Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Israel, entre los intereses, la política y la moral: no sólo en el caso de Rusia y Ucrania


 

Cuando estalla un conflicto de la envergadura del actual entre Rusia y Ucrania- es enorme aún antes de haber comenzado formalmente una guerra- con tantas derivaciones internacionales, queda claro bastante rápidamente de qué lado está cada uno. Uno sabe en general cómo se posiciona cada país o cada bloque respecto a un diferendo que  aunque parezca regional, tiene una clara dimensión internacional. Al menos, los relativamente cercanos o relevantes para el caso.

Pues Israel está en aprietos. Aún no ha decidido qué línea seguir en el conflicto entre Rusia y Ucrania, dos países con los que Israel tiene buenas relaciones.

Se estima que Israel no podrá evitar pronunciarse en condena de lo que está haciendo Rusia : la concentración de tropas en la frontera con Ucrania, el envío de las artificialmente llamadas “fuerzas de paz” a los dos distritos separatistas en el Este de Ucrania y el reconocimiento por parte de Moscú de la independencia de dichas regiones, señalando inclusive que Ucrania no tiene legitimidad como Estado soberano.

La gran pregunta es qué terminología usará, tomando en cuenta la relación cercana que tiene con Vladimir Putin. No se puede subestimar la importancia de mantener ese buen vínculo, más que nada dado que en el medio no hay solamente necesidades diplomáticas sino de seguridad, como por ejemplo la libertad de acción de Israel en los ataques aéreos a blancos iraníes hostiles a Israel en territorio sirio, zona de influencia también de Rusia. Esa  libertad de acción de Israel tiene mucho que ver con la coordinación con Moscú.

Por otro lado, Israel no tiene ningún interés en arruinar sus relaciones con el Presidente ucraniano Zelensky. Si bien parece que Kiev no ha visto con buenos ojos la mudanza temporaria de la Embajada de Israel a Levov, el hecho es que otros países se fueron mucho antes y algunos hasta retiraron a todos sus diplomáticos del país. Es indudable, de todos modos, que aquí nadie saldrá totalmente satisfecho.

Podría decirse que condenar a Rusia por su comportamiento agresivo no sólo es cuestión de moral política, sino también una consideración estratégica dado que Estados Unidos se le opone,anuncia sanciones inmediatas –aunque no las más duras concebibles- y el Presidente Joe Biden se ha manifestado este martes en forma terminante al respecto.

Y ese punto es importante dado que Israel proclama una y otra vez que Estados Unidos es su principal aliado. Es cierto. Pero…¿Acaso Washington está tomando en cuenta a Israel en las negociaciones de un acuerdo nuclear con Irán? Parece que no. ¿Y será porque así le “devuelven” por tener buena relación con Moscú?

Un laberinto complicado.

Ineludiblemente, este mosaico nada sencillo para Israel en el tema ruso-ucraniano, nos recuerda otro caso histórico en el que los intereses geopolíticos chocan con las consideraciones morales: Turquía.

Como es bien sabido, Israel tiene bien claro que los turcos son responsables del genocidio armenio en 1915, pero nunca lo ha reconocido formalmente, lo cual constituye sin duda –a nuestro criterio- un serio problema a resolver, por su peso moral, especialmente para el Estado judío, después de la Shoá.

Ello no se debe a que Israel minimice el sufrimiento armenio o la culpa turca, sino  que se debió siempre al serio desafío de lidiar con un entorno complejo, en el que Israel estaba totalmente aislado y Turquía, país musulmán, tenía muy buenas relaciones con Jerusalem. No era un elemento a despreciar en la difícil situación de Israel en la región, hostigado durante décadas por sus vecinos.

Pero la situación ha cambiado. Israel ya no está aislado. Firmó la paz con Egipto y Jordania hace décadas, ahora también tiene relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Marruecos  y Sudán y es considerado un actor regional clave. No es que hayan desaparecido sus enemigos, en absoluto, pero su situación indudablemente ha mejorado. Eso, sumado a su obligación moral, debería ser suficiente para hacer el reconocimiento formal del genocidio armenio. ¿Para qué sirve? Simplemente para actuar bien.

Claro que en el interin comienzan a mejorar las relaciones con Turquía deterioradas desde hace muchos años, y todo se vuelve a complicar.

Soy consciente…es mucho más fácil opinar desde el teclado que estar en los zapatos de quienes toman decisiones y por ende tienen la responsabilidad de maniobrar con todas estas piezas juntas. El desafío no es fácil. Nada en esta región lo es.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(22 de Febrero de 2022)

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