Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Desde Caracas a Teherán, el silencio hipócrita y traidor


Supongamos que entre los manifestantes que salieron a las calles en Europa, América Latina y Estados Unidos   a protestar contra Israel desde el 8 de octubre del 2023 –increíblemente, en lugar de hacerlo contra los terroristas de Hamas que le habían atacado el 7- había gente auténticamente convencida de que con ello ayudaban a la población civil palestina. 

Supongamos que realmente ninguno entendió que las manifestaciones deberían haber sido contra Hamas, por condenar a la Franja de Gaza a una guerra ineludible, al usar su territorio y sus recursos para el horror, no para el bien de la población.

Supongamos que no era el antisemitismo disfrazado de crítica al gobierno de Israel lo que motivó esas manifestaciones.

Supongamos que no había mucho dinero detrás de todo eso, dinero que organizaba y pagaba, que sigue pagando, a políticos, periodistas  y otros actores en la arena internacional que se abocaron intensamente a demonizar a Israel y atribuirle crímenes falsos. Y que tuvieron el tupé de criminalizarlo repitiendo y reproduciendo por doquier cualquier información difundida por los terroristas desde Gaza. Especialmente pecaminoso fue que lo hicieron también organismos internacionales que deberían poder ser vistos como voceros de la integridad internacional, pero nada más lejos de eso.

Supongamos que todo fue una auténtica expresión de valores de apoyo a la libertad, la defensa de la población civil contra viento y marea y la oposición a toda situación de violencia que puede poner en peligro a más gente.

¿Entonces?

¿Por qué esas mismas consideraciones no se tomaron en cuenta por los supuestos preocupados por ellas, cuando el dictador venezolano Nicolás Maduro fue detenido por Estados Unidos y desde los balcones en Caracas se oyó el grito de “¡Libertad!”? ¿Por qué hacerse los preocupados por el Derecho internacional y no por los años de vida bajo dictadura del sufrido pueblo venezolano? ¿Quién tiene interés en desdibujar el verdadero problema? Por dar un ejemplo concreto ¿quién pagó en Montevideo día atrás por la fabricación y distribución de numerosas banderas de Venezuela para expresar apoyo  frente a la Embajada venezolana tras la detención de Maduro? Tal cual aclaró por televisión un exilado venezolano residente desde hace años en Uruguay, allí no había venezolanos ya que los que tuvieron que irse de su país están felices por la captura de Maduro.

Los intereses detrás de esta deformación de la lógica internacional, de la decencia, son oscuros y peligrosos.

¿Y por qué todos los que manifestaron ya dos años contra Israel no expresaron algo de esa preocupación por la vida y el bienestar de los civiles, cuando los ciudadanos iraníes, arriesgándose a ser asesinados en las calles por las fuerzas de represión del régimen teocrático de los Ayatollas, salen violentamente a protestar?. ¿Por qué no oímos a los mismos preocupados por los palestinos en Gaza, manifestar también en apoyo a los venezolanos y a los iraníes? 

La respuesta a tantas preguntas es que nunca se trató de ayuda a los palestinos, sino de odio a Israel, de un intento inclusive de quitarle su derecho a defenderse.

El silencio es ensordecedor. Un silencio que truena ante tantas masacres en el mundo, a las que ni miran porque no tienen cómo vincularlas a Israel ni siquiera con mentiras.  

Es un silencio hipócrita. Y lo peor, traidor a todos aquellos que realmente precisarían ayuda internacional. Irán es el ejemplo más reciente. Pero las calles están vacías. No hay ni “todos los ojos sobre Irán”, ni manifiestos de actores y cantantes “comprometidos” con la libertad, ni declaraciones con rostro serio de gobernantes de izquierda, ni periodistas apurados por arrancar a sus presidentes alguna declaración urgente y tajante de condena a lo que sucede…nada que se asemeje  siquiera a todo lo que están haciendo tantos desde hace más de dos años contra Israel.

Nada. No les interesa ni recordar los crímenes de Maduro y sus secuaces, ni los de la dictadura islamista de Irán.

Ya lo dijimos.

Hipocresía y traición. 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(12 de Enero de 2026)

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