Debo ineludiblemente comenzar haciendo una aclaración que relativice el titular de este editorial. Es que estas líneas apuntan a denunciar y condenar el furibundo odio antisemita que evidentemente existe también en Uruguay. Pero claro que no todo es así.
Acabamos de leer en Facebook una nota sobre medidas de seguridad en torno a la colectividad judía por la situación bélica en Oriente Medio. Es que siempre puede haber algún enajenado que combina ambas cosas y cree que es buen momento para hacer algo al respecto. Fue angustiante, extremadamente preocupante, leer los comentarios. Lo más delicado que algunos pusieron fue decir que en el siglo XX fuimos víctimas y en el XXI victimarios. Que se ve que era mentira que nos mataron. Que qué nos quejamos si atacamos nosotros primero a Irán. Que apoyan a Irán. Que cuánto hay todavía para hacer jabón.
Después de la furia y el dolor, está la vergüenza ajena de ver el nivel, la ignorancia, la superficialidad…la basura.
Lo bueno, que confirma nuestra aclaración original, es que entre los comentarios también había varios de lectores no judíos, a juzgar al menos por sus nombres, que condenaban a quienes escribían mensajes de odio.
Como he contado en más de una oportunidad, cuando mis amigos israelíes me preguntaban si Uruguay es un país antisemita, yo siempre respondía que no, pero que claro que hay antisemitas a nivel individual. Un buen amigo no judío me dijo hace tiempo que soy demasiado comprensiva, que siempre hubo antisemitismo y que basta con rascar un poco para que salga a flor de piel. El, sin ser judío, lo captó desde jovencito.
Claro que lo que se expresa en las redes no lo representa todo. Claro que sería injusto ver como sinónimo de Uruguay la basura de los comentarios antisemitas que tantos escriben sobre notas en los medios o posteos en las redes. Pero lo que hay, hay que dejarlo en claro, porque es una luz roja que no se puede dejar pasar.
No sabemos si representan el 2% de la población o el 25% pero Uruguay es el país de América Latina con más antisemitismo en las redes. Escribo estas líneas y me vienen a la mente-y al corazón- tantos amigos uruguayos no judíos que no tengo dudas condenan este fenómeno tanto como nosotros. Son todos aquellos en los que pienso cuando digo, siempre, “no estamos solos”. Amigos personales o figuras públicas que sé que repudian estos hechos tanto como los judíos.
Los antisemitas han perdido la vergüenza de salir públicamente como tales. Es que en las redes, no todos aparecen con seudónimos o dibujos que no permiten identificarlos. No pocos están con nombre y apellido.
La responsabilidad por esta situación recae sobre los hombros de todos los que se nutren de contenidos de odio en las redes y de quienes los generan, incluyendo periodistas y figuras públicas que corren gozosos a condenar siempre a Israel y a ver de qué lo pueden acusar. También de todos aquellos que con ligereza demonizan al Estado judío pero jamás condenan a los terroristas, no se rasgan las vestiduras por las mujeres iraníes ni por las palestinas víctimas de Hamas, por dar sólo algunos ejemplos. Antisemitas y también hipócritas.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(10 de Marzo de 2026)
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