La vida no detiene su curso, me escribió con mucha razón una persona muy cercana a la que quiero mucho, maravillada y feliz por el nacimiento de mi nueva nieta en el hospital Ichilov de Tel Aviv.

Afuera, en ese mundo de la vida diaria que ahora me parece la estratosfera, los medios de comunicación analizan insistentemente las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, se preguntan si acaso Trump decidirá finalmente atacar, cuándo y cuánto. Países árabes considerados moderados quieren en su fuero íntimo que el régimen de los Ayatolas sea arrasado aunque no lo puedan proclamar, los musulmanes extremistas como Catar y Turquía presionan a Washington para que no se lance a la guerra, en la Franja de Gaza ni miras de que los terroristas de Hamas entreguen las armas…y aquí en el Ichilov, un mundo aparte. Pacientes judíos y árabes son tratados por igual por médicos y enfermeros judíos y árabes, el credo de unos y otros es irrelevante cuando hay que salvar vidas…y la vida sigue su curso.

Recordamos la última vez que estuvimos en este hospital hace ya varios meses, los enormes carteles por doquier gritando sin voz por la liberación de los secuestrados que aún estaban en Gaza. Un reloj digital marcaba los demasiados días que habían transcurrido desde el 7 de octubre del 2023, día del horror.
Ese reloj ya no está y también los carteles desaparecieron, afortunadamente, porque todos los secuestrados volvieron a casa.
Junto a una rotonda un enorme cartel azul anuncia que “aquí será erigido el jardín de los niños del 7 de octubre”. Numerosos niños fueron asesinados el día del horror. La menor, Mica, de tan solo 10 meses, en el kibutz Beeri. ¿Será en memoria de todos ellos o en honor a los que se salvaron, para que tengan larga vida con salud? Unos y otros merecen un jardín.

Justo enfrente de la entrada a lo que se presenta como un hospital aparte para las parturientas, aunque está dentro del Ichilov, en un edificio hay un enorme cartel: “Aquí está siendo erigido el Hospital de Rehabilitación de los heridos de guerra”. Y nos estremecemos al ver que la sigla compuesta por la inicial de cada una de esas palabras, en hebreo, forma el nombre perfecto: Bishvilám, que quiere decir “Para ellos”. O sea para los que lucharon para que los secuestrados vuelvan. Para los que pelearon para que Hamas no pueda hacer otro 7 de octubre. Para los que arriesgaron sus vidas para cuidar a Israel y volvieron con las marcas del esfuerzo en su cuerpo y seguramente también en su alma.

En la esquina de enfrente, está el hospital Dana de niños, también parte del Ichilov, otra maravilla de esta vida que sigue su curso en un mundo pleno de desafíos.
Miro a mi nietita y recuerdo que su hermanita mayor nació pocas semanas después del 7 de octubre. Qué elocuente el mensaje de cada nacimiento después de aquel espanto. Qué bendición verla hoy bailar y cantar, criada con amor y alegría, apostando a la vida.
Es que la vida sigue su curso…y yo lo que quiero es que todos mis nietos crezcan en un Israel en paz. ¿La verdad? No sólo ellos sino todos los niños de la región, que crezcan en países en los que se apuesta por la vida y no por la guerra. Puede que suene a lo que realmente es, una profecía bíblica para un mundo hoy inexistente…como dice el rollo de Isaías que en estos mismos instantes está expuesto en el Museo Israel de Jerusalem: “Y convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”.
Amén.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(26 de Febrero de 2026)
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