Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Ni 7 días de gracia


Estaba claro de antemano que eso de “100 días de gracia” no fue inventado para ningún gobierno de Israel, por los numerosos desafíos con los que tiene que lidiar el Estado judío. Pero claro que aún sabiéndolo, lo que ocurre ya en la primera semana, uno o dos días después de asumir el gobierno, bate records.

El domingo 13 de junio asumió el nuevo gobierno encabezado por el Primer Ministro Naftali Bennett, de fondo ya días antes circulaban por las redes palestinas amenazas y advertencias de todo tipo, el martes fue la Marcha de Jerusalem por la tarde, y horas antes ya volaban los globos incendiarios lanzados desde Gaza hacia territorio de Israel.

Fueron más de 20 los incendios provocados por los mismos. Israel decidió cumplir la promesa formulada tras el logro del alto el fuego semanas atrás: no ser tolerante y permisivo para con ningún tipo de ataque desde Gaza. No reaccionar solamente si hay cohetes sino también a los globos que pueden llegar, a pesar de su aspecto inocente, cargando en el hilo sustancias incendiarias o cargas explosivas. Por ende, por la noche atacó posiciones armadas de Hamas. Nada muy importante al parecer, y sabiendo que no habría allí nadie. Pero al menos respondió, transmitiendo un mensaje: hablamos en serio.

A pesar de esos ataques de respuesta, también al día siguiente, o sea este miércoles, fueron lanzados globos incendiarios, aunque en mucha menor cantidad. A través de Egipto, Hamas hace llegar el mensaje a Israel: no respondan a los globos.

Hamas intenta crear una ecuación según la cual siempre que aparece alguna discordia o motivo de tensión en Jerusalem-o siempre que la inventan- ellos tienen derecho a atacar, presentándose como defensores de Al Aqsa. Esto, aunque se trate de una de las más grandes mentiras de los últimos años, eso que “Al Aqsa está en peligro”.

Lo repitieron también en relación a la Marcha de Jerusalem, que no pasó nunca ni tampoco esta vez ni cerca de la mezquita. Pero a los terroristas y radicales no se los puede confundir con los hechos ni la verdad.

Era inconcebible a nuestro criterio cancelar la Marcha de Jerusalem por las advertencias de Hamas. Pero consideramos que fue un error permitir que parte de los participantes pase por el barrio musulmán de la Ciudad Vieja. Totalmente innecesario. Cuando Israel liberó la Ciudad Vieja de la ocupación jordana, en junio de 1967, el punto central era llegar al Muro de los Lamentos, el santuario más sagrado, al que los judíos tenía el acceso vedado. No hay por qué celebrarlo pasando por el barrio musulmán.

Y me pregunto qué creen que aportaron los fanáticos que gritaron “Muerte a los árabes”, una pequeñísima parte de los participantes, pero suficiente para resultar algo vergonzoso. Llevar la bandera de Israel en una mano y gritar eso, es indigno y absolutamente condenable.

De todos modos, que esté claro: esos gritos, que rechazamos en forma terminante, no justifican ningún ataque a Israel. Casi diríamos que esos gritos son consecuencia del terrorismo y el extremismo árabe, pero nuestra intención no es en ningún momento minimizar la gravedad de esos cantos ni sonar como quien los justifica. Para nada. Pero sí tratamos de poner los puntos sobre las íes sobre el problema de fondo.

Y cuando de Jerusalem se trata, el problema es que todos los numerosos jóvenes palestinos que gritaban a los judíos “¡Fuera, fuera!”, crecieron oyendo a sus líderes distorsionando la historia, diciendo que Jerusaem fue y seguirá siendo su capital, y que los judíos se la robaron. Y nada más lejos de la verdad.

Pero Jerusalem y las amenazas de Hamas, no son el único desafío del nuevo gobierno de Israel. Hay mucho con lo que lidiar.

Ante todo, en ese mismo tema, hay que decidir cómo avanzar hacia un arreglo con Gaza, del que mucho se ha hablado, recuperando los cuerpos de los dos soldados muertos, y a los dos civiles que se hallan en manos de Hamas.

Y está la relación de gran importancia estratégica con Estados Unidos para la qu ees imperioso desarollar una buena relación con la administración Biden.

Y Rusia de Putin, con quien la relación bilateral es importante también por la situación en Siria, en la que Irán trata de instalarse y es golpeado una y otra vez por Israel.

Y la importancia que tendría que los contactos con Arabia Saudita detrás de las bambalinas  pasen a otro nivel. Y que otros se sumen a Bahrein y los Emiratos Árabe Unidos.

Y ni que hablar de la amenaza que suponen Irán y Hezbolá.

Y la avanzada edad del Presidente palestino, al que Israel ve en parte como enemigo y al que por otro lado prefiere, si compara con Hamas.

Cabe desear pues al nuevo gobierno de Israel, que tenga una firme columna vertebral. Que sepa combinar todo con claridad de pensamiento. Y que recuerde que es mejor ser inteligente que tener razón.

 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(18 de Junio de 2021)

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