Hace ya mucho se sabe que la intención de la organización terrorista Hamas cuando invadió Israel el 7 de octubre del 2023, iba mucho más allá de asesinatos masivos en el sur del país. Su intención era avanzar más hacia el norte y llegar inclusive al centro del país. Pero del estudio de parte de los documentos incautados por las Fuerzas de Defensa de Israel durante la guerra en la Franja de Gaza-aunque sea de una pequeñísima parte de las toneladas de papeles y archivos hallados- se desprende el objetivo verdadero en toda su dimensión: precipitar una situación que conduzca nada menos que a la destrucción del Estado de Israel. Y para ello, esperaban que se les sumen tanto Hezbolá como los otros proxies de Irán en la zona, los palestinos de Cisjordania (Judea y Samaria), árabes de países vecinos, árabes de Jerusalem Este e inclusive árabes ciudadanos de Israel. Este era uno de los propósitos centrales de la viralización de las imágenes del horror, de los videos que filmaron los terroristas de sus propios crímenes y su amplia difusión en las redes: la esperanza que eso “entusiasmaría” a los árabes y les convencería que les vale la pena sumarse al ataque “porque Israel está desplomándose”.
Así lo afirma de modo categórico el Profesor Daniel Sobelman del departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalem, especializado en conflicto y coerción, con énfasis en las relaciones estratégicas en Oriente Medio, que ha estudiado los documentos en cuestión.
¿Es correcto decir que Hamas logró sorprender a Israel con su plan? En la práctica, sí. Pero la realidad es que las intenciones de Hamas siempre fueron declaradas por sus líderes. Pero aquí el punto es que había muchos indicios de que se trataba de algo que iba mucho más allá de una ideología extremista fundamentalista. Las declaraciones de Hamas así como también de Hezbolá desde Líbano, no eran solamente la expresión de un sueño.Eran la expresión de un plan.
Por eso el Dr. Sobelman sostiene que es incorrecto decir que el 7 de octubre fue una gran falla y sorpresa de Inteligencia. El material que debería haber advertido, inclusive de numerosas fuentes abiertas, estaba allí, sólo había que interpretarlo debidamente y entender que estaban hablando en serio.
En mayo y junio del 2021, los líderes de Hamás Yahya Sinwar e Ismail Haniyeh declararon abiertamente y en tiempo real sus intenciones. Afirmaron textualmente que los enfrentamientos de ese año eran solo un "ensayo" para la próxima fase: la destrucción de Israel. Sinwar siempre hablaba en una terminología mesiánica, proyectando un cambio total en el mapa del Medio Oriente. Pero el material recopilado que debería haber sido enntendido de otra forma indicaba que ya en el 2020 y 2021 Hamás y Hezbolá afirmaban abiertamente estar formando grupos operativos para "liberar Palestina". La sorpresa en la prática fue terrible, pero las señales dramáticas estaban allí.
Los documentos analizados demuestran claramente que tanto Hamás como Hezbolá llegaron a la conclusión que la destrucción de Israel no era una utopía islámica a largo plazo, sino algo concreto y realizable en los próximos pocos años.
Basados en análisis como el famoso discurso de las "telarañas" de Hassan Nasrallah (que planteaba la fragilidad de la sociedad israelí), Hamás pasó de un enfoque de "resistencia defensiva" a una "estrategia ofensiva". La polarización interna en Israel les generó un nuevo sentido de urgencia para actuar .
La dimensión de la masacre y el hecho mismo que Hamas logró perpetrarla, que durante horas y horas ciudadanos clamaban espantados por ayuda y el Estado no se hizo presente, dejó serias secuelas en Israel. Evidentemente, lo primero y absolutamente irreversible fue el asesinado de cerca de 1200 personas, más de 800 de ellas civiles, incluyendo menores de edad, niños y bebés y también ancianos, y la caída de otros 900 soldados en la guerra desatada como reacción al 7 de octubre.
