Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Trasfondo infeliz para el homenaje parlamentario a las víctimas del Holocausto


La decisión de convocar una sesión especial de la Comisión Permanente de Parlamento para el 27 de enero, no fue tomada por el gobierno ni el Parlamento actual, sino que data del 2007. Pero su preservación y la continuación de esta tradición, son valores a destacar, y muy especialmente dado el auge del antisemitismo en diferentes partes del mudo. También de su aumento en Uruguay.

Sin embargo, lamentablemente, son demasiados los elementos que manchan esta tradición. Sin ir más lejos, hace tan solo unos días se confirmó una nueva expresión escandalosa del antisemitismo en Uruguay, con el caso de la murga “Doña Bastarda”, cuyo texto es alevosamente ofensivo para los judíos y su historia , una muestra atroz de irresponsabilidad e insensibilidad.

Esto impone un entorno muy complicado de cara a la sesión especial de la comisión permanente . Porque el Estado sigue prácticamente sin actuar ante las recurrentes expresiones de antisemitismo . Y el peor ejemplo es que en el propio Parlamento uruguayo hay un legislador enfermo de antisemitismo y ánimo de constante provocación. Está claro que hay otros que no son amigos de los judíos, pero no tienen el mismo nivel de discurso de odio de Gustavo Salle. Es una vergüenza escucharlo y es un bochorno que haya sido electo, que aún no haya sido expulsado del templo de la democracia uruguaya. Hay leyes contra crímenes de odio. Sin duda que su discurso antisemita se incluye fácilmente en lo que debe ser combatido por las mismas.

 

A pesar de todo, tratemos de ver algo de luz.

Un 27 de enero, no es evidentemente el momento ideal del año para ver el recinto lleno. Es sólo la Comisión Permanente. Pero realizar esta sesión especial, es un mensaje positivo e importante.

 

Tal como hemos escrito años anteriores, de cara a esta sesión en el Parlamento, pensamos con emoción en los sobrevivientes de la Shoá que hace décadas se convirtieron en uruguayos, y que aún tienen fuerza para hacerse presentes y tomar asiento allí arriba para escuchar y vivir lo que dicen los legisladores. Los sobrevivientes o sus hijos…o nietos…que más allá de concordancias o discrepancias con las posturas políticas de tal o cual, el 27 de enero ven que su Parlamento, honra la memoria de sus hermanos asesinados. 

Y esto tiene un significado singular, ya que para todos los sobrevivientes- creemos no exagerar- Uruguay fue su único país. Sus tierras natales fueron símbolo de persecución y muerte. Fue en Uruguay que reiniciaron sus vidas y pudieron vivir en libertad, con dignidad.

Eso no tiene precio. El 27 de enero y todos los días del año, lo recordamos.

Pero aquellas puertas abiertas de Uruguay a nuestros abuelos, no bastan.  El Estado tiene que garantizar que los descendientes de aquellos inmigrantes, que ya nacieron como uruguayos décadas atrás, reciban el respeto que merecen, libres de discursos de odio que nadie tiene por qué aceptar. Y que si continúan, serán una seria amenaza a la paz pública, concepto que debería ser suficiente para que quien amenaza alterarla con expresiones de odio, tenga que pagar por ello.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(25 de Enero de 2026)

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