Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Una guerra imprescindible y justa, con desenlace incierto


 

La guerra de Israel y Estados Unidos contra el régimen de los Ayatolas en Irán está cumpliendo un mes  y nadie puede garantizar que no termine pronto. Nos embarga un sentimiento que quizás sea difícil explicar.

Por un lado, toda persona normal quisiera vivir en calma, no pensar si sale a la calle y tiene dónde refugiarse en caso de que suene la alarma, y en ese sentido, estoy segura que todo ciudadano de Israel quiere que la guerra  termine, que se pueda vivir con tranquilidad.

Por otro lado, continuar con la guerra, si bien significa que continúa el peligro de los ataques a Israel, también significa que Israel tiene más tiempo para destruir lo más posible la amenaza iraní. Parece muy claro ya que no se logrará el objetivo de hacerlo desaparecer totalmente, pero es importante reducirla al mínimo. Por eso estoy convencida de que precisamente quien quiere vivir en paz, debe tener interés en que Israel no se vea obligado a terminar la guerra antes del tiempo que precisa para derrotar a los Ayatolas.

Pero no está claro que Israel cuente con el tiempo necesario.

Si ello depende del presidente Trump, no se puede descartar, por su forma de tomar decisiones, por sus idas y vueltas en direcciones contradictorias y por su tendencia, en algún momento, a cansarse de un tema y querer terminarlo diciendo “gané”, que la guerra termine antes de lo necesario. El problema es cómo eso deja a Israel.

Nada es seguro en este momento y bien podría ser que todo lo que dice Trump sobre posibilidad de un muy pronto acuerdo con Irán, que Irán quiere acuerdo a cualquier precio y otras yerbas similares, son difíciles de digerir por oídos israelíes. Aunque en cantidad de misiles está claro que Irán no puede lanzar todo lo que amenazaba y quería, cada  disparo hace correr a millones de ciudadanos israelíes a los refugios, no siempre en la comodidad de la propia casa. Es complejo, la vida se altera y claro que uno quiere ver el fin y respirar tranquilos. Y además no hay ninguna certeza acerca de cuánto ha sido destruido.Según un informe de la agencia Reuters basado en varias fuentes de Inteligencia norteamericanas, se logró destruir un tercio de los misiles. Agregaríamos “sólo” un tercio.

El problema es que aunque esté clarísimo, ineludiblemente, que EEUU e Israel lograron causar un enorme daño a la infraestructura militar de Irán y a sus organismos de poder, el peligro no ha sido eliminado del todo. ¿Es real pensar que eso se lograría? ¿Se puede seguir combatiendo hasta el último misil?

Es chocante que las autoridades- el Primer Ministro Netanyahu en primer término pero también su titular de Defensa Israel Katz- tengan la costumbre de formular declaraciones con tantos términos espectaculares sobre victoria absoluta, “haremos”, “lograremos”, “destruiremos” y otras yerbas, cuando en el terreno las cosas son más complejas.

Aclaramos: el enemigo merece ser destruido en forma absoluta, porque su razón de existir es arruinar la vida de Israel y borrarlo de la faz de la Tierra. Israel no lo debe permitir. Pero dado que se sabe que precisamente por la dimensión de la amenaza –el despliegue de las instalaciones armadas es inconmensurable- sería recomendable que las autoridades sean más modestas en lo que dicen. Lo principal es lo que hacen. Y cuando se logra, pues sí, destacarlo. Las promesas de antemano son problemáticas cuando el pueblo tiene tanto con lo que lidiar y no siempre siente que se alcanza lo anunciado.

Israel está indudablemente alcanzando logros difíciles de describir. El nivel de su Fuerza Aérea y su servicio de Inteligencia son propios de películas sobre hazañas históricas. Un pequeño país, amenazado desde su nacimiento, se mantiene firme en su derecho a vivir en paz, para lo cual, lamentablemente, hay que luchar. Que eso se haga mientras la gente insiste en salir a la calle, pasear, comer afuera y dar una vuelta entre alarma y alarma, procurando siempre saber adónde correr si suena de vuelta, es una normalidad israelí. 

Israel debe ser el único país en guerra cuyos ciudadanos luchan por volver apenas se sabe que comenzaron a caer misiles. Y encima, a los vuelos en los que se trae a israelíes varados en el exterior de vuelta a casa, los llaman “vuelos de rescate”.  Sólo en Israel.

Yo creo que por todo esto, Israel prevalecerá.

Pero los desafíos no terminan. Tampoco el tener de gran aliado a un Presidente que ha hecho lo que ninguno para frenar o eliminar la amenaza de Irán, pero que al mismo tiempo es impulsivo y problemático en la toma de decisiones. Hay mucha incertidumbre en este momento.

Los próximos días dirán si la guerra continúa por varias semanas más, o si súbitamente se proclamará un alto el fuego…hasta la próxima. Desde Israel, mucho tememos que la llegada de la tranquilidad, que a plazo inmediato claro que deseamos, sea el comienzo de la cuenta regresiva hasta un nuevo enfrentamiento.

Y todo esto se refiere tanto a Irán como a Hezbolá, que ataca en forma incesante desde Líbano al norte de Israel.

Cuánto quisiera estar equivocada…

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(27 de Marzo de 2026)

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