El atentado antisemita ocurrido esta semana en el barrio de Punta Carretas, cuando dos adolescentes fueron perseguidos y amenazados por unos violentos que los identificaron como judíos por sus uniformes de la Escuela Integral Hebreo Uruguaya, podría haber terminado distinto. No con jovencitos que logran entrar a salvo a la casa de uno de ellos, sino de otra forma. En el hospital. O peor aún. ¿Y entonces qué habrían dicho? ¿Que los agresores eran unos locos sueltos?
Tras el asesinato de David Fremd en Paysandú el 8 de marzo del 2016, uno de sus tres hijos, Guille, escribió que a su papá no lo había matado un loco suelto. Loco quizás, en el sentido que todo odio irracional es una locura, pero no alguien que no sabía lo que hacía.
Pues también los atacantes de los alumnos de la Escuela Integral tenían bien claro qué hacían. Reconocieron un uniforme de un colegio judío, y decidieron atacar a esos niños. Niños uruguayos. Uruguayos judíos. Afortunadamente, los atacados corrieron más rápido que ellos.
Pero esto es absolutamente inaceptable. Esto va de mal en peor. Es el enésimo incidente antisemita en Uruguay en los últimos meses, y son muchos los que deben analizar si algo de lo que dicen y proclaman, ha creado este ambiente en el cual el discurso de odio parece tomar en gran medida la calle.
Lo primero es que la Justicia actúe sin demora y con mano firme.
Y son muchos los que tienen que pensar.
Lo tienen que pensar los periodistas que informan tendenciosamente sobre el conflicto entre Israel y Hamas en Gaza, demonizando en la práctica a Israel y presentándolo como culpable de asesinato de inocentes. Lo tienen que pensar también las figuras políticas, dentro y fuera del Parlamento, alineadas con el gobierno, que se refieren a Israel como si fuera un monstruo y lo acusan de lo peor. Y ni que hablar que olvidan que de hecho, por más fuerte que sea, es la víctima del terrorismo vecino.
Las palabras no caen en el vacío, crean percepciones, nociones, ideas, y éstas pueden conducir a actos.
Todos aquellos que hablan o actúan en público, periodistas y políticos, tienen responsabilidad de pensar dos veces antes de abrir la boca con frases que demonizan al Estado judío, de lo cual deriva luego odio a la colectividad judía uruguaya.
Lo único bueno de todo esto es que aunque en forma retorcida, hasta los antisemitas confirman que la tierra de Israel tiene históricamente un vínculo fundamental con el pueblo judío. Cuando mi padre viajaba en tranvía y se acercaba a la parada de Emilio Reus, el conductor gritaba “¡Palestina!”, porque sabía que allí bajaban muchos judíos, inmigrantes convertidos en uruguayos. Esa es la verdad histórica, que hoy muchos quieren desconocer.
De todos modos, ninguna discrepancia con algo que ocurre en Israel, tan lejos de Uruguay, puede derivar en ataques a uruguayos de fe judía. La afrenta no es sólo a la colectividad judía. A nuestro modo de ver, al atacarse a judíos uruguayos, se está atacando a la sociedad como tal, porque un país donde el antisemitismo crece, no va por buen camino.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(27 de Noviembre de 2025)
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