Basta con dar una mirada por arriba al entorno en el que vive Israel, para comprender lo desafiante de su situación. Más allá de las amenazas directas y explícitas que le envían sus enemigos, el vecindario mismo en el que está ubicado, es de una dureza difícil de describir. Esto tiene dos aristas que es clave entender.
Por un lado, al observar la dinámica en las relaciones entre distintos grupos étnicos y religiosos de la región, al ver la sangre, la crueldad, lo implacable del relacionamiento en muchos casos, queda clarísimo que en Oriente Medio no hay piedad. Y por eso, dado que las armas y el odio que distintos habitantes de la región dirigen uno contra el otro, pueden en algún momento ser dirigidos contra Israel, el Estado judío debe ser fuerte. Y desconfiar. O al menos, ser de una firmeza tal al tomar las medidas necesarias para la protección de su gente y su territorio, también cuando da chance a la paz, que nadie pueda sorprenderlo para eliminarlo. Ya pasó dos veces. Nunca más.
Pensamos en esto en los últimos días, al ver las escenas del avance de las fuerzas islamistas de Abu Muhamad al Joulani, o sea el Presidente Ahmed a-Shara en Siria, hacia los territorios kurdos en el país. El nuevo régimen sirio, que cada vez esconde menos la naturaleza de sus tropas, logró quitar a los kurdos sirios enormes territorios y bienes estratégicos. Pero por supuesto, no les alcanzó: asesinó civiles por doquier, secuestró a jovencitas kurdas, humilló a sus prisioneros haciendo que los hombres ladren como perros…y uno mira y siente que en esta película ya hemos estado.
Ni que hablar de la represión asesina del régimen iraní, que asesinó a enorme cantidad de personas en las calles, dentro de los hospitales, que mató, hirió y detuvo a numerosos ciudadanos que protestaron en su contra. Es el mismo régimen que roba el dinero de sus ciudadanos para entregárselo a terroristas que comparten su ideología fanática de destrucción de Israel.
Medio Oriente no da tregua. Claro que nunca es justo generalizar y cada gobernante es un mundo. Pero hay algo que va más allá del jefe de turno y de las fronteras del país. Hay algo intrínseco a este entorno árabe islámico donde hay que estar siempre pronto para lo peor.
Pero no por esto hay que perdonar al mundo.
A este mundo que acepta antisemitas y demonizadores de Israel.
A los superficiales que no entienden o no quieren entender que en general, los terroristas y quienes les apoyan, hablan en serio.
Al propio Presidente Trump , que tanto ha hecho por Israel, y que tanto se equivoca al hablar de su par turco Erdogan como fantástico amigo y del presidente de Siria como un gran luchador. Es una combinación se superficialidad y de agenda muy particular.
El mundo no entiende o no quiere entender. Pero Israel siempre tendrá que poder actuar con libertad de acción para defenderse, ya que de lo contrario está perdido.
No como quien busca guerra y conflicto constante, no. Pero sí como quien no ese puede permitir quedarse dormido.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(21 de Enero de 2026)
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