Pero hay otros efectos, traumas psicológicos y estratégicos con los que lidia hoy Israel como Estado y como sociedad.
El primer trauma es el 7 de octubre mismo, que en las palabras del ya citado Dr. Sobelman fue “el día más dramático y horroroso que ha vivido Israel desde su establecimiento; un "Holocausto de un solo día" donde la percepción general fue que el Estado estuvo ausente”.
El segundo trauma es el escenario existencial, pensar en lo que podría haber pasado. Israel comprendió que la situación podría haber sido diez veces peor aún. Si los árabes e Iràn hubieran conseguido coordinar simultáneamente un ataque a gran escala contra Israel, quizás ese día se habría puesto en duda la existencia de Israel. Y lo planteamos así porque nos cuesta escribir “quizás habría desaparecido” o dejado de existir como el Israel que conocemos hoy.
Y el tercer trauma es comprender que colapsó el concepto de la disuasión. Aunque no se lo admita abiertamente, en retrospectiva, se tiene que entender que el comportamiento de Israel en diferentes momentos a lo largo de varios años, no podía menos que ser interpretado por los enemigos como producto de que se sentía disuadido por ellos.
El Dr. Daniel Sobelman da un ejemplo concreto muy recordado en Israel. Seis meses antes del ataque, Hezbolá instaló una carpa militar 40 metros dentro de territorio soberano israelí e Israel no la tocó. Hezbolá había advertido que si la retiraban por la fuerza, habría una guerra total. En la práctica, al abstenerse de retirar por la fuerza esa carpa colocada como evidente prueba y provocación por Hezbolá dentro de territorio israelí, Israel parecía haber aceptado la evaluación que la guerra que estallaría por ello sería existencial y destructiva y que por eso paralizó su respuesta.
El resultado fue absolutamente destructivo y peligroso en términos del mensaje que se irradió. Nadie en la región iba a interpretarlo como un gesto que demostraba que Israel trata de limar asperezas y evitar enfrentamientos violentos sino como debilidad. Eso, siempre termina peor de lo que comenzó y con mucha más destrucción.
“Aquel incidente tuvo una consecuencia psicológica muy fuerte que se siente hasta hoy y que yo llamo el trauma de la retrospectiva”, afirma Sobelman. La premisa actual es: "Nunca más disuadidos" y de ahí deriva la determinación a dejar a todo el así llamado Eje de la Resistencia, encabezado por Irán y compuesto por todos los islamistas que rodean a Israel, especialmente Hamas en Gaza y Hezbolá en Líbano, sin "dientes estratégicos".
Tras el duro precio, los logros
Tras este análisis preocupante, que realmente subleva, es importante destacar el cambio en la situación. No en las intenciones de los enemigos pero sí en sus capacidades.
Aunque el conflicto sigue abierto y no se ha llegado al "día después", el mayor logro (aunque sea temporario) es que se desmanteló la estrategia de disuasión que el Eje de la Resistencia (Hamás, Hezbolá, Irán) había construido alrededor de Israel.
La posibilidad de otro 7 de octubre lanzado por Hamas es casi imposible hoy. Lo mismo aplica para Hezbolá desde el Líbano. Muchas aldeas fronterizas ya no existen (escenario similar a Gaza) porque Israel decidió destruir todos los sitios desde los que Hezbolá atacó a Israel y en los que se había instalado con infraestructura destinada a invadir la Galilea. “Hezbolá ya no está en posición de amenazar estratégicamente a Israel con una invasión masiva o la ocupación de ciudades del norte. Su recuperación militar les tomará muchos años”, afirma Sobelmn.
Esto no es el fin del odio anti israelí ni de la necesidad de estar alertas, pero saber que el enemigo ahora no puede concretar lo que quisiera, es clave para la vida de Israel. Lo central es no olvidarlo nunca.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(19 de Mayo de 2026)
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