstein (z”l), sabe que se sigue adelante. Si su padre pudo después de los horrores que vivió, también ella y Elías podrán. Desde hace unos meses son abuelos y saben que hay por qué vivir.

“No vamos a bajar los brazos. Él va a salir. Él va a salir”, decía un mensaje de audio que nos mandó días atrás Sandra respondiendo a nuestra pregunta sobre cómo va todo y si hay alguna novedad.  Seba no pudo salir. Y aún con rabia, me quiero aferrar, sí, a la idea que tiene una misión por todos nosotros, en el mundo de los Justos en el que está ahora.

De fondo, no es secreto que hay una gran polémica sobre la política del gobierno para frenar la pandemia. No es nada fácil. Cerrar el país tendrá derivaciones que complican todo por muchos frentes. Blindar abril, pidió el profesor Radi del GACH . En la mortalidad está incidiendo la gran cantidad de gente en las salas de CTI, lo cual afecta la calidad de la  atención. Por más abnegados que sean, los médicos y enfermeros tienen 2 manos cada uno, nada más.

Pero algo hay que cambiar. No puede ser que shoppings, restaurantes y otros lugares no indispensables estén abiertos como si aquí no pasara nada.

Con respeto y cautela, considero que el Presidente de la República tiene que hallar otro equilibrio en la política a seguir contra el COVID-19. En este punto, o mejor dicho desde hace rato, parece ineludible cerrar en forma más estricta. La “libertad responsable” que tanto admiración me inspiró meses atrás, se terminó.

Pero no menos importante es la responsabilidad de la gente. Mejor dicho, la irresponsabilidad. ¿Se precisa una orden del gobierno, una multa, para cuidarse y entender que con eso uno cuida a todo su entorno?

Hay que cambiar de rumbo. No se puede seguir, en un país de 3 millones de habitantes, con casi 4.000 casos nuevos por día. Es una catástrofe. Todos tienen lo que aportar. Todos y cada uno. En concientización, en información correcta, los padres con sus hijos respecto a adónde van y qué hacen. En tapabocas ineludibles en todos lados y hasta dentro de casa, si uno por alguna razón sale de su burbuja. Es la hora de la verdad.

A Sebastián nada de eso le devolverá la vida. Pero salvará otras. Cada una, es un mundo entero.

Bendita sea la memoria de Ahron Haim Ben-Sara. Vivirá por siempre en corazón y el recuerdo de su familia y tanta gente que rezó por él.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(10 de Abril de 2021)

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