Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

El problema en Uruguay va mucho más allá de una murga irrespetuosa


 

Días  atrás,  el nuevo tema de turno que causó preocupación en la colectividad judía uruguaya y en muchos compatriotas no judíos, fue el tema de la murga “Doña Bastarda”, primer puesto en su categoría en el Carnaval, por  una presentación extremadamente ofensiva para los judíos. ¿Por qué? Porque  caricaturiza las cámaras de gas, habla de hacer jabón, y después tiene el tupé de decir que es “ironía” y “libertad de expresión”.

Les confieso. El título original de este comentario decía “una murga antisemita”. Pero a menudo, cuatro ojos ven más que dos, y una persona cuyo criterio respeto enormemente, me dijo: “Puede que sea exagerado tildar a la murga toda de antisemita. Ese no es el tema. Lo seguro es que lo que cantaron es una absoluta falta de respeto al pueblo judío y su memoria”.

Evidentemente, no puede haber actuado con ingenuidad. Es que en principio, las dos únicas explicaciones serían que allí los que escriben y los  que cantan son ignorantes y no entienden de qué hablan-y no creemos que esa sea la realidad- o que no les importa subir a un escenario y presentar un texto con clara connotación antisemita.

Es lamentable y repudiable que no se hayan detenido a pensar ni un momento-o quizás sí, pero no les importó nada- que aún hoy en día hay mucha gente, también en Uruguay, a cuyos antepasados los hicieron jabón en los campos de exterminio. 

Pero “Doña Bastarda” es sólo la más flamante expresión de algo mucho más profundo que ha ido en constante aumento: el antisemitismo en Uruguay. Es la naturalización del antisemitismo que va en aumento. Es la presencia en el Parlamento de un diputado antisemita, Gustavo Salle, de discurso nazi enfermizo. Es el hecho que figuras públicas se hayan expresado en las redes con mensajes de odio contra el único Estado judío del mundo. Es el abuso que la UdelaR hace de  su autonomía, adoptando reiteradamente posiciones discriminatorias para con un único país del mundo, Israel, e inclusive llamando al gobierno a dejar de apoyar la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional de Recordación del Holocausto, porque incluye la demonización de Israel-por dar un ejemplo- en las situaciones que deben ser consideradas antisemitas.

El problema no es sólo “Doña Bastarda”. Son todos aquellos, a distintos niveles, que se creen en el derecho de criminalizar a Israel-lo cual es muy diferente de discrepar legítimamente- mientras callan no sólo sobre la masacre que sufrió y a la que tuvo que responder, sino también sobre atrocidades indescriptibles en diferentes partes del mundo. Y cuando se apunta solamente al judío entre las naciones, el Estado de Israel, eso es antisemitismo, el mismo que mostraron los que persiguieron a los alumnos de la Escuela Integral .

El problema es lo que está detrás del hecho que el INAU, después de haber dicho que el espectáculo no es apto para todo público, por conceptos que allí se manifestaban, cambió de postura y lo habilitó. Y ahora, abiertamente, muchos uruguayos creerán que es legítimo burlarse del Holocausto. Y si la Vicepresidenta fue a verlos y a aplaudir ¿qué puede estar mal?

¿A alguien se le ocurre qué pasaría si se osara hacer una actuación caricaturizando el tema sagrado de los desaparecidos? ¿O de las víctimas de la dictadura? Sería inconcebible.

Hasta ahora, el Estado uruguayo no ha logrado aplicar en la medida necesaria las leyes contra el discurso de odio, de modo que quede claro que mensajes de tono antisemita deben estar prohibidos. Ahora, tiene otra responsabilidad más: garantizar que el libertinaje no sea interpretado por enajenados extremistas como permiso a actuar y a atacar judíos y sus instituciones.

Escribo estas líneas y yo misma me digo “pero no, no puede ser, estamos hablando de Uruguay”. Pero sí, también en Uruguay puede pasar. Ya pasó, el 8 de marzo del 2016 en Paysandú. Y desde entonces, el antisemitismo se ha abierto camino significativamente, por lo cual el peligro ha aumentado.

Los antisemitas merecen nuestro repudio. Pero además, todos aquellos que expresan su antisemitismo condenando sin cesar al Estado judío y sin decir ni una palabra sobre horrores en otros casos, verdaderamente dan asco. Los que consideran legítimo condenar tanto a Israel y no decir nada sobre las decenas de miles de civiles iraníes asesinados en las protestas, no están motivados ni por principios ni por moral. Dan lástima. 

Pero esto no puede quedar a nivel de debate filosófico o discusión política. Los responsables de difundir antisemitismo, deben tener que responder por ello. Las leyes están. Hay que aplicarlas. No sería un favor a los judíos. Es por el bien de Uruguay.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(24 de Enero de 2026)

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