Este domingo se cruzó otra línea roja en Israel. Las escenas transmitidas desde la ciudad mayormente ultraortodoxa (haredí) Bnei Brak son totalmente inaceptables. Inspiran una combinación de vergüenza y furia que es hasta difícil describir cabalmente. Se ve a dos jóvenes soldadas de las Fuerzas de Defensa de Israel rescatadas por la Policía mientras una multitud de cientos de hombres religiosos que antes las habían rodeado las insultan y amenazan mientras patean tachos de basura.
No publicamos la filmación, por cuestión de derechos de autor, pero se pueden ver en la página de internet del portal Ynet.
Según testigos presenciales, las dos mujeres soldado fueron rodeadas por numerosos violentos que las atacaron, al parecer creyendo que habían llegado a Bnei Brak a detener a algún hombre que no se había presentado debidamente a la orden de reclutamiento al servicio militar obligatorio. En realidad, las soldadas habían llegado a la ciudad para hacer una visita domiciliaria a un joven que está por reclutarse a fin de saber si precisa algún tipo de ayuda. Esto, por el conflictivo trasfondo en el tema del enrolamiento al ejército, al cual se opone el grueso del público haredí, alegando que su intención es desviarlo del estudio de la Torá.
Hay mucho para decir al respecto, pero primero, el comunicado oficial publicado por la Policía israelí sobre los hechos ocurridos en Bnei Brak. Lo publicamos íntegro, incluyendo los adjetivos con los que la Policía se autoelogia, ya que esta vez los merece:
“Resumen de los disturbios en la ciudad de Bnei Brak: 23 personas que alteraron el orden fueron arrestados; la policía actuó con determinación y mano dura para restablecer el orden público. Tres policías resultaron heridos.
A partir de la tarde, comenzaron graves disturbios en la ciudad de Bnei Brak, después de que dos mujeres soldados llegaran a visitar una casa como parte de sus tareas. En poco tiempo, decenas de alborotadores se congregaron en la calle Hagai de la ciudad, bloqueando el paso a las mujeres soldados e intentando impedir su movimiento.
Numerosas fuerzas policiales acudieron al lugar y actuaron con rapidez y profesionalidad para rescatar a las mujeres soldados de la multitud tumultuosa.
Durante el rescate, los infractores iniciaron un violento disturbio que incluyó el lanzamiento de piedras contra la policía, el vuelco de un coche patrulla y el incendio de una moto de policía que contenía tefilín.
Estos fueron incidentes graves y potencialmente mortales, dirigidos contra las fuerzas del orden que actuaban para cumplir con sus deberes y mantener la seguridad pública.
Las soldadas fueron rescatadas ilesas gracias a la respuesta rápida, decidida y profesional de los agentes de policía, que operaban bajo el violento ataque.
Durante los sucesos, tres agentes resultaron con heridas leves y requirieron atención médica”.
Pues bien…en efecto la Policía actuó esta vez con determinación y eso, literalmente, puede haber salvado la vida de las jóvenes mujeres soldados.
Vimos las escenas de las soldadas sacadas de la zona de peligro por los policías mientras los violentos las perseguían, y sentimos vergüenza de que algo así pueda suceder en el Estado judío.
Vergüenza y furia.
Por los momentos que esas jóvenes miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel tuvieron que pasar.
Por el atrevimiento de los criminales que no respetan la ley no sólo al no enrolarse sino al ver en quienes visten uniforme, un enemigo.
Por los gritos “ustedes no son dignos de esta tierra sagrada”, que gritaban a los policías, aunque los indignos de lo que significa la tierra de Israel son aquellos que gritan “moriremos, pero no nos enrolaremos”, sus líderes políticos que buscan eximirlos formalmente, por ley, del servicio militar obligatorio , y aquellos rabinos de ese sector que mienten al decir que la intención es impedir que estudien la Torá y alejarlos de la vida religiosa judía.
Indignos de la tierra de Israel son todos los que a pesar del horror del 7 de octubre no entienden que se vive una nueva realidad en la que es imprescindible que todos participen de la defensa nacional.
Las condenas a los hechos de este domingo fueron prácticamente unánimes, desde el Primer Ministro Netanyahu, su ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, el Presidente del Estado Herzog y por supuesto todos los líderes de la oposición. Todos los “inaceptable”, “inadimisible”, “vergonzoso” y similares que se dijeron, estaban en su lugar. Pero no lo estaba el enorme esfuerzo de algunos por destacar que son “un puñado de anarquistas”. Lamentablemente no, no son un puñado. Claro que no son todos, por supuesto que no. No sólo que hay quienes se enrolan, aunque son una muy pequeña minoría, sino que el público en general del sector en cuestión no actúa de esta manera. Y fue especialmente importante el comunicado del Intendente de Bnei Brak condenando lo sucedido y recalcando que “la violencia no es nuestro camino”. Pero un puñado no son y el problema central es que los que sí lo hacen se sienten con la fuerza y la legitimidad de hacerlo. Y Bnei Brak no es el barrio Mea Shearim, considerado mucho más cerrado y ultraconservador, fue siempre visto como otro matiz. Evidentemente, las cosas cambian para mal.
Lo central es preguntarse por qué los violentos no van a sentir que pueden permitirse cometer la aberración que cometieron, si ven a la coalición de gobierno esforzándose tanto por promulgar una ley que regularice la exención del servicio militar obligatorio.
Hasta mediados de los años 70 del siglo pasado, la ley de servicio militar obligatorio era ampliamente respetada y los haredim también se enrolaban, lo cual cambió por consideraciones políticas, nada más.
Son numerosos los rabinos que recalcan que ir a defender al pueblo, es la forma más pura de hacer cumplir los mandamientos de la Torá. Y cabe señalar que dentro del público haredí, también hay figuras convencidas de que se puede seguir siendo respetuoso de la religión y también servir al país.
El gran problema es el liderazgo político de los partidos ultraortodoxos. Pero evidentemente, también su público tiene mucho que aprender.
Y aquí, la responsabilidad de las autoridades es dejar en claro que esto no puede quedar impune. Absolutamente todos los participantes en el tumulto violento, deben pagar por lo que hicieron. Si nosotros vimos las caras, la Policía también.
Quienes protagonizaron esta violencia, además de violar la ley y los valores judíos, son unos ingratos. Tendrían que vivir agradeciendo a las Fuerzas de Defensa de Israel cuyos soldados arriesgan diariamente sus vidas para que ellos y la ciudadanía toda pueda continuar con la suya.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(15 de Febrero de 2026)
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