Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Olimpíadas : entre campeones y cobardes



Los Juegos Olímpicos en Tokio, a pesar de la decepción que provocó la pandemia al hacer imposible la presencia de público en las competencias, son un escenario perfecto para destacar grandezas y revelar debilidades, todo ello mucho más allá del podio. Allí están no sólo las pistas de competencias sino las que nos permiten saber quiénes son verdaderos campeones. Y quiénes no se merecen el título.
Estos días impactó la gimnasta estadounidense Simone Biles al tener la valentía de hablar abiertamente sobre problemas emocionales, sobre lo importante de hacer lo que uno considera correcto y no lo que el mundo todo espera. Ya antes de esta mirada de frente era merecedora de gran respeto, pero no sólo por sus logros deportivos sino por haberlos alcanzado a pesar de la vida difícil que tuvo de niña y jovencita. O sea que campeones se consagran no sólo con medallas sino con una determinada actitud.

Y cuando de actitud se trata, uno de los elementos es el respeto a los colegas, a los adversarios en la pista, sean quienes sean, vengan de donde vengan. Lamentablemente, hay casos en los que eso no se cumple…cuando se trata de algunos deportistas árabes o musulmanes –afortunadamente una pequeña minoría- que crecieron al parecer en un ambiente de odio a Israel y no están dispuestos a competir con sus representantes o a saludarlos.

Por eso, actuó muy bien el Comité Olímpico Internacional al ordenar esta semana que dos judokas que rehusaron enfrentarse a rivales de Israel, regresen a sus respectivos países y pierdan las credenciales olímpicas. El Comité aseguró que “tomará todas las medidas necesarias” contras los atletas en cuestión, por “violar las reglas olímpicas”.

El primero en hacerlo estos días en Tokio  fue el argelino Fethi Nourine quien se retiró para no competir con el israelí Tohar Butbul en la categoría de 73 kilos, diciendo que su apoyo a los palestinos no le “permite” enfrentarse a un israelí. Dos días después, el sudanés Mohamed Abdelrasul no se presentó el enfrentamiento con el mismo judoka israelí, despotricando explícitamente contra Israel y alegando que ello se debe a su “apoyo” a los palestinos.  

Nos preguntamos en qué ayudan estos gestos discriminatorios a los palestinos. Se nos ocurre que –por ejemplo- si se presionara a los terroristas de Hamas que gobiernan Gaza a dedicar recursos a su pueblo y no a su infraestructura armada, la población palestina de Gaza estaría mucho mejor. Pero…claro…queda mucho mejor boicotear a deportistas israelíes.

James Macleod, director de solidaridad del Comité Olímpico Internacional, dijo que se había retirado la acreditación olímpica tanto a  Nourine como a su entrenador Amar Banihklef y que ambos habían sido enviados de regreso a su país. El comité ejecutivo de la Federación Internacional de Judo suspendió temporariamente al judoka argelino y su entrenador y el Comité Olímpico Argelino les retiró la acreditación. La Federación Internacional de Judo destacó el énfasis que pone en la no discriminación .

Las iniciativas particulares de tales o cuales atletas, o las indicadas por sus gobiernos-como ocurre en el caso de los judokas iraníes- tienen de fondo el  sentimiento de odio a Israel que durante tantos años fue fomentado en el mundo árabe y musulmán, lo cual en gran medida continúa también hoy.  Que esté claro: eso no es producto del conflicto con los palestinos, sino un fenómeno que comenzó  con la creación misma de Israel y el sistema del boicot oficial del Estado judío que se manejó durante años desde El Cairo, hasta que Egipto firmó la paz con Israel.

Pero ni eso impidió que en las Olimpíadas del 2016 en Río, el judoka egipcio Islam El Shahaby rehuse estrecharle la mano a su rival israelí Ori Sasson cuando éste lo venció en la categoría de más de 100 kilos.  Lo enfrentó, pero no aceptó saludarle, se dio media vuelta dejó a Sasson con la mano en el aire cuando la extendió para saludarle.

