Optamos por comenzar por la luz. El año pasado, cuando estábamos por celebrar Pesaj- la fiesta de la libertad- una de las fechas más significativas del calendario judío, 59 secuestrados aún se hallaban en manos de los terroristas de Hamas y la Yihad Islámica en la Franja de Gaza. Nada auguraba un buen desenlace, al menos nadie podía darlo por seguro.
En la mesa del Séder, la tradicional cena de Pesaj, en la que la mayor alegría es compartir la vivencia con la familia, teníamos una silla vacía con una cinta amarilla, símbolo de la lucha por la liberación de los secuestrados. Y pensábamos ineludiblemente en todas las familias cuyas vidas habían quedado truncas el 7 de octubre del 2023 por la masacre genocida de Hamas en el sur de Israel.
Este Pesaj, afortunadamente, no quedan secuestrados en Gaza. Los últimos 20 con vida volvieron a casa el 18 de octubre y los últimos 28 que ya se sabía que estaban muertos, fueron devueltos, no con la rapidez debida, pero ahora ya podemos respirar tranquilos sabiendo que recibieron digna sepultura en su tierra.
Esa es la gran luz en la fiesta de la libertad.
Pero de fondo los desafíos siguen siendo demasiado numerosos. El pueblo judío en general e Israel en particular, se ven obligados a lidiar con demasiadas afrentas, no por errores cometidos sino por su propia identidad.
Desde Israel, ya bien lo saben los lectores, podríamos escribir continuamente sobre los ataques que hay que repeler, y sin ir más lejos, hace ya casi 5 semanas que se está librando una guerra clave contra la amenaza del régimen de los Ayatolas en Irán. Israel atacó primero el sábado 28 de febrero, sí, pero fue un ataque preventivo sabiendo que Irán pensaba hacerlo pronto.En el norte, la organización terrorista Hezbolá ataca constantemente desde Líbano, lanzando misiles que convierten la vida de la población en un infierno.
Israel tiene derecho a vivir libre de amenazas, derecho a la libertad de la autodefensa, que podría evitarse si no hubiera terroristas dominando territorios vecinos y convirtiéndolos en bases de ataques con misiles hacia Israel.
Y el mundo judío tiene derecho a vivir libre de antisemitismo, sin obligación ninguna de dar cuentas por ser lo que es. Y menos que menos, sabiéndose que en toda sociedad en la que viven comunidades judías, constituyen un aporte valioso al país. Uruguay no es la excepción, todo lo contrario. Pero el discurso público de odio antisemita se ha multiplicado y aunque lejos está de ser una característica del país, lejos está también de ser algo difícil de encontrar.
En este Pesaj, quisiéramos poder celebrar sin riesgo de alarmas por misiles en camino, pero este miércoles ya comenzó con numerosas, en diferentes partes del país, impactos en varias zonas y también heridos, incluyendo niños. Quisiéramos poder avisar a toda la familia –íbamos a ser más de 30 en casa para Pesaj- que volvemos a invitar, que la cancelación porque no entramos todos en el refugio, está cancelada. Hace ya unos días tuvimos que avisar a todos- salvo nuestros hijos- que no podemos hacer la reunión amplia como hubiéramos querido, porque si hay alarma en medio de nuestro encuentro, en el refugio en casa no hay lugar para todos. ¿Eso es normal? Es lógico, claro, dadas las circunstancias. ¿Pero por qué tiene que ser así?
Este Pesaj, quisiéramos estar libres de dudas respecto al camino a seguir. O sea, no tenemos dudas que Israel debe luchar para garantizar su existencia y defender su derecho a vivir en paz. Pero también quisiéramos creer como alguna vez creímos, que la paz podría estar cerca, no exenta de problemas, pero allí, al alcance de la mano. Nos estruja el corazón tener hoy más desconfianza que fe.
Pero el pueblo judío nunca pierde la esperanza. Y uno mira al pueblo de Israel y entiende por qué. Un pueblo en el que una mujer, cuya casa sufrió serios daños por la onda expansiva de un misil en su calle, cuelga en la ventana ya sin vidrio una bandera de Israel, es un pueblo que va para adelante, que no acepta caer.
Eso también es libertad.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(1 de Abril de 2026)
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