Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Imperfecto, pero ejemplar


Como bien saben quienes siguen cada tanto mis comentarios, no idealizo. Defiendo con ahínco la razón que le acompaña a Israel en su lucha contra el terrorismo, pero nunca creí que Israel sea perfecto, tampoco cuando decidí, por convicción sionista, construir en Israel mi vida y a los 18 años me radiqué en el Estado judío. Ni que hablar que no lo son los políticos que guían sus destinos. Ni Netanyahu hoy, ni Itzjak Rabin en su momento, ninguno. Tampoco la sociedad. No puede serlo, está compuesta por humanos, con sus  grandezas y debilidades.

Mencionamos este punto porque siempre recordamos una frase que nos dijo en una entrevista el gran escritor argentino Marcos Aguinis, en un aniversario redondo de la independencia de Israel: “Israel es imperfecto, pero ejemplar”. 

En eso pensé nuevamente estos últimos días al vivir y ver las imágenes del pueblo israelí, con sus mejores galas de solidaridad y empatía, al retornar al país los 20 secuestrados vivos que estaban en manos de Hamas. Tanto al ser liberados como al ser dados de alta al hospital y llegar de regreso a sus casas. En el caso de los que fueron secuestrados de kibutzim en el sur, que han sido evacuados, volvían al seno de sus familias en los nuevos lugares de residencia que no conocían. Pero estaban llegando a casa.

Miles de personas se agolparon en las calles conducentes a la casa de la familia de Nimrod Cohen en la ciudad de Rejovot, cuando él estaba por llegar de regreso. Nimrod  no podía creer lo que veía. “No esperaba algo así”, comentaba desde el coche de sus padres, al ver la multitud con banderas de Israel, visiblemente emocionada, los saludos, los abrazos, los carteles “qué bueno que has vuelto a casa”, los rostros emocionados y llenos de lágrimas, las expresiones propias de quienes sentían que habían recuperado a un ser querido cercano.

Y salvando la enorme diferencia-por las circunstancias-, también están los numerosos israelíes con banderas que acompañaron el paso de los vehículos del ejército que llevaban los féretros con los cuerpos entregados por Hamas, en dirección al Instituto Nacional de Medicina Forense para su identificación. Y más aún, cuando ya confirmado que se trataba en efecto de secuestrados devueltos, cuando sus familiares y amigos se dirigían en procesión fúnebre al cementerio a darles digna sepultura. No estaban solos.

Tampoco lo estuvo Bipin Joshi, un joven llegado de Nepal poco antes del 7 de octubre, con el sueño de estudiar agricultura y volver luego con conocimientos y experiencia a su país. Tenía sólo 23 años. Fue secuestrado del kibutz Alumim y asesinado en cautiverio. En el aeropuerto Ben Gurion se llevó a cabo una pequeña ceremonia de despedida cuando su féretro fue llevado a su país, y Bipin fue acompañado por israelíes que lloraron su muerte y le rindieron los últimos honores.

Los comunicados del Foro de Familiares de Secuestrados, sobre todo lo que ocurrió desde el 7 de octubre hasta ahora en relación a los cautivos, tanto las buenas como las malas noticias, no distinguieron en ningún momento entre los israelíes y los ciudadanos extranjeros.  Es momento de recordar que los terroristas asesinaron no sólo judíos sino también a decenas de ciudadanos extranjeros cuyos rasgos dejaban en claro que no eran locales. Pero estaban en Israel y también los mataron. Y fueron numerosos también los secuestrados entre los extranjeros que estaban trabajando en Israel.

Y justamente, entre los cuerpos de los muertos que fueron identificados en los últimos días, estaba el de  Sonthaya Oakkharasri de Tailandia, un joven que había llegado a trabajar para poder cumplir su sueño de construir una granja propia en su país. Tenía una hija de 7 años de nombre Kaimook. Estaba en contacto permanente con ella y con su madre Amorn, que en unos días, trágicamente, lo recibirán en un ataúd.. Sonthaya trabajó primero en kibbutzim en el norte de Israel y luego en el kibutz Beeri, de donde fue secuestrado.

Entre los 16 secuestrados sin vida que aún están en la Franja de Gaza, hay otro trabajador tailandés y un joven de Tanzania.

Este tema, de los muertos que aún no han sido devueltos, nos lleva a un punto que mencionamos antes, el de una sociedad ejemplar, pero claro que imperfecta.

Es un craso error a nivel político, por supuesto como mensaje moral y también una muestra de insensibilidad, ver todos aquellos sitios en los que había fotos de secuestrados que han sido retiradas, relojes luminosos que marcaban el avance de los días de cautiverio que han sido apagados, especialmente el más notorio, el de la torre Azrieli en una de las entradas centrales a Tel Aviv. ¿Acaso no está claro que cuando todavía hay secuestrados muertos en Gaza, la lucha no ha terminado?

Claro que se ha pasado a una nueva etapa, y también entendemos, sin duda ninguna, que el primer desafío, el más urgente, era recuperar a los vivos. Pero ese tipo de actitudes transmiten un mensaje equivocado y más que nada, hieren profundamente a las familias que aún no han podido dar el último adiós a sus seres queridos.

El peor ejemplo lo dio nada menos que el Presidente de la Kneset, Amir Ohana, al quitarse públicamente el distintivo amarillo que simboliza la lucha por los secuestrados, de la solapa de su traje. Nada menos que durante la sesión especial festiva en la que se recibió y cedió el podio de oradores al Presidente Donald Trump. Vergonzoso.

Israel seguirá marchando por un camino complejo, combatiendo el terrorismo y tratando de vivir con normalidad. El apego a la vida y su apuesta por seguir adelante, es su columna vertebral. No es normal esperar que lo haga sin divisiones y discrepancias. No sería Israel. Pero es inaceptable que haya quienes criticaron, por ejemplo, a los padres de Eitan Mor y Avinatan Or, que son religiosos y de posturas conservadoras, por su forma de librar la lucha por sus hijos, como también, del otro lado, los que criticaron a Einav Zangauker y otros padres que adoptaron una línea muy dura contra el gobierno al manifestarse por el regreso de sus hijos.

Unos y otros vivieron un infierno en la Tierra. También con ellos se puede discrepar, evidentemente. Pero ni unos ni otros destruyeron a Israel. Y sin duda, no se los puede juzgar.

 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(20 de Octubre de 2025)

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