Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Netanyahu sigue oponiéndose a una comisión estatal de investigación del 7 de octubre


Con gran expectativa se reunió este lunes la Kneset, Parlamento de Israel, habiéndose presentado 40 firmas de diputados de oposición que exigían al Primer Ministro Netanyahu pronunciarse públicamente sobre la comisión estatal de investigación que según todas las encuestas la mayoría de la ciudadanía quiere formar. En los asientos reservados para el público había familias de soldados caídos, familias de secuestrados que volvieron sin vida y familias del así llamado “Consejo de Octubre”, creado precisamente por padres de combatientes que cayeron en la  guerra. Quizás esta vez, pensaron algunos…quizás ahora que formalmente se considera que la  guerra ha terminado, Netanyahu dé el “sí”.

Pero no. Se mantuvo en su conocida posición contra la formación de una comisión estatal de investigación, alegando que “la mitad del pueblo no cree en una comisión así” y que aceptará una comisión que “refleje la voluntad del pueblo de común acuerdo”.

Esta afirmación tiene un trasfondo doble. Por un lado, contrariamente a lo hecho por la cúpula militar, cuyos principales oficiales dimitieron asumiendo responsabilidad por la catástrofe del 7 de octubre, el Primer Ministro no sólo no ha prometido una investigación oficial sino que anunció que en las próximas elecciones volverá a postularse. El otro elemento es el encare del gobierno actual que presenta al sistema judicial y especialmente a la Suprema Corte de Justicia como un poder arrollador que socava la democracia israelí, lindando con lo ilegítimo. Y dado que por ley una comisión estatal de investigación debe ser encabezada por el Presidente de la Suprema Corte, el mensaje de Netanyahu es alegar que “la mitad del pueblo no cree en esa comisión”.

 

En principio existen otros tipos de comisiones de investigación, pero por ley, la estatal (“mamlajtit” en hebreo) sería la ineludible en este caso de trauma nacional sin precedentes. Un elemento clave es que tendría autoridad para imponer conclusiones personales que determinen qué medidas tomar con los responsables.

El problema central es que pasaron ya más de dos años desde la masacre del 7 de octubre y en lugar de calmarse las cosas, se multiplican las exigencias de aclarar la verdad. La sensación general es que sin entender a fondo qué sucedió, no se puede lograr la rehabilitación plena a nivel nacional.

Y ahora Netanyahu, que hace mucho había dado a entender que primero debe terminar la guerra para que se pueda investigar, sostiene que “de hecho no ha terminado, todavía hay serios desafíos, se renuevan amenazas y aparecen otras”. Habló de Gaza, Hezbolá  e Irán. Eso es indudable, no es que ha llegado la paz, tampoco en Gaza, e Israel debe seguir alerta. Pero la ciudadanía israelí exige respuestas y el gobierno no da señales positivas en este sentido.

El jefe de la oposición Yair Lapid dijo desde el podio de oradores que “ustedes han perdido la vergüenza, todas las cabezas del sistema se han ido desde el 7 de octubre, menos una”, en evidente referencia a Netanyahu. Lapid sostuvo que también votantes del Likud apoyan la creación de una comisión de investigación . “Usted falló, usted debe irse”, increpó a Netanyahu.

Sin embargo, la comisión no debe ser encarada como un marco para criminalizar a Netanyahu sino para investigar realmente dónde estuvieron las fallas. Por lo tanto, debe incluir tanto a las autoridades políticas-Netanyahu ante todo-como a la cúpula de las Fuerzas de Defensa de Israel. Sin embargo, es ineludible recordar que los máximos oficiales del ejército ya han dimitido mientras que Netanyahu aún no se ha comprometido a investigar.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(10 de Noviembre de 2025)

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