Iom Haatzmaut, el Día de la Independencia de Israel, es indudablemente el día más alegre del calendario nacional del Estado judío. Israelíes de distintas posturas políticas, de diferentes sectores de la sociedad y orígenes, celebran ser parte del hogar nacional judío. Muchos tendrán quejas sobre situaciones que deben mejorar y ser corregidas, pero en general, embarga a la mayoría de la ciudadanía un sentimiento de orgullo nacional. El sentimiento de pertenencia, de vida con sentido, es un amplio común denominador. Esto, sin olvidar las serias divisiones internas en el marco de la intensa polémica entre el gobierno y quienes le exigen tomar responsabilidad por el horror del 7 de octubre.
El sentido profundo de Iom Haatzmaut va más allá de la soberanía nacional y la independencia del pueblo judío en su tierra ancestral. Es un abrazo a la victoria de la vida.
Para entenderlo, no tenemos que alejarnos mucho en los números del calendario. Hace tan solo unos días, el pueblo judío conmemoró Iom HaShoá, el Día recordatorio del Holocausto, y ayer, Iom HaZikaron, el Día recordatorio de los caídos en combate y las víctimas del terrorismo.
En el acto central de Iom HaShoá en Yad Vashem, detrás de los sobrevivientes que tras el horror vivido llegaron a la tierra de Israel y construyeron en ella una nueva vida productiva, había una guardia de honor de paracaidistas de las Fuerzas de Defensa de Israel, símbolo de defensa de la soberanía nacional, esa soberanía judía que si hubiera existido en la Segunda Guerra Mundial, quizás habría hecho imposible la hecatombe.
Es importante que esos jovencitos de boina roja y postura firme, escuchen lo que dicen esos adultos, en muchos casos ya realmente ancianos, que estuvieron allí, en el infierno, y lograron salir. También ellos son héroes.
Y es importante que esos sobrevivientes vean bien a esos jóvenes soldados, y se sepan seguros, que confirmen que el pasado no se olvida, pero es muy distinto del presente del pueblo judío, libre en su tierra milenaria.
Aún con sus diferencias internas, con los matices diversos que siempre le caracterizan, es indudable que el grueso del pueblo judío dondequiera que esté, ve en el Día de la Independencia de Israel un día de felicidad…así como ve en Iom Hashoa, una fecha negra y terrible de nuestro calendario histórico.
A nuestros ojos, estas fechas están ligadas .
No porque el Estado de Israel haya sido creado “por el Holocausto”-como alegan a veces algunos cometiendo un error histórico- ni tampoco porque haya sido creado a pesar del mismo, tal cual sostuvo siempre el experto en la historia de la Shoá, Profesor Yehuda Bauer.
Están ligadas no sólo en la memoria nacional judía sino en el mensaje de fondo.En el profundo significado de que un pueblo que sufrió una hecatombe como la Shoá, no se haya abocado a la venganza y el odio, sino a la creación y el renacimiento. Y ya recuperada la soberanía nacional hace 78 años, hubo que desarrollar el país, logrando Israel ubicarse en la primera línea mundial a pesar de las guerras y el terrorismo.
Una investigadora de la Shoa, historiadora, la Profesora Jana Jablonka, llama a los días que transcurren entre Iom Hashoá y Iom Haatzmaut de “aseret ieméi tshuvá”, los diez días arrepentimiento, pero en el sentido de análisis profundo, de estudio, de comprender la magnitud de la continuidad judía.
La fundación misma de Israel, en la que participaron también sobrevivientes del Holocausto, y más que nada, el aporte que estos hicieron a su vida y desarrollo, deja en claro que el espíritu está bien preservado. Es que la vida no es sólo lo opuesto a la muerte sino la mejor respuesta a la misma.
Y en ese péndulo tan duro entre la vida y la muerte, está el homenaje a los caídos en la defensa de Israel, a todos esos jóvenes y adultos que sabían que arriesgaban sus vidas luchando por el pueblo y la tierra. Y no dieron marcha atrás. No es una mera frase decir que ellos son el precio que se pagó para vivir con libertad. Los enemigos que no aceptaron la independencia del Estado judío en su tierra, le obligaron a destinar gran parte de sus energías a su defensa. Pero lo ha hecho siempre sin dejar de lado el desarrollo, la apuesta por el avance en la ciencia y la tecnología, así como por la creatividad cultural.
Son numerosos los desafíos aún por resolver en el plano interno. El más problemático y urgente es la necesidad de garantizar que toda la población judía se enrole, en la edad determinada por la ley, al servicio militar imprescindible para proteger a Israel, o al servicio nacional en aporte a la sociedad. Y también la gran minoría árabe debe hacer servicio en pro de la comunidad.
Debe ponerse fin al aumento de la intolerancia en el marco de las discusiones dentro de Israel. Y deben determinarse claramente las prioridades a nivel nacional para apoyar a los sectores y zonas que más han sufrido en las últimas guerras. Las grandes declaraciones altisonantes no alcanzan. Se necesita acción de gobierno. Para todo esto es imprescindible tener altura de miras y gran responsabilidad al manejar el destino del Estado judío , hoy independiente en su tierra ancestral.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(22 de Abril de 2026)
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