Tan solo unos días antes de la masacre del 7 de octubre del 2023, Israel señaló el cincuentenario de la guerra de Iom Kipur. Una fecha redonda, significativa, traumática…que no deja de serlo, pero que en cierta medida quedó relativizada por el horror del 7 de octubre.
Aquel aniversario redondo fue estremecedor al recordar los hechos : 50 años desde que Egipto y Siria atacaron a Israel en su día más sagrado. Fue en aquel Iom Kipur terrible que comenzaron a sonar las sirenas anti aéreas cuando el pueblo de Israel estaba orando en las sinagogas de todo el país.
“Miles salían de las sinagogas y yo comprendí que aquí estaba por estallar una guerra, ya antes de la sirena que rompió el silencio de Iom Kipur”, escribió el famoso cantante israelí Shlomo Artzi años atrás en el suplemento especial de “Yediot Ahronot” dedicado a Iom Kipur, recordando cómo se vivió aquel momento…con qué espíritu se iba al frente, dejando a su esposa pequeña hija en casa.
Los agresores tendrían que pedir perdón. Y no lo merecerían, muy especialmente cuando se leen los testimonios de los israelíes que cayeron prisioneros de guerra en manos de Egipto y fueron torturados con crueldad. Pues perdón, es difícil dar, pero Israel como país, sin olvidar, quiso seguir adelante, y cuando el Presidente de ese mismo Egipto, el mismo que se lanzó a aquella guerra, Anwar el-Sadat, llegó pocos años después a Jerusalem y dijo “no more war” ( “no más guerras”) lo recibieron con entusiasmo y felicidad. Y se abrió el camino hacia la paz.
También deben pedir perdón las máximas autoridades de Israel que atrapadas en una concepción determinada, quizás demasiado arrogantes para lograr leer las señales de advertencia que llegaban desde el terreno, no se prepararon debidamente y se dejaron sorprender. Los expertos del Servicio de Inteligencia, encargados de recabar las piezas del rompecabezas de lo que estaba sucediendo alrededor de Israel, lo decían claramente: “están por atacarnos”. Las señales lo indicaban..El problema fue lo que el gobierno de entonces hizo, o mejor dicho no hizo, con la información. Pero también la falta de preparación de los altos mandos en el terreno, lo cual incidió directamente en el sentimiento de las tropas en la frontera con Siria y en el sur, frente a Egipto.
Y cuán estremecedor suena todo esto cuando sabemos que el pecado del 7 de octubre lo superó todo y marcó el peor día en la historia de Israel. Varios de los altos oficiales responsables de claros errores, han dimitido. Por su parte, quien lleva la responsabilidad, como jefe del sistema, por todo lo que ocurre en Israel, el Primer Ministro Netanyahu, no se ha comprometido aún siquiera a investigar qué sucedió.
También él debe pedir perdón.
Se nos mezclan los dolores. Por el espanto de la guerra de Iom Kipur y la indescriptible pesadilla de la masacre .
La combinación del odio de Egipto y Siria, con los graves errores de la cúpula israelí, fue letal: más de 2200 muertos y de 7200 heridos (del lado israelí), además de 301 prisioneros de guerra, 248 de ellos en Egipto y el resto en Siria . Claro que la sensación de victoria con la que quedó Egipto, hizo posible que años después el Presidente Sadat, tal como ya señalamos, optara por viajar a Jerusalem e intentar la paz.Pero los muertos ya no estaban para disfrutarla.
Y a medida que pasan los años y uno va conociendo más y más gente..más comprende cómo se traducen los números fríos en historias personales..como la de una mujer a la que conocemos hace años, que siempre habla de su hija y sus nietas..y nunca de su esposo……Tiene ya algo más de 70 años …tenía 20 cuando estalló la guerra y su esposo fue llamado al frente. Su hija tenía sólo dos años ..se había casado muy joven y a los 18 años ya era madre..Pero a los 20, ya era viuda. Y nunca se quiso casar de nuevo. Cuánto puede encerrar ese resumen..cuántas vidas habrían sido diferentes..de no ser por el odio..y por la exagerada autosuficiencia.
Hace unos años, antes de la masacre, el entonces Ministro de Defensa Beni Gantz, hoy en la oposición, dijo que “aquellos días me dejaron una lección: que hay que estar prontos siempre, como si mañana fuera a estallar una guerra”. Pues estalló otra guerra, pero ni el gobierno ni el ejército estaban prontos.
Y eso que todos vieron en algún momento a esas mujeres que llegaron a los cementerios militares, colocaron flores y besaron las lápidas…A las mayores de todas que quizás necesitaban ayuda para caminar…pero que seguían honrando la memoria de sus hijos caídos…que permanecieron jóvenes para siempre…y a aquellas también ya maduras, pero con unos años menos que las primeras, que fueron a visitar, una vez más, a quien había sido su amor y su sueño…hasta que llegó la guerra…y se los llevó para siempre.
Realmente, este Iom Kipur, como todos desde aquel trágico octubre de 1973, muchos tienen mucho por lo que pedir perdón….pero también por todas las víctimas del 7 de octubre.
No absolvemos en absoluto de su responsabilidad a las autoridades de gobierno de Israel que tendrían que haber manejado distinto las cosas, que tendrían que haber leído mejor lo que estaba ocurriendo, y por supuesto las militares, que tendrían que haber sabido prepararse bien para frenar cualquier ataque. Es que en definitiva, eso es lo principal: no podemos controlar a la perfección los sueños de destrucción que los enemigos de Israel albergan, pero sí debemos garantizar que no puedan concretarlos.
Hay cosas pues, por las que no sabemos si puede haber perdón.
A todo el pueblo judío, en Israel y la Diáspora, que sea éste un día de aprendizaje, en el que mirando hacia adentro, hallemos las respuestas a las preguntas sobre cómo podemos mejorar.
Que seamos inscriptos y sellados en el Libro de la Vida.
¡Gmar Jatimá Tová!
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(1 de Octubre de 2025)
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