Zohran Mamdani no le robó el cargo a nadie. El nuevo alcalde de Nueva York, el más joven en la historia de la ciudad en más de un siglo, el primero que es musulmán chiita y el primero nacido en África (Uganda), ganó en elecciones libres y democráticas. Pero eso no significa que la democracia haya ganado. Al menos no el sentido profundo de lo que significa vivir en democracia, que es algo que va mucho más allá de votar libremente y ganar en las urnas.
Mamdani no defiende una agenda de libertad, por mejor que sepa hablar ante las multitudes y por más que prometa que cuidará a los judíos de Nueva York, entre los cuales también hubo quienes los votaron. Según una encuesta publicada por CNN, el 33% de los judíos de la ciudad lo votaron. No está claro cuál es el margen de error, pero cabe suponer que esto es al menos un indicativo, y que no se trataría únicamente de la secta ultraortodoxo fanática Satmar ni solamente los judíos “progresistas” de ultraizquierda, anti sionistas.
A nuestro modo de ver, esto tiene una sola lectura: judíos que oyen pero no escuchan, que confunden liberalismo con suicidio y que no aprendieron de la historia. Es que no reconocen a quienes enarbolándose en la bandera de la libertad y las oportunidades iguales a todos, promueven agendas oscuras que no pueden terminar bien.
No puede haber otra forma de interpretar el apoyo de Zohran Mamdani al BDS que llama a boicotear al Estado de Israel. Ni sus recurrentes declaraciones a favor de “globalizar la intifada”, lo cual no significa otra cosa que levantarse contra los valores que Israel y Occidente representan y en su interpretación más extrema, apoyo a los terroristas que quieren matar judíos por doquier. Y lamentablemente, hoy en día, ser un férreo defensor de la causa palestina y publicar videos de propaganda electoral con la bandera palestina de fondo, no es defender una causa que lucha por la justicia y la libertad, sino que se identifica con el terrorismo de Hamas.
Ya que tanto habló en su campaña sobre los palestinos, podría haberse esperado que condene al menos una vez la masacre del 7 de octubre. Bueno, lo hizo en el segundo aniversario del ataque terrorista. “Hamas cometió un horrendo crimen de guerra, matando a más de 1100 israelíes y secuestrando a otros 250”, dijo hace unas semanas. “Expreso mi pesar por esas vidas perdidas y oro por el retorno a salvo de todos los rehenes aún cautivos y por cada familia cuya vida quedó quebrada a raíz de esas atrocidades”.
Lo que está bien dicho, bien dicho está.
A nuestro criterio lo arruinó al agregar que a raíz de eso “el Primer Ministro Netanyahu y el gobierno israelí lanzaron una guerra genocida”, detallando los pesares de la población gazatí, pero sin mencionar que gran parte de la destrucción de “hogares, hospitales y escuelas” que mencionó se debió a que Hamas los había convertido en sitios de operativos terroristas. Aseguró que hay “apartheid” y con eso faltó totalmente a la verdad.
A nuestro modo de ver, el solo hecho de haber introducido ese tema como uno de los puntos centrales de su campaña, es mala señal: fue una forma de enardecer a los violentos, de dejar en claro de qué lado está, aunque en otras ocasiones haga todo para presentarse como un liberal.
Hay quienes, a su alrededor, en su propio entorno, dicen las cosas como son en forma explícita y abierta. En un video difundido por el canal de Telegram de Abu Ali Express, aparece Hadira Arzu Malik, activista en su campaña electoral, diciendo claramente: “Todo es considerado jihad (guerra santa), todo es trabajo de Dios, también si te detienen, no es en vano. Alá considera todo lo que haces por él aquí en Occidente. La pregunta es cuánto estás dispuesto a sacrificar”.
¿Por qué este discurso? ¿Por qué la justificación de la detención? En general, te detienen si haces algo contra la ley. ¿De qué está hablando esta activista pro Mamdani?
A mí me suena casi como un llamado a prepararse para la guerra. Quizás no ahora, pero se va juntando fuerzas. Es indudable que la alcaldía de Nueva York no es el máximo cargo al que aspirará Mamdani en Estados Unidos. Da miedo detallar.
Y como siempre con este tipo de elementos, también se presenta como víctima. “En Nueva York ya no se puede usar la islamofobia para ganar las elecciones”, dijo en su discurso de victoria. ¿Islamofobia? ¿Quién difunde odio a los musulmanes por ser tales? Sí, hay algún enajenado social que lo haga, tanto en EEUU como en Europa. Pero quienes conocen la realidad, saben que el foco de las advertencias no son los creyentes musulmanes que viven en paz dondequiera que estén, sino los que quieren imponer su modo de vida en el lugar que los acogió, y quienes en nombre de Alá quieren ser dueños del mundo y están dispuestos a matar. Protegerse de ellos no es islamofobia, sino el derecho a la autodefensa más elemental.
De fondo está evidentemente también la percepción de muchos en Nueva York, del Presidente Donald Trump, como una figura oscura, anti liberal, ultraconservadora y casi como enemigo de inmigrantes. Son muchos los aspectos de la personalidad de Trump que me disgustan, pero eso no embellece en absoluto a Mamdani, un anti israelí furibundo que no tengo dudas aún nos dará muchos problemas.
Mamdani sabe hablar, sin duda, es efectista. “Nueva York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes, construida por inmigrantes, movida por inmigrantes y desde esta noche, también liderada por inmigrantes”, dijo en su discurso. Los éxitos de inmigrantes, sea cual sea el nuevo hogar que adoptan, suelen ser vistos con razón como símbolo de optimismo, de perseverancia, de empuje hacia adelante. Así fue indudablemente con los numerosos inmigrantes judíos que desarrollaron en Estados Unidos la comunidad más floreciente fuera del Estado de Israel, insertándose en todas las capas y sectores de la sociedad, gracias a su espíritu de estudio y trabajo.
Lo mismo pueden hacer todos los inmigrantes musulmanes que huyeron del horror de sus países natales y que instalados, en este caso en Estados Unidos, agradecen la nueva oportunidad que la vida les dio. Pero quienes quieran imponer al mundo libre las costumbres de las que huyeron y los códigos religiosos con los que nacieron, proclamando que ese es su camino de jihad-ha habido más de un Imán en mezquitas en Estados Unidos que hablaron en esos términos- no merece éxito ninguno sino expulsión.
Mamdani, evidentemente, no llega a tanto. Se presenta como socialista demócrata y respetuoso de la voluntad ciudadana. Cabe suponer que no debemos esperar medidas inmediatas que causen serios problemas. No perdamos proporciones, ganó una alcaldía importante, no la presidencia de Estados Unidos. Pero hay que estar atentos ya ahora.
El problema es el discurso que irá construyendo, la fuerza que una persona con sus ideas puede ir ganando en el país de las oportunidades infinitas. El problema para la mayor democracia del mundo, no es que sólo si alguien roba las elecciones, sino que se imponga un discurso que está del lado de los violentos, que usando las herramientas que da la democracia, la arruine desde adentro.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(5 de Noviembre de 2025)
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