Una de las frases más conocidas de la otrora Primer Ministro de Israel Golda Meir, es que “habrá paz cuando los árabes amen a sus hijos más que lo que odia a los nuestros”. Sin olvidar que seguramente hay muchos padres árabes que en efecto viven de esa forma, amando ante todo a sus hijos por sobre cualquier otra cosa, lamentablemente lo que irradia el Islam extremista es un mensaje diferente. Pensé en eso este domingo al confirmarse que los terroristas que atacaron a los miles presentes en la celebración de la comunidad judía en un evento de Jabad en Bondi Beach en Sydney eran padre e hijo. El padre, de 50 años, fue abatido y el hijo, de 24, está gravemente herido. Eran islamistas oriundos de Pakistán.
¿Cómo habrá sido la dinámica en ese hogar? ¿De qué se hablaba alrededor de la mesa? ¿Cuáles eran los sueños de ese padre asesino para la vida de sus hijos?
Mejor ni pensar.
Y el problema es el mismo venga ese odio de raíz chiita o sunita, de Irán y Hezbolá o de Catar y Hamas.
Poco después de confirmarse que el cruento saldo de muertos en Sydney ascendía a 16-entre ellos por lo menos dos niños, un sobreviviente del Holocausto, un rabino- de entre 10 y 83 años, llegaban las noticias sobre desórdenes violentos en Amsterdam en un intento de alterar un concierto del cantor litúrgico israelí Shai Abramson.
Y hay que entender. Lo que está detrás de eso, es el mismo espíritu por el cual numerosos musulmanes en Europa arruinaron mercados navideños. Es lo mismo, sin olvidar que asesinar es lo peor. Pero violencia no es solamente abrir fuego o embestir a gente con un coche. Violencia es también plantarse con banderas palestinas y cantos en árabe a viva voz junto a la gente que celebra con un árbol de Navidad.
Y sería bueno que lo entiendan todos en Occidente lo antes posible. Más de uno, en lugar de horrorizarse cuando sucede lo peor, tendría que haber pensado antes qué hacer para que este tipo de cosas no suceda. Está claro que el Premier australiano no quería que asesinen australianos judíos en Sydney, pero cuando se permite y fomenta un ambiente generalizado de crítica permanente al Estado judío, cuando se demoniza a Israel y se permite que por las cales de tu país anden extremistas gritando “globalizar la intifada”, ese es el resultado. Los asesinos, que evidentemente odian sin precisar por eso a ningún gobernante permisivo, sienten que actúan en un ambiente propicio. Y se animan.
Pues a todos los que hacen proclamaciones injustas y fuera de lugar contra el Estado judío, a todos los que minimizan los crímenes de los terroristas o los condenan con generalidades al pasar, sin dejar en claro la diferencia entre un país que se defiende y los terroristas que lo atacaron, sepan que están sentando las bases del próximo atentado . Es sólo cuestión de tiempo porque la demonización de Israel y el Sionismo es antisemitismo puro. Y eso cobra un precio. Hay que recordarlo también ahora, 80 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(14 de Diciembre de 2025)
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