Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

A un mes de la masacre, yo acuso.


 

Tengo claro que quienes están convencidos que Israel es el criminal en esta guerra y no quieren o no son capaces de comprender por qué y cómo se inició, no tienen para qué leer estas líneas. Quienes se encierra en la burbuja de “no me confundas con los hechos”, ahórrense el tiempo.

Esto es para quienes sí están dispuestos a escuchar aunque quizás tiendan a ver en Israel el culpable. Para quienes quieren realmente saber qué pasa.

Y a ellos, quiero explicar por qué yo acuso.

Acuso ante todo, a los terroristas de Hamas y sus cómplices, que irrumpieron hace un mes por miles a territorio israelí, armados hasta los dientes, y cometieron una masacre en la que asesinaron a 1.400 personas, la mayoría civiles y también  hirieron a varios miles de personas. Los acuso de haber asesinado de las formas más terribles, ensañándose también con los cuerpos, torturando a hijos frente  a los ojos de sus padres atados, a padres frente a la vista de sus hijos pequeños. De haber decapitado bebés, mujeres y hombres. De haber quemado gente viva y de haber ahogado en casas en llamas a gente que se había ocultado en el refugio para protegerse de los cohetes pero fueron allí víctimas de esas bestias salvajes. De haber matado y herido a paramédicos mientras atendían heridos o estaban en camino a hacerlo.

Los acuso de haber secuestrado a más de 240 personas a las que arrancaron de sus casas, la enorme mayoría civiles, incluyendo niños y bebés, ancianos, discapacitados y gente enferma. El más pequeño,Kfir Bibas, cumplió 10 meses en cautiverio.

Acuso no sólo a los terroristas. Acuso también a los civiles palestinos que entraron a las comunidades civiles en las que muchos de ellos habían trabajado, para robar y matar.

A los civiles que se habían ganado la vida dignamente trabajando en territorio israelí, pero traicionaron la confianza y oportunidad que se les dio, brindando información precisa a Hamas . Entre las ropas de algunos de los eliminados en los combates en las comunidades asaltadas, fueron hallados permisos de trabajo en Israel.

Acuso a todos aquellos palestinos de Gaza que vitoreaban felices a los gritos de “Alá hu-Akbar” (Dios es grande---pobre Dios, digo yo, que profanan su nombre de esa forma) al  paso de los vehículos de los terroristas con secuestrados a bordo, vivos o muertos, evidentemente maltratados y vejados. A los que patearon y escupieron el cuerpo sin vida de uno de los secuestrados bajado como una bolsa de basura de una camioneta de Hamas. Yo lo vi, no me lo contaron. A los que golpearon en las costillas a la secuestrada Yojeved Lifshitz de 85 años, cuando la llevaban en una moto en camino a Gaza. Estuve en su rueda de prensa en el hospital Ijilov, la oí. Y al niño que escupió al cuerpo de Shani Luck, una jovencita secuestrada en el festival de música Nova junto al kibutz Reim, que parecía claramente haber sido no sólo asesinada sino maltratada . A todos esos ¿también hay que verlos como “civiles inocentes”?

Al mes de la barbarie, varios de cuyos horrores he visto con mis propios ojos, acuso a todos los que desmienten, minimizan o relativizan el horror de la barbarie de Hamas. A los ignorantes que dicen que no ocurrió, que no lo creen, que no puede ser, a los mal intencionados que dicen que por algo será, lo cual es una justificación del horror.

Acuso a los hipócritas que salen a manifestar por las calles de Europa y América Latina contra los femicidios y en favor de la comunidad LGBT pero no dicen nada ante los crímenes de una organización terrorista sanguinaria que envió a sus hombres a irrumpir a comunidades civiles pacíficas, con instrucciones claras de matar y violar. Que no se rasgan las vestiduras contra los terroristas que bajaron a esa chica del jeep, con las manos atadas a la espalda, y una mancha de sangre en sus partes traseras, clara prueba de su violación violenta. Su imagen me tortura porque no puedo dejar de imaginar lo que sufrió. Ella y todas las otras mujeres violadas con tan violencia que les rompieron la pelvis.

Acuso a los que tienen el tupé de salir con los gritos de “Ni una más” , pero no salen a manifestar en apoyo a  las víctimas de Hamas, una organización terrorista, violenta, que secuestró a abuelas, madres y niños, que mató a padres  y se llevó a sus hijos, que mató a familias enteras y quemó niños vivos y disparó a refugios desde los que se oía llantos de niños pequeños hasta que se apagaron las voces y entendieron que habían muerto, como reveló uno de los propios terroristas capturados vivos en su interrogatorio.

Acuso a los que manifiestan por derechos de minorías y no dicen nada contra crímenes contra inocentes, de mayorías y minorías por igual…porque recordemos que entre los asesinados, heridos y secuestrados, hay junto a la mayoría judía, también israelíes miembros de la minoría árabe musulmana, incluyendo una mujer beduina embarazada que llevaba hijab y fue baleada sin titubeos por los asesinos.  Y numerosos extranjeros de Nepal y Tailandia que trabajaban en agricultura en los kibutzim y también fueron secuestrados.

En la proyección para la prensa de 44 minutos de filmaciones de los horrores que registraron los propios terroristas con sus cámaras corporales- en la que participamos- una de las peores escenas fue el asesinato de uno de esos trabajadores extranjeros. El terrorista le asestaba una y otra vez golpes de pala en el cuello para decapitarlo, le pedía a otro que le alcance un cuchillo y a un tercero, que saque fotos. ¿Dónde están los manifestantes rasgándose las vestimentas?  ¿Y los comunicados horrorizados de todos los defensores de los derechos?

Pero no sólo acuso sino que siento, además de repugnancia, también un profundo desprecio por la patética actitud de todos aquellos que salen con banderas palestinas a las calles a gritar “Palestina libre” o “Free Palestine”, sin entender –o sin querer entender- que la liberación que precisan los palestinos es de Hamas, una organización terrorista uno de cuyos líderes, Musa Abu Marzuk, tiene el tupé de declarar en televisión que “los túneles los hicimos para proteger a nuestros hombres, no a los civiles”, mientras otro de sus líderes Ghazi Hamad, asegura que Hamas está dispuesto a hacer lo mismo que hizo el 7 de octubre una, dos, tres y cuatro veces más para erradicar a Israel de la faz de la Tierra.

Patética actitud, decimos, porque podemos imaginar a los terroristas destornillándose de la risa al ver que los “humanistas” están de su lado, aunque si pudieran, ellos los matarían a todos.

Y acuso a todos los que buscan denodadamente la “proporción” y el “equilibrio”, contando muertos de cada lado, y comparando sufrimientos. Con eso, les hacen un favor a los terroristas que buscaron esta guerra y a los que no les importa nada cuántos civiles palestinos mueran. Cuando los aliados bombardearon Dresden, Leipzig y otras ciudades alemanas para derrotar definitivamente a los nazis, mataron muchos más civiles alemanes que los que habían muerto en sus países en la guerra. Pero nadie dudó que era ineludible hacer lo máximo para doblegar al Tercer Reich y que la culpa de todo la tenían los nazis. La diferencia en Gaza es que Israel trata de reducir el riesgo a los civiles, abriéndoles corredores humanitarios para movilizarse a zonas más seguras, avisándoles en muchas ocasiones antes de bombardear, y es Hamas quien los frena. En lo que no hay diferencia es en la necesidad de doblegar al enemigo, la organización terrorista Hamas, los nazis modernos del mundo árabe.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(6 de Noviembre de 2023)

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