Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Luces y sombras de la lucha anti terrorista


 

A los efectos de este análisis, trataré de ponerme en el lugar desde el que observan y comentan la situación los críticos de Israel. Ven que Israel envía a su Fuerza Aérea a atacar en diferentes partes de la región, que cada día se informa de otro operativo en países árabes y que en Gaza casi diariamente son derribados edificios de más de 10 pisos, lo cual significa que quien vivía allí se queda sin casa. ¿Qué le pasa a Israel? ¿Ha perdido los estribos?, puede preguntarse gente que cree que la situación ya no está bajo control. Y no me refiero a los antisemitas y a los dados a demonizar a Israel, sino a gente “común y corriente” que se entera de todo en los medios, en las redes, y no conoce lo suficiente el trasfondo, el origen de todo, y piensa que Israel enloqueció, que actúa como el matón del barrio.

Pues aunque a mí tampoco me entusiasma, por decirlo delicadamente, que Israel esté enfrascado aún en una guerra en varios frentes, y que ande lanzando operativos militares a diestra y siniestra, es imperioso recordar por qué está ocurriendo todo esto. 

Israel no se levantó un buen día con ganas de atacar a vecinos árabes. Es más: uno de los principales problemas de cara a la catástrofe del 7 de octubre, fue el hecho que la política del gobierno de Netanyahu fue durante años de contención absolutamente exagerada ante Hamas durante mucho tiempo. Contrariamente a la imagen belicosa que tiene en este momento en el mundo, Netanyahu nunca fue de lanzarse a aventuras militares innecesarias. Han sido varias las entrevistas que realicé a expertos en estrategia y seguridad en los dos últimos años, que me dijeron que aunque irradia mucha seguridad al hablar, siempre optó por no tirarse al agua demasiado contundentemente, extremadamente cauteloso. Uno de ellos hasta me dijo “actuó mucho tiempo como un cobarde”. No me lo dijeron como elogio sino como crítica, dejando en claro que tendría que haber atacado antes y con más fuerza a los enemigos de Israel.

Pero el 7 de octubre fue un parte de aguas. La masacre de Hamas impuso a Israel la necesidad de responder. Más allá de discusiones puntuales sobre tal o cual operativo,  especialmente el más reciente de la semana pasada en Doha, Qatar, el hecho es que la guerra podría terminar mañana si Hamas liberara a los secuestrados y depusiera las armas.

Y los edificios derribados, eran todos torres en las que por un lado vivía gente y por otro Hamas hacía uso del lugar para sus fines, incluyendo la colocación de tecnología mediante la cual pensaba detectar y atacar a las tropas israelíes cuando entren a Gaza. Cada caso es estudiado por la Procuraduría militar y se aprueba  el ataque, según el Derecho internacional, si hay pruebas claras del uso del edificio en cuestión con fines terroristas. De todos modos, se avisa antes a la población, siempre, para que evacúe.

Ya el 8 de octubre del 2023, Hezbolá se sumó desde Líbano con ataques al norte de Israel e Israel, también con varios meses de demora, respondió de forma que arrasó con gran parte de la infraestructura terrorista chiita en territorio libanés. Y los ataques que seguimos viendo allí a pesar del alto el fuego de hace casi un año, se deben a que contrariamente a lo pactado, Hezbolá continúa intentando reconstruir sus capacidades armadas.

En Siria, todo comenzó con medidas firmes por las dudas, por si tras el derrocamiento del presidente Assad, se imponían las fuerzas tipo ISIS. Ya sabemos que el presidente A-Shara es islamista, ex Al Qaeda, y aunque asegura que cambió, para Israel es imperioso garantizar que no pueda atacarle y que terroristas no logran actuar desde territorio sirio.

A Yemen se ataca  múltiples blancos del régimen terrorista de los hutíes, en evidente respuesta-insuficiente al parecer- a los numerosos misiles y drones que ellos disparan hacia Israel casi diariamente. 

En Judea y Samaria (Cisjordania), se llevan a cabo operativos militares para frustrar atentados en camino - según información de Inteligencia- y para desmantelar laboratorios de explosivos y otras infraestructuras. O, como el lunes de la semana pasada, para investigar quién puede haber ayudado a los dos terroristas que asesinaron a 6 civiles en Jerusalem.

Y evidentemente, no nos olvidemos de Irán.

Es que si bien es legítimo discrepar con tal o cual operativo y preguntarse si la forma, el momento y la intensidad elegidas son las correctas, de no ser por las múltiples agresiones árabes contra Israel, nada de lo que vemos hoy estaría ocurriendo.

Personalmente, no estoy segura que la operación en Doha haya sido sabia. No porque el liderazgo de Hamas no merezca ser eliminado ni porque Qatar no merezca ser marcada como lo que es, un emirato extremista que juega de mediador pero es el principal financiador del terrorismo islamista en todo el mundo, sino porque ahora la prioridad debe ser recuperar a los secuestrados.

Por otra parte-aquí siempre hay “otra parte”- el propio Presidente de Israel Itzjak Herzog, una figura conciliadora que lejos está de actitudes belicistas- reveló que según información de Inteligencia en poder de Israel, el jefe de Hamas en el exterior Khalil el –Haya, era el principal obstáculo en el camino a un acuerdo. Falta ver, pues, si es cierto lo que Hamas afirma, que Israel no logró matarlo, o si en medio de la columna de humno para confundir, se confirma finalmente otra verdad.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(14 de Septiembre de 2025)

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