Estas actitudes discriminatorias carentes de todo espíritu deportivo, difícilmente sean frenadas totalmente. Pero lo central es que las autoridades reaccionen debidamente, tal cual está haciendo esta vez el Comité Olímpico Internacional, y tal cual reaccionó la Federación Internacional de Judo al imponer una sanción de alejamiento por cuatro años a la Federación de Judo de Irán, por la posición oficial del régimen contra enfrentamientos a rivales israelíes.

Y esto va de la mano del logro histórico plasmado este año en el minuto de silencio en el estadio olímpico de Tokio, en el que se recordó explícita y públicamente por primera vez a los 11 atletas israelíes asesinados en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 por terroristas palestinos. Si bien se elevó su memoria junto con la de los muertos por Covid y los deportistas que ya no están por muerte natural, el mencionar explícitamente a los israelíes por primera vez en 49 años, fue histórico. Y eso fue el logro de  dos luchadoras, Ilana Romano y Ankie Shpitzer, viudas de dos de los atletas asesinados en Munich. Lucharon denodadamente durante años tratando de convencer al Comité Olímpico a honrar la memoria de sus esposos asesinados. Y al final, con el Presidente actual-de Alemania justamente-, lo lograron . Y lo escucharon directamente en el estadio, con los ojos llenos de lágrimas.

Campeonas que no dieron el brazo a torcer.

Y otro gran campeón es el judoka iraní Saied Mollaei, que finalizó su participación en la olimpíada con medalla de plata. Pero no por eso. Mollaei fue obligado en el 2019 por su gobierno a perder en un campeonato internacional para no enfrentarse a un israelí, y a raíz de ello decidió desertar, logró instalarse en Alemania, no volvió a ver a su famiia, y comenzó a representar a Mongolia, para tener un marco formal que le permita seguir avanzando en su carrera.
Lo interesante de todo ello es, entre otras cosas, su amistad personal con el israelí Sagi Muki, al que llama claramente “mi hermano, mi amigo”. Se mantuvieron en contacto por las redes y lograron encontrarse, y estaban especialmente emocionados cuando Saied pudo viajar a competir en Tel Aviv.
Este martes, antes de partir de Tokio de regreso a Alemania, conversó con Jadashot 13 de la televisión israelí y dedicó su medalla a sus amigos israelíes, expresándose calurosamente sobre Israel, cómo se sintió al visitar y cómo fue recibido. Tocando orgulloso la medalla de plata conseguida poco antes, destacó su profundo aprecio por Sagi Muki-al que no le fue bien en esta olimpíada- , dijo que el pueblo israelí “es de buena gente” , que le había gustado mucho Israel  y que tiene numerosos amigos israelíes.
El deporte puede ser mal utilizado como escenario para expresar odios y discriminación. Pero debe ser un puente de diálogo y acercamiento.
Por eso, días atrás se destacó mucho en Israel el apretón de manos en Tokio entre el israelí Ronen Ginzburg , DT de la selección de basket de la República Checa, y el iraní Mehran Shaintab, entrenador de la selección de su país, que se saludaron al final del partido en el que los checos salieron victoriosos. Cabe suponer que el iraní sabía de dónde venía el entrenador del otro equipo.
Por la importancia de estos gestos, por el deseo de vivir con normalidad, recordamos aún claramente al judoka israelí Tal Flicker cuando subió al podio en Abu Dhabi en el 2017 y tuvo que cantar el himno nacional “Hatikva” solo, moviendo los labios, sin bandera. Y cuánta agua ha corrido bajo el puente desde entonces, para bien. 

Al argelino y al sudanés que se avergonzaron a sí mismos y a sus respectivos países en Tokio, no se les agregó una pizca de honor por su actitud. Y por cierto, tampoco ayudaron en nada a los palestinos.

Mejor tener bien presentes a los campeones . No campeones por medallas sino por actitud.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(28 de Julio de 2021)

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