Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Jerusalem, un día de fiesta pero también de reflexión


Israel celebra esta semana un nuevo aniversario de la reunificación de Jerusalem. Fue un 8 de junio (de 1967) pero dado que se señalan las fechas oficiales de acuerdo al calendario hebreo, cada año cae en otra fecha. Y este año, es simbólico que sea justamente el 14 de mayo, víspera de la declaración de independencia de Israel en 1948.

Al cumplirse un nuevo aniversario de la reunificación de Jerusalem, nos duele saber que en realidad no está plenamente unida. Formalmente, Este y Oeste son parte del mismo territorio municipal, pero son dos mundos que no es seguro se puedan realmente juntar. No  pocos israelíes, precisamente por su amor a Jerusalem y por querer vivir en ella, quisieran ver a los barrios árabes separados, en su marco, sin tener que preocuparse por la tensión, los roces, la problemática política que cada tanto estalla, por las diferentes formas de vida que influyen en la rutina diaria y la mutua sospecha.

Pero el comentario con el que optamos por abrir estas líneas, no debe ser interpretado en términos absolutos, en negro o blanco.

Las diferencias existen y son notorias, pero al mismo tiempo, la normalidad de Jerusalem aún con sus contradicciones, es mucho mayor que lo que podría imaginar cualquiera que se guíe, desde lejos, únicamente por los titulares de la prensa internacional. Los cientos de miles de  árabes de la parte oriental, que tienen cédula israelí aunque no son ciudadanos sino residentes permanentes, si bien concentran en general su vida en la parte oriental, tienen libertad de movimiento en la ciudad toda y su presencia es notoria , por ejemplo, en centros comerciales muy concurridos. 

Aunque sea por esa dinámica que la vida impone y no por mutuo amor, el hecho es que árabes con kefía y mujeres con la cabeza cubierta, se cruzan constantemente con israelíes de diversos orígenes, religiosos de variados matices y quienes no lo son, en una normalidad diaria que no deja de impactar a quien no está acostumbrado. Y salvo extremistas despreciables que a veces se convierten en noticia-y los hay también del lado judío-la vida diaria transcurre con tranquilidad.

Día de fiesta decíamos, junto a la reflexión sobre los comentarios menos festivos que teníamos hoy para hacer.

Y sí, es fiesta, aunque la situación lejos esté de ser perfecta. Es fiesta porque antes de aquel emotivo 8 de junio de 1967 en el que los paracaidistas de las Fuerzas de Defensa de Israel irrumpieron a la Ciudad Vieja por la Puerta de los Leones, llegaron al Muro de los Lamentos, izaron la bandera con la Estrella de David y liberaron la Jerusalem ocupada por la Legión Arabe de Jordania, antes de todo eso….Jerusalem estaba dividida. Y fue una división impuesta por una guerra que Israel no quiso. Fue el ataque árabe en 1948 lo que dividió a Jerusalem.

Y por más que ahora nos enoje cuando algún jovencito irresponsable cree que honra a Jerusalem si al marchar con la bandera de Israel por la Ciudad Vieja provoca con burlas a árabes parados a un costado del camino, no podemos dejar de recordar que antes del 67, los judíos no podían ni acercarse a las murallas que ahora  son escenario de la tradicional marcha del Día de Jerusalem.

Y hay que recordar que eso de “Jerusalem árabe” , término con el que se presenta a menudo a Jerusalem oriental, también es producto de guerras que Israel no quería. Claro que la Ciudad Vieja está poblada mayormente por árabes….¡si todos los judíos fueron expulsados cuando Jordania ocupó parte de la ciudad en la guerra de Independencia de Israel!. Lo que quedó al Este de la línea de armisticio, y que pasó luego a gobierno israelí cuando Israel lo conquistó en 1967, se llamó por eso Jerusalem Este, simplemente por hallarse del otro lado de la línea separatoria. Una línea, que antes no existía…porque no había dos Jerusalem. Nunca hubo dos Jerusalem…hasta que Jordania atacó , ocupó parte y la controló hasta que Israel ganó en la guerra de los Seis Días. Y si el entonces Rey Hussein no hubiese disparado hacia Jerusalem en el 67, quizás Israel ni siquiera la habría conquistado.

Y para que en algún momento se pueda hallar una solución, hay que conocer también la historia. Y entre otras cosas, esto significa tener presente que el pueblo judío no es un extraño llegado a Jerusalem. No hay excavación en la zona que no deja en claro una y otra vez cuan milenaria es la presencia judía en la ciudad .

 Los palestinos suelen acusar a Israel de “judaizar” Jerusalem. Israel no lo necesita. Jerusalem es judía. Negarlo con mentiras y tergiversaciones, no ayudará por cierto a la paz.

 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(14 de Mayo de 2026)

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