Hubo momentos en que dudamos si este día llegaría y ahora que lo estamos viviendo, no alcanzan las palabras para describir la emoción y la alegría que están embargando a la ciudadanía de Israel. A todos, izquierda, derecha, pro-Bibi y anti- Bibi, laicos y religiosos. El regreso de los 20 secuestrados vivos a casa quedará registrado para siempre como uno de los días más felices en la historia de Israel.
Es que más allá de grandes análisis estratégicos, políticos y de seguridad ¿qué quiere el pueblo para vivir feliz? Poder compartir una vida en paz y normalidad , con salud, con sus seres queridos. Eso siempre es lo central, la base. Recién después vienen los títulos, los buenos trabajos, la situación económica. Pero todo se desmoronó el 7 de octubre con casi 1200 asesinados y 251 secuestrados.
Por eso hoy es un día de fiesta, que cierra uno de los capítulos más duros de la masacre del 7 de octubre, que tiempo atrás nadie habría podido asegurar que terminaría bien, un capítulo que simbolizaba una fractura sin precedentes en la vida de Israel.
Es importante completar el desafío de esta jornada, con la devolución a Israel de los restos de los otros 28 secuestrados, para que reciban digna sepultura. Sobre dos de ellos, en realidad, nunca se confirmó su muerte pero hace tiempo se dice que se teme por ellos y se da por sentado que ya no están con vida.
Esta es la verdadera victoria. Que los hijos vuelven a casa. Sin subestimar en absoluto la importancia de destruir la infraestructura armada de Hamas y eliminar a todos los terroristas- algo que no se logró enteramente aunque sí se asestó un duro golpe a Hamas- el regreso a casa de los secuestrados es lo que el pueblo esperaba.
Las fotos de la victoria son los abrazos de los liberados con sus padres, esposas, hijos y hermanos.
Ver la emoción de la enorme multitud en la Plaza de los Secuestrados, un símbolo de la lucha de estos dos últimos años, lo decía todo. Prácticamente ninguno de los presentes conoce personalmente a los que retornaron pero lloraban cuando aparecían en pantalla, cuando desde el parlante se informaba que estaban en manos de la Cruz Roja y luego en manos de Israel. Y todos hacían flamear con fuerza sus banderas , levantaban los carteles con las fotos, y gritaban y cantaban de emoción.
Quisiera estar tan segura como el Presidente Donald Trump, que mientras yo escribo sigue hablando en la Kneset, que esto es el comienzo de la paz en Oriente Medio. Tengo mis dudas, conociendo la materia. No es eso lo que quiere Hamas. Pero hoy, disfrutemos de la esperanza. Celebremos que los hijos de Israel han vuelto a casa. Benditos sean para siempre.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(13 de Octubre de 2025)
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