En el momento de escribir estas líneas, siendo miércoles de noche en Israel, se está esperando la respuesta definitiva de los rabinos principales del sector ultraortodoxo israelí, haredí, respecto a la propuesta “ley de reclutamiento” a las Fuerzas de Defensa de Israel. Deben decidir si aprueban la ley en cuestión para que los políticos de sus partidos voten a favor, o si la rechazan.
En realidad la ley es de exención, no de reclutamiento. El proyecto de ley lejos está de responder a las necesidades del ejército de nuevos combatientes, imprescindibles para poder defender a Israel. Sus más duros críticos sostienen que de hecho, apunta a regularizar la exención de los jóvenes ultraortodoxos del servicio militar obligatorio. Pero los políticos y rabinos de este sector, en su enorme mayoría, tienden a no aceptar tampoco esto, diciendo que les exige demasiado. Ni siquiera aceptan que se enrolen los que no están abocados a estudiar la Torá.
De la respuesta de los rabinos dependerá la supervivencia de la coalición de gobierno.
Pero en realidad, lo más importante es que de la capacidad de defenderse debidamente, depende la supervivencia de Israel.
Como en todo, tampoco en esto se puede generalizar. Hay jóvenes del sector haredí que se han enrolado y que inclusive dieron su vida por el Estado al caer en combate. Esta semana se llevó a cabo un día de reclutamiento a marcos especiales para los ultraortodoxos en el ejército y se enrolaron 531, de los cuales 230 fueron a puestos de combate y el resto a profesiones de apoyo a combate.
Cada uno de ellos debe ser apreciado y valorado porque está claro que aunque pueden tener familias que los apoyan, en general su entorno es muy problemático en cuanto al enrolamiento a las Fuerzas de Defensa de Israel.
Pero estos números son ínfimos, no sólo en cuanto a lo que se necesita sino en cuanto a la cantidad de jóvenes en edad de enrolarse, que no lo hacen. Cerca de 70.000 podrían estar entrando ahora al servicio militar. Los números hablan por si solos.
Son tantos los religiosos no del sector haredí que hacen el servicio militar y están en las mejores y más arrojadas unidades, que resulta inaceptable que del sector haredí aleguen que no pueden. Y encima acusan al Estado de querer destruir el mundo de la Torá. Esa es una mentira insoportable.
“Moriremos y no nos enrolaremos”, gritan los más extremistas en las manifestaciones de protesta. Ese tono no es el mayoritario, no. Pero el fenómeno de no enrolarse, sí.
El sector haredí es parte de Israel pero en diversos aspectos no actúa como tal. Y éste es el más claro, especialmente grave, especialmente habiendo vivido el país una guerra en 7 frentes que tanto dolor ha causado al país.
Seguir fuera del esfuerzo de defensa nacional, como si no fueran parte, haciendo caso omiso de lo que requiere el servicio militar, el servicio de reserva, que tanto incide en la vida personal de los reservistas, no corresponde con los valores de la Torá que dan gran importancia a la hermandad y la solidaridad.
Esta amenaza interna no tiene misiles ni bombas. No es como lidiar con Hamas en Gaza, pero es un peligro para la seguridad nacional.
La única consideración para aprobar la ley en cuestión, es política, tratar de preservar la mayoría en la Kneset. Es legítimo, todo gobierno lo hace, querer mantenerse en el poder. Pero después de todo lo que vivió Israel desde el 7 de octubre, es inconcebible que esto siga ocurriendo. Los judíos ultraortodoxos, deberían ser los primeros en correr a las oficinas de reclutamiento y proclamar, sin dejar de lado la Torá sino precisamente por el respeto a sus enseñanzas, que quieren ayudar a sus hermanos, como parte del pueblo de Israel.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(7 de Enero de 2026)